El cambio silencioso: las flotas de empresa se pasan al coche eléctrico

Durante años, el coche de empresa ha sido algo más que un medio de transporte. En muchas compañías ha funcionado como símbolo de estatus, como incentivo laboral o incluso como una forma discreta de marcar diferencias dentro de la organización.

El cambio silencioso: las flotas de empresa se pasan al coche eléctrico
Los coches electricos comienzan a comerle terreno a los de combustión como co

Publicado: 23/05/2026 08:00

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Esa idea se está desdibujando. Y no por una cuestión de imagen, sino por algo mucho más simple: los números: una encuesta reciente en Alemania, con unos 1.000 profesionales, muestra una fotografía bastante clara: las empresas ya no eligen coche por prestigio, sino por coste real de uso.

Cuando el coche de empresa deja de ser un “premio”

El cambio silencioso: las flotas de empresa se pasan al coche eléctrico
Los coches eléctricos ya empatan con la gasolina en las flotas de empresa: el cambio silencioso que casi nadie está viendo

Según el estudio, el 79% de los empleados lo percibe simplemente como una herramienta de trabajo. Algo necesario para desplazarse, visitar clientes o cubrir rutas, sin ningún componente aspiracional.

Solo una minoría lo sigue viendo como un beneficio “extra” o un símbolo de estatus. En la práctica, el coche de empresa ha pasado de ser un premio a ser una pieza más de la operativa diaria. El 45% de las decisiones se basan en el coste total de uso, el 42% en el mantenimiento y la eficiencia operativa, y menos del 9% en el hecho de estrenar modelo nuevo.

Las empresas ya no buscan coches llamativos. Buscan coches que no compliquen la cuenta de resultados. Y ahí llega el dato más relevante del estudio: cuando se pregunta por el tipo de propulsión preferido en futuras flotas, el resultado es prácticamente un empate: el 46% apuesta por eléctricos y otro 46% por gasolina. Si se incluyen híbridos, la electrificación (eléctricos + híbridos) ya alcanza el 59%. El diésel, mientras tanto, sigue perdiendo terreno, y el híbrido se consolida como puente para muchas empresas que aún no han dado el salto completo.

Otro cambio importante está en cómo se asignan los coches dentro de las compañías. En el 56% de los casos depende del puesto, en el 35% del nivel jerárquico y solo en un 9% de negociación individual.

El coche deja de ser un elemento flexible o simbólico. Se convierte en una herramienta asignada por función. Detrás de todo esto aparece el mismo concepto: el coste total de propiedad. No solo importa lo que cuesta comprar el coche, sino lo que cuesta mantenerlo en marcha, cargarlo o repostarlo, repararlo y tenerlo parado. En ese terreno, el coche eléctrico empieza a competir de tú a tú en muchos escenarios, especialmente en trayectos urbanos o rutas predecibles.

La diferencia es que aquí no gana la narrativa, ni la imagen, ni la moda. Ganan los números. Por eso este cambio es tan relevante: porque no viene impulsado por la emoción, sino por la contabilidad. Un movimiento silencioso que ya está en marcha y que, antes o después, terminará llegando al mercado particular.

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