El coche volador eléctrico que ha sobrevolado un Cybertruck: la idea del futuro empieza a tomar forma

Durante años, hablar de coches voladores era casi sinónimo de ciencia ficción. Algo que siempre estaba “a décadas de distancia”, como esos prototipos que nunca terminaban de salir del laboratorio.

Pero ahora, esa imagen empieza a cambiar.

El coche volador eléctrico que ha sobrevolado un Cybertruck: la idea del futuro empieza a tomar forma
Model A sobrevolando un Cybertruck en una de sus pruebas de vuelo

Publicado: 24/05/2026 09:00

5 min. lectura

La startup californiana Alef Aeronautics ha publicado un nuevo vídeo de su prototipo Model A, un vehículo eléctrico capaz de circular por carretera y despegar en vertical. En la grabación, el coche despega, gana altura y llega a sobrevolar un Tesla Cybertruck en movimiento.

Lo importante es que no es una animación ni un render. Es un prototipo real en pruebas.

Un coche que no solo conduce: también despega

El Model A pertenece a una nueva categoría de vehículos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL), pensados para combinar conducción tradicional con vuelo a baja altura.

En la demostración que ha compartido la compañía, el proceso es bastante simple de entender, casi sorprendentemente fluido: el vehículo circula por carretera como cualquier coche eléctrico, se detiene y despliega su capacidad de vuelo, despega en vertical en pocos segundos, se eleva y sobrevuela un Tesla Cybertruck en marcha, continúa en el aire durante un tramo corto de prueba.

No hay maniobras espectaculares ni efectos exagerados. Es un vuelo corto, controlado, casi contenido. Pero suficiente para cambiar la conversación. Porque por primera vez, un coche volador deja de ser solo una promesa.

Detrás del proyecto no hay una ocurrencia reciente. Alef Aeronautics lleva más de una década desarrollando distintas versiones del concepto, con una evolución constante del diseño y la ingeniería.

La empresa asegura haber realizado más de 1.000 pruebas de vuelo con sus prototipos, algo que la sitúa entre los proyectos más avanzados dentro del sector de movilidad aérea personal.

También ha conseguido atraer inversión de figuras conocidas del ecosistema tecnológico, como Tim Draper, uno de los primeros inversores en compañías como Tesla, lo que ha ayudado a dar visibilidad al proyecto.

Más allá del impacto visual, lo realmente relevante está en el plano regulatorio. El Model A ha obtenido una certificación especial de aeronavegabilidad por parte de la FAA en Estados Unidos, un paso necesario para cualquier vehículo que quiera operar dentro del espacio aéreo civil.

Esto no significa que el coche pueda usarse libremente como un medio de transporte cotidiano. Significa, más bien, que puede empezar a realizar pruebas dentro de un marco controlado y supervisado.

Alef Aeronautics ya ha trazado una hoja de ruta bastante clara para los próximos años: primeras unidades de fabricación artesanal a corto plazo, pruebas en entornos controlados, escalado progresivo de producción a partir de 2027, posibles programas de formación para usuarios.

El objetivo no es solo construir un coche que vuele, sino definir una nueva categoría de transporte que combine carretera y aire en un mismo vehículo.

Si este tipo de tecnología llega a consolidarse, el impacto iría mucho más allá del sector del automóvil.

Habría que replantear cómo se regula el tráfico aéreo urbano, qué tipo de licencias serían necesarias, cómo se organizarían los espacios de despegue y aterrizaje o incluso cómo se integraría este sistema con la infraestructura eléctrica. En el fondo, no se trataría solo de un nuevo vehículo, sino de una expansión del propio concepto de movilidad.

El Model A sigue estando lejos de convertirse en un producto de uso cotidiano. Hoy es, sobre todo, un prototipo avanzado que busca validar que esta idea puede existir fuera de los vídeos conceptuales.

Pero la imagen de un coche eléctrico volando sobre un Cybertruck no es solo un gesto llamativo. Es también una señal de hacia dónde empieza a mirar parte de la industria: más allá del asfalto. Y aunque el camino todavía es largo, esta vez el salto ya no es teórico.

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