Europa se rompe por el futuro del automóvil: coches eléctricos o motores de combustión

La industria europea del automóvil atraviesa uno de sus momentos más delicados y el Parlamento Europeo reclama medidas urgentes; sin embargo, los partidos discrepan sobre el papel que deben jugar los coches eléctricos y los motores de combustión; mientras Bruselas busca reforzar la producción europea, el debate sobre el futuro del sector continúa abierto.

Europa se rompe por el futuro del automóvil: coches eléctricos o motores de combustión

Publicado: 08/07/2026 10:02

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La crisis que atraviesa la industria europea del automóvil preocupa cada vez más en Bruselas, y no es para menos. Después de años de pasotismo total con el coche eléctrico y las nuevas tecnologías, ahora la expansión de los coches eléctricos y los grupos chinos está desplazando a los grupos europeos de su propio mercado. Ante este panorama, que llevamos más de una década avisando, el Parlamento Europeo coincide en que es urgente actuar para evitar un mayor deterioro de un sector estratégico que ya ha perdido cientos de miles de empleos y que sigue enfrentándose a un escenario especialmente complicado.

El problema es que para salir de esta crisis, Europa se divide en dos opciones: o abrazar el futuro que es el coche eléctrico y autónomo, o frenarlo e intentar esturar el chicle del motor de combustión hasta la última gota.

Durante el debate parlamentario, prácticamente todos los grupos políticos mostraron su preocupación por la situación de los fabricantes europeos. Entre las causas de esta pérdida de competitividad señalaron el crecimiento de las ventas de modelos chinos en el mercado europeo, capaces de ofrecer precios muy competitivos, así como el impacto de algunas normativas comunitarias, que según varios representantes estarían colocando a los fabricantes europeos en una posición de desventaja frente a sus rivales internacionales.

El debate sobre el futuro de los motores de combustión sigue abierto

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Los partidos conservadores y de la derecha más dura defendieron que prohibir los motores de combustión supondría un duro golpe para la industria europea. En su opinión, acelerar la transición tecnológica sin tener en cuenta la situación del sector podría comprometer todavía más el empleo y la capacidad industrial del continente.

El comisario europeo de Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné, fue especialmente contundente al describir la situación del sector. Según explicó, la industria europea del automóvil atraviesa un momento crítico y necesita una respuesta inmediata. Por ello, pidió al Parlamento que apruebe cuanto antes el paquete de medidas propuesto por la Comisión Europea para reforzar la competitividad de los fabricantes.

Entre las iniciativas planteadas figura una medida destinada a impulsar la producción europea. La propuesta contempla que los coches eléctricos adquiridos por las administraciones públicas procedan de fabricantes europeos, hayan sido ensamblados dentro de la Unión Europea y, preferiblemente, incorporen componentes fabricados también en territorio comunitario.

En cuanto a la prohibición de 2035, los parlamentarios han aprobado que en lugar de impedir completamente la comercialización de vehículos con motor térmico, la normativa exigirá que los modelos nuevos reduzcan sus emisiones de CO₂ en un 90% respecto a los niveles registrados en 2021, dejando abierta la puerta a distintas soluciones tecnológicas para cumplir ese objetivo.

Opinión

Una posición del Parlamento Europeo de estirar la vida de los motores de combustión difícil de defender a la vista de la evolución del mercado. Y es que a casi 10 años de la entrada en vigor de la prohibición de la venta de coches con motor de combustión en Europa, hay mercados que ya han superado el 50% de ventas, Noruega, Dinamarca, Suecia...y algunos más grandes en volumen ya superan el 20%, como Alemania, Francia. Eso en plena expansión de la tecnología y con la llegada de una generación de coches más baratos que acelerará la implantación. ¿Como estará el mercado en 10 años? No es difícil intuirlo.

El principal problema es que con su desidia y falta de visión, Europa no solo no ha invertido suficiente y con acierto en el sector de los coches, sino que no ha hecho los deberes en otros tan o más importantes como es el software, la conducción autónoma y sobre todo, las baterías. Un componente esencial que procede casi en su totalidad de China, que ha creado un ecosistema difícil de competir, y del que en mayor o menor medida dependen todos los fabricantes europeos.

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