
Los concesionarios de Stellantis piden a Bruselas frenar el ritmo de la transición al coche eléctrico
Los concesionarios de Stellantis han pedido a Bruselas más flexibilidad en los objetivos de emisiones por cuestiones como la caída de ventas y la presión competitiva que llega desde China, y que indican, ponen en riesgo la viabilidad de muchas redes.

Después de meses escuchando a la dirección de Stellantis advertir sobre el impacto de las normas europeas de CO₂ en su rentabilidad, ahora el ruido llega desde abajo. Y no es un detalle menor. Esta vez no han sido los despachos los que han levantado la voz, sino los propios concesionarios del grupo, que han decidido escribir directamente a Ursula von der Leyen para pedir un respiro en la aplicación de los objetivos de emisiones.
El movimiento es poco habitual y, precisamente por eso, significativo. Las asociaciones europeas de distribuidores de Stellantis han solicitado a la presidenta de la Comisión Europea una mayor flexibilidad en el calendario de reducción de emisiones de CO₂. No cuestionan el objetivo final de cero emisiones. De hecho, aseguran respaldarlo. Pero advierten de que el ritmo impuesto desde Bruselas no encaja ni con la demanda real del mercado ni con la situación económica que atraviesa el sector.
El mensaje va más allá de un simple debate técnico. Lo que están diciendo los concesionarios es que, con las ventas todavía lejos de los niveles previos a la pandemia y con la presión competitiva disparada, asumir al mismo tiempo fuertes inversiones en electrificación se está volviendo muy complicado. Y aquí es donde empieza a verse la factura de una estrategia que en los últimos años ha apostado por vender menos unidades, pero con mayores márgenes, mientras la transición al coche eléctrico avanzaba sin parar.
Redes tensionadas tras dos años en retroceso

El mercado europeo sigue aproximadamente un 15% por debajo de los niveles anteriores a la crisis del COVID. Esa caída sostenida de volúmenes ha reducido márgenes y ha puesto contra las cuerdas la tesorería de muchos concesionarios. Y en paralelo, las nuevas exigencias regulatorias obligan a invertir en instalaciones, puntos de recarga, formación específica para el coche eléctrico y una gestión de inventario mucho más compleja.
El problema, según los distribuidores, es que la demanda de coches eléctricos no crece al mismo ritmo en todos los países. Hay mercados donde el impulso es claro, pero en otros la evolución es mucho más lenta. Y mientras tanto, el fabricante exige objetivos de ventas cada vez más ambiciosos para cumplir con Bruselas y evitar sanciones.
A esto se suma la creciente presión de las marcas chinas, que están desembarcando en Europa con precios muy competitivos y estructuras más ligeras. Sin el peso de una herencia industrial compleja ni redes sobredimensionadas, pueden ajustar márgenes y moverse con mayor agilidad. Para los concesionarios tradicionales, que arrastran costes fijos elevados, la comparación es dolorosa.
La combinación de menores volúmenes y mayor competencia es explosiva. Los distribuidores advierten de que, si no hay cierta flexibilidad, podrían producirse cierres de cientos de concesiones o corto plazo, con el consiguiente impacto en el empleo y en la cobertura de servicio en determinadas regiones. Algo que afectará a los nuevos pero también a los viejos clientes.
Un debate que ya no es solo de despachos

Stellantis ya ha provisionado 500 millones de euros para hacer frente a posibles sanciones relacionadas con los objetivos de emisiones de 2025. Una cifra que da idea de la magnitud del desafío. Y no es el único grupo que ha mostrado inquietud ante el calendario europeo.
Desde Bruselas se ha anunciado un paquete de medidas para reforzar la competitividad de la industria, incluyendo iniciativas relacionadas con el contenido local en los coches eléctricos. Sin embargo, la presentación detallada de ese plan se ha ido retrasando en varias ocasiones, lo que aumenta la sensación de incertidumbre en el sector.
Y aquí es donde la estrategia de “vender menos y ganar más” por la que apostaron los grupos europeos después de la pandemia empieza a mostrar sus nefastos resultados a medio y largo plazo. En un contexto de menor volumen, apostar por márgenes altos puede funcionar mientras la demanda acompaña. Pero cuando el mercado vuelve a la normalidad, y la competencia aprieta, especialmente desde Asia, la falta de una apuesta decidida y coherente por el coche eléctrico pasa factura.
Que sean los concesionarios quienes escriban directamente a la presidenta de la Comisión Europea es una señal clara de que la tensión ha llegado al terreno. No es solo una cuestión de balances o de previsiones a cinco años. Es el día a día de empresas que ven cómo se estrechan sus márgenes, aumentan sus obligaciones y no siempre encuentran clientes al otro lado del mostrador.
Y es que con la actual dinámica, la cuestión es si habrá o no cierres de concesionarios, sino cuántos y cuándo. Mientras tanto, los grupos chinos siguen acelerando su implantación en Europa aprovechando la miopía de los directivos que se han centrado en los bonus a corto plazo quemando el futuro de sus compañías.



