Europa ya teme escasez de diésel y gasolina a partir de abril

La petrolera anglo-holandesa Shell ha lanzado esta semana un aviso claro sobre posibles tensiones energéticas en Europa en cuestión de semanas por culpa de la crisis en Oriente Medio. Esta amenaza el suministro de combustibles, como el diésel, que en pocas semanas puede llegar a un momento crítico lo que tensará los mercados y elevará los costes.

Europa ya teme escasez de diésel y gasolina a partir de abril
Wael Sawan, CEO de Shell

Publicado: 25/03/2026 08:30

5 min. lectura

Según los analistas de Shell, Europa podría empezar a notar problemas de suministro energético en cuestión de semanas si la situación en Oriente Medio no se estabiliza. El mensaje llegó desde Houston, durante el encuentro CERAWeek organizado por S&P Global, donde su consejero delegado, Wael Sawan, dejó claro que el problema ya no es una hipótesis lejana.

Según recoge Reuters, el aviso no apunta tanto a una falta inmediata de petróleo como a algo más concreto y más preocupante a corto plazo: los combustibles ya procesados. El foco está puesto en el queroseno, el diésel y, algo más adelante, la gasolina. Productos clave para el transporte, la industria y el día a día que podrían empezar a escasear si las tensiones actuales se mantienen.

El estrecho de Ormuz vuelve a encender las alarmas

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Uno de los puntos críticos de esta situación es el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del planeta para el transporte de energía. Por ahí pasa aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado que se mueve en todo el mundo, una cifra que da una idea clara de lo que está en juego.

Las perturbaciones en esta zona, ya sea por daños en infraestructuras o por problemas en el tráfico marítimo, están teniendo un efecto dominó. Primero se ha notado en Asia, especialmente en el sur y el sudeste, pero Europa aparece como el siguiente eslabón de la cadena. Y no dentro de mucho: según las previsiones que maneja el sector, el impacto podría hacerse visible a partir de abril.

De hecho, Alemania ya ha dejado caer que podría enfrentarse a problemas de suministro energético entre finales de abril y mayo. No es una advertencia menor, teniendo en cuenta el peso de su economía dentro de Europa y su dependencia energética en determinados sectores.

El escenario es especialmente delicado porque coincide con un momento en el que la demanda empieza a crecer de forma natural. Más desplazamientos, más actividad económica ligada al turismo y, en general, un mayor consumo de combustibles. Si la oferta se resiente justo ahora, el equilibrio puede romperse con rapidez.

La energía vuelve a ser una cuestión estratégica

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Todo esto encaja con un cambio de fondo que se está viendo en el debate energético global. Durante los últimos años, la conversación giraba principalmente en torno a la descarbonización, las energías renovables o la electrificación —incluido el avance de los coches eléctricos—. Pero la realidad geopolítica ha vuelto a imponer sus prioridades.

Las tensiones internacionales, los conflictos y la fragilidad de algunas rutas clave han devuelto al primer plano conceptos como la resiliencia del sistema energético, la diversificación de fuentes o la capacidad de reacción ante crisis de suministro. En otras palabras, la energía vuelve a entenderse como un asunto estratégico de primer nivel.

En este contexto, las grandes compañías del sector están empezando a mover ficha. Shell, por ejemplo, ha dejado entrever que está revisando sus planes de inversión. Entre las opciones que estudia figura el desarrollo de nuevos proyectos de petróleo y gas en Venezuela, una posibilidad que dependerá del marco legal y fiscal, pero que refleja claramente hacia dónde se está moviendo el mercado.

La lógica detrás de estos movimientos es sencilla: abrir nuevas fuentes de suministro para reducir la dependencia de zonas inestables. Porque si algo ha quedado claro en los últimos años es que el mercado energético global es cada vez más sensible a cualquier sobresalto geopolítico.

Mientras tanto, Europa se prepara para un posible escenario de tensión en el suministro en pleno arranque de la temporada alta. Y aunque todavía no hay una crisis declarada, el aviso de Shell deja claro que el margen de maniobra es cada vez más estrecho.

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