Más diésel que coches eléctricos: la paradoja que hunde a la industria alemana

Las ventas de coches diésel caen con fuerza en Europa, pero los grandes fabricantes alemanes siguen dependiendo de él. Una estrategia cada vez más difícil de justificar cuando el mercado cambia claramente de rumbo que amenaza el futuro próximo de los principales grupos germanos.

Más diésel que coches eléctricos: la paradoja que hunde a la industria alemana

Publicado: 08/01/2026 11:16

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Hay datos que, por sí solos, ya deberían provocar preocupación. Y luego está el caso de Alemania. Diez años después del escándalo del diésel, con el mercado europeo girando de forma clara hacia otras tecnologías, principalmente híbridos y con tendencia hacia los eléctricos, pero los tres grandes fabricantes alemanes siguen vendiendo más coches diésel que coches eléctricos. No es una opinión, es una fotografía incómoda del presente.

Mientras en Europa el diésel se desangra sin remedio, en Alemania parece resistirse a morir. Según los últimos datos, menos de uno de cada diez turismos matriculados en los nueve primeros meses de 2025 montaba un motor diésel. Un desplome histórico si se compara con el pasado reciente: en 2020 todavía representaban cerca del 27% del mercado. En apenas cinco años, el diésel ha pasado de ser una opción dominante a convertirse en una tecnología residual.

La causa principal es conocida por todos. El escándalo del diésel de 2015 no solo destapó la manipulación de emisiones, también rompió la confianza de millones de compradores. Desde entonces, el discurso ha cambiado, las normativas se han endurecido y las ciudades han empezado a poner límites claros a este tipo de motores. El resultado era previsible: cada vez menos europeos quieren un diésel.

Más diésel que coches eléctricos: la paradoja que hunde a la industria alemana

Sin embargo, lo verdaderamente llamativo es que los grandes fabricantes alemanes siguen apostando por él, incluso cuando el mercado manda señales claras en otra dirección. Volkswagen, BMW y Mercedes continúan colocando más unidades diésel que coches eléctricos, algo difícil de justificar cuando el resto del continente avanza, con mayor o menor decisión, hacia la electrificación.

La paradoja es todavía mayor si se analiza el perfil del comprador. El diésel se vende, sobre todo, a conductores de alto kilometraje: comerciales, profesionales, usuarios que recorren decenas de miles de kilómetros al año. Precisamente el tipo de conductor que más dinero podría ahorrar con un coche eléctrico, gracias a unos costes de uso muy inferiores y a un mantenimiento mucho más sencillo. Y aun así, se les sigue empujando hacia una tecnología en claro retroceso.

Aquí es donde la estrategia de la industria alemana chirría. Por un lado, reconocen públicamente que el diésel está perdiendo peso y que su futuro es limitado. Por otro, siguen produciendo y promocionando modelos diésel como si nada hubiera cambiado, retrasando la transición y enviando un mensaje confuso al mercado. No es solo una cuestión tecnológica, es un problema de visión.

diesel

Mientras tanto, otros fabricantes europeos y asiáticos están acelerando con fuerza en el coche eléctrico. No sin errores, no sin tropiezos, pero con una hoja de ruta clara. En Alemania, en cambio, da la sensación de que se intenta estirar el diésel hasta el último momento, aunque las cifras demuestren que la demanda se hunde año tras año.

El argumento habitual es conocido: que el coche eléctrico todavía no está preparado para todos los usos, que la infraestructura es insuficiente, que los clientes no lo tienen claro. Excusas cada vez menos convincentes cuando las ventas de coches eléctricos crecen en la mayoría de mercados europeos y cuando los problemas reales están más relacionados con el precio y la estrategia comercial que con la tecnología en sí.

También hay una cuestión de responsabilidad. El escándalo del diésel no fue un accidente aislado, sino el síntoma de un modelo agotado. Seguir apostando por él, una década después, transmite la sensación de que no se han aprendido del todo las lecciones del pasado. Y eso es especialmente grave en un momento en el que la industria necesita recuperar credibilidad y liderar el cambio, no resistirse a él.

Alemania ha sido históricamente el motor del automóvil europeo. Precisamente por eso, su inmovilismo actual resulta tan preocupante. El mercado ya ha hablado: el diésel cae por debajo del 10% y seguirá bajando. La pregunta no es si desaparecerá, sino cuándo, y cuáles serán las consecuencias.

Fuente | Handelsblatt

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