
El Renault R5 desborda la demanda y obliga a producir día y noche en Douai
El Renault R5 se ha convertido en uno de los mayores éxitos recientes de la marca, superando todas las previsiones iniciales. Su demanda ha obligado a la fábrica de Douai a producir sin descanso y a reforzar plantilla. Ahora el reto es mantener el equilibrio y no estropear la fórmula.

Renault ha conseguido algo que esperaba, pero que probablemente no se atrevía a dar por seguro. El nuevo Renault R5 se ha convertido en uno de esos raros casos de éxito casi inmediato, hasta el punto de poner contra las cuerdas a toda la cadena industrial. En 2025, el utilitario ha arrasado en el mercado francés y ha obligado a la planta de Douai a funcionar sin descanso para poder atender los pedidos.
El impacto ha sido tan grande que la fábrica ha tenido que acelerar su transformación a marchas forzadas. Hoy salen de sus líneas cerca de 900 coches eléctricos al día, en su inmensa mayoría R5. Un ritmo que no admite errores, porque cualquier retraso se traduce en meses de espera para unos clientes que ya han demostrado tener mucha paciencia… pero no infinita.
El Renault R5 pone la fábrica al límite
En un mercado cada vez más competitivo, el Renault R5 ha logrado colocarse como el coche eléctrico más vendido en Francia, por delante incluso del Tesla Model Y, que se ha tenido que conformar con la segunda posición. Apenas un año después de su lanzamiento, la producción acumulada superó las 100.000 unidades el pasado mes de noviembre, una cifra que dentro de la propia marca nadie se atrevía a pronosticar.
En España se ha colocado el pasado año en quinta posición, con 4.123 unidades matriculadas, pero con la armada china amenazando por detrás con un importante crecimiento.
En Douai, donde se fabrica, el efecto ha sido inmediato. La planta trabaja a pleno rendimiento y, aunque allí también se ensamblan modelos como el Alpine A290, el Nissan Micra —su gemelo técnico— o los Renault Scénic y Renault Mégane E-Tech, el R5 concentra todas las miradas. No es para menos: representa cerca de dos tercios de la producción total del centro.
La presión es enorme. Hay que producir más y más rápido, pero sin comprometer la calidad. Un equilibrio complicado cuando hay clientes esperando su coche desde hace meses y cualquier fallo puede traducirse en un problema de imagen para un modelo que, hasta ahora, lo estaba haciendo casi todo bien.
Más manos para no perder el ritmo

Para sostener este nivel de producción hacen falta personas, muchas personas. Renault se ha visto obligada a crear un turno de noche con unas 600 personas, algo que no se improvisa de la noche a la mañana. La búsqueda de operarios cualificados ha sido intensa y, en algunos casos, poco convencional.
Ante la urgencia, el grupo ha recurrido incluso a trabajadores desplazados temporalmente desde su planta de Córdoba, en Argentina, donde la carga de trabajo es menor. Además, se ha reforzado la plantilla con trabajadores temporales procedentes de Marruecos y con refugiados ucranianos y afganos, ampliando así el abanico de perfiles disponibles.
Esta situación no será algo puntual. Renault ya ha confirmado que el refuerzo de plantilla continuará en el tiempo, con la firma prevista de 700 contratos indefinidos en el complejo de ElectriCity, consolidando así el impacto positivo del R5 también en el empleo local.
El Renault R5 ha demostrado que hay espacio para un coche eléctrico compacto, atractivo y con precio razonable. Ahora la pelota está en el tejado de la marca. Esperemos que Renault sepa aprovechar esta oportunidad para convertir al R5 en su modelo más vendido, y no termine enterrándolo con subidas de precio, versiones mal planteadas o una estrategia de equipamientos errática que diluya todo lo conseguido hasta ahora, tal como ha pasado anteriormente con modelos como el ZOE.



