Más del 98% de capacidad tras 2.000 ciclos: este ánodo de silicio y grafeno quiere revolucionar las baterías

Un nuevo ánodo de silicio y grafeno desarrollado con láser promete mejorar la durabilidad de las baterías de litio; mantiene su capacidad tras miles de ciclos; además abre la puerta a cargas más rápidas y procesos de fabricación más simples; un avance que podría impactar en los futuros coches eléctricos.

Más del 98% de capacidad tras 2.000 ciclos: este ánodo de silicio y grafeno quiere revolucionar las baterías

Publicado: 22/03/2026 08:00

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Un grupo de investigadores ha dado un paso interesante en el desarrollo de baterías para coches eléctricos. Han creado un nuevo tipo de ánodo de silicio y grafeno fabricado con láser que promete algo que hasta ahora parecía complicado: mantener una capacidad prácticamente intacta tras miles de ciclos de carga.

La clave está en que este nuevo material logra retener más del 98% de su capacidad después de 2.000 ciclos, lo que supone un salto importante frente a las soluciones actuales, incluso frente a la robustas celdas LFP.

Un nuevo enfoque para superar los límites de las baterías

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El silicio lleva tiempo sobre la mesa como alternativa al grafito en los ánodos de las baterías de litio. Sobre el papel, tiene mucha más capacidad, pero en la práctica arrastra problemas importantes: baja eficiencia, degradación estructural con el uso y dificultades en su preparación previa.

Para sortear estos obstáculos, un equipo de científicos ha desarrollado un proceso en un solo paso basado en láser. Este sistema permite sintetizar e integrar nanopartículas de silicio ya preparadas dentro de una matriz conductora de grafeno, todo de forma directa y sin procesos complejos.

Lo interesante es que el método funciona en condiciones ambientales normales y con materiales relativamente sencillos. Se parte de una mezcla de resina fenólica, nanopartículas de silicio y sales de litio. A partir de ahí, una irradiación láser rápida y de baja potencia genera calor y presión localizados, activando las reacciones necesarias.

El resultado es un material compuesto estable al aire, con una estructura tridimensional porosa de grafeno que actúa como soporte conductor. En su interior, las partículas de silicio quedan protegidas por una fina capa de silicato de litio, formando una estructura tipo núcleo-corteza.

Este diseño no es casual. Uno de los grandes problemas del silicio es que se expande y contrae durante los ciclos de carga, lo que acaba degradando el material. Aquí, la estructura porosa del grafeno actúa como amortiguador, absorbiendo esos cambios de volumen y evitando el deterioro prematuro.

Además, el uso de sales de litio comunes —como hidróxido, carbonato o nitrato— simplifica el proceso y evita recurrir a materiales más complejos o reactivos, lo que abre la puerta a una producción más asequible.

Más capacidad, carga rápida y mayor durabilidad

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En las pruebas realizadas, los resultados han sido bastante llamativos. Este nuevo ánodo ha logrado mantener más del 98% de su capacidad tras superar los 2.000 ciclos de carga, con una degradación prácticamente despreciable frente a ánodos tradicionales sin este tratamiento.

En términos de rendimiento, alcanza capacidades superiores a 1.700 mAh por gramo, con una eficiencia inicial por encima del 97%. Traducido a la práctica, esto significa baterías más eficientes desde el primer uso y con menor pérdida de energía en cada ciclo.

Otro punto fuerte es la velocidad de carga. El sistema ha demostrado ser capaz de trabajar a intensidades muy elevadas, manteniendo hasta el 63% de su capacidad incluso en condiciones de carga muy rápida. Esto lo convierte en un candidato interesante para aplicaciones donde el tiempo es clave, como los coches eléctricos.

La estabilidad a largo plazo también es destacable. A lo largo de miles de ciclos de carga y descarga, el material mantiene un comportamiento consistente, lo que sugiere una vida útil significativamente superior a la de muchas soluciones actuales.

Pero no se queda ahí. Los investigadores también han demostrado que este método es escalable. Han conseguido fabricar electrodos de hasta 20 centímetros de longitud, lo que apunta a una posible producción en cadena mediante sistemas continuos, similares a los utilizados en la industria actual.

En pruebas con celdas completas que utilizan cátodos de fosfato de hierro y litio, las baterías no mostraron pérdidas medibles de capacidad tras 500 ciclos a una tasa estándar. Es decir, no solo funciona en laboratorio, sino que empieza a demostrar su viabilidad en configuraciones reales.

Fuente | Link.springer

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