
Por qué España debería aprender de Francia y adoptar un leasing social de coches eléctricos
Francia ha completado con éxito la segunda edición de su leasing social, dirigido a facilitar la adopción de la tecnología eléctrica para las familias de bajos ingresos. ¿A qué espera España a adoptar un modelo así?

En Europa, hemos asistido en los últimos años a un sinfín de movimientos estratégicos para potenciar (o no) el coche eléctrico. A nivel comunitario, hemos presenciado hace poco cómo la UE se echaba atrás en su plan por prohibir los motores de combustión a partir del 2035, a la par que impulsaba una nueva categoría de coches eléctricos, pequeños y asequibles.
Por países, las ayudas públicas a la compra de este tipo de vehículos siempre han sido denominador común, aunque de forma muy diferente. En nuestro país vecino, en Francia, han hecho siempre las cosas de forma que se intentaba pensar primero en lo suyo, en su industria y, en extensión, en la industria europea. Así lo han hecho con las subvenciones estatales, en las que se miraba con lupa la procedencia de los vehículos, su huella climática… lo que en la práctica dejaba fuera de juego, por ejemplo, a los coches procedentes de China, a diferencia de Alemania.
Pero si por algo se ha caracterizado Francia es por su apuesta por un innovador programa de leasing social. Se trataba de dar acceso a miles de conductores franceses a la movilidad eléctrica a precios muy razonables. A partir de 99 euros al mes, un francés con una renta limitada podía acceder a tener a su garaje un vehículo eléctrico con el que completar sus trayectos diarios al trabajo.

Recientemente, el gobierno francés dio por asignados los 50.000 coches de la segunda partida de leasing social, demostrando que el programa iniciado hace un par de años fue, y es, todo un éxito. Un espejo en el que otros países han querido mirarse, aunque sea de boquilla. Países como el nuestro, España, o Alemania, han dicho o han sugerido la necesidad de implantar un programa de estas características.
Francia es el modelo a seguir y así se ha demostrado con las ventajas que ha traído en estos últimos años para el país galo. Primero para sus ciudadanos, ya que el programa ha estado siempre destinado a familias con bajos ingresos: estas, que tienen que residir en territorio francés, debían acreditar una renta fiscal inferior a 15.400 euros por unidad familiar.
La clave estaba en la cuota que estos debían pagar cada mes tras firmar contratos de 36 meses, incluyendo en la mayoría de los casos el mantenimiento y la asistencia. Por ejemplo, por 95 euros al mes, se podía acceder a un FIAT Grande Panda o un Citroën ë-C3 You; por 99 euros mensuales, a un Hyundai INSTER; por 120 euros al mes, a un Renault 5 o un Peugeot e-208 Allure; y como máximo, se podían pagar 199 euros al mes por un Alfa Romeo Junior Speciale o 200 euros mensuales por un Peugeot e-308 Style.
Unas cuotas muy por debajo de las que se ofrecen en cualquier sistema de renting convencional, lo que abre las puertas a la movilidad eléctrica a los que, en un primer momento, tendrían más complicado comprar un coche eléctrico y que dependen además del vehículo en su día a día. Por ello, eso sí, estas familias deben asegurarse recorrer más de 8.000 kilómetros al año como condición por motivos laborales o vivir a más de 15 kilómetros del lugar de trabajo.

Se ha comprobado que casi la mitad de los beneficiarios son familias procedentes de los tres deciles de ingresos más bajos. Más de la mitad de ellos, además, viven en zonas rurales, donde el acceso de los vehículos eléctricos es más complicado por la poca presencia de cargadores públicos en comparación con las principales vías y las ciudades. Y alrededor del 30 por ciento de las familias, en este caso, viven en zonas donde la calidad del aire es deficiente.
Y no podemos negar el impacto que tiene una medida así en la industria local. Aunque sean "solo" 50.000 coches los implicados en el programa, en Francia han conseguido que un tercio de los vehículos involucrados sean de fabricación francesa. El resto, procede de otros países europeos, siguiendo la misma política que al conceder las ayudas públicas a la compra.
Así pues, el programa de leasing social en Francia debería servir nuevamente de espejo para nuestro país, y más a partir del próximo año cuando tengamos en las fábricas de Volkswagen en Martorell y en Navarra la producción de los primeros urbanos eléctricos del Grupo VW. Un programa de leasing social como el francés tendría un impacto directo en la política industrial nacional, estimulando el empleo local y ayudando a abrir las puertas del coche eléctrico a familias que no se lo pueden permitir.



