
¿Cambiar la batería a los 5 años? Este Tesla con casi 10 años desmonta esa idea
Las baterías de los coches eléctricos siguen generando dudas entre muchos conductores; sin embargo, las pruebas reales y los datos muestran que estos miedos están infundados; un ejemplo es este Tesla Model S con casi diez años y uso intensivo que ha sido analizado para ver el estado de su batería.

Las baterías de los coches eléctricos siguen siendo, sin fundamentos, uno de los grandes argumentos de sus detractores. Todavía hay quien piensa que un coche eléctrico necesitará cambiar el pack a los cinco o seis años. Pero la realidad está demostrando justo lo contrario, y cada vez hay más ejemplos que desmontan ese discurso.
Uno de los casos más llamativos llega desde Malasia, donde se ha puesto a prueba un Tesla Model S 75 de 2017 que el año que viene cumplirá unos redondos 10 años a su espalda. El objetivo era comprobar cuánto había degradado su batería tras una década y 116.000 kilómetros recorridos. El resultado deja claro hasta qué punto han evolucionado los coches eléctricos modernos, y eso que este Tesla no es precisamente de los más modernos.
Para conocer el estado real del pack se utilizó un test independiente de Aviloo, una empresa especializada en diagnósticos de baterías. El procedimiento consiste en conectar un dispositivo al coche, cargarlo al 100% y posteriormente conducirlo hasta bajar al 10% de carga en condiciones normales de uso.
Durante ese proceso se registran parámetros como temperatura, voltajes, resistencia interna o comportamiento de las celdas. Después, los datos se envían a la nube para elaborar un informe independiente sobre la salud de la batería. Una metodología mucho más precisa que simplemente leer la cifra que ofrece el sistema de gestión del propio coche.
Un Tesla Model S con casi diez años mantiene el 83% de su capacidad

El resultado del análisis mostró que el Tesla Model S todavía conserva un 83% de su capacidad original. Traducido a autonomía, significa pasar de los 414 kilómetros WLTP homologados cuando era nuevo a unos 344 kilómetros actuales.
Puede parecer una pérdida importante sobre el papel, que lo es para los pocos kilómetros que lleva acumulados, pero hablamos de un coche con casi diez años, más de 116.000 kilómetros y además con un detalle especialmente interesante: su propietario utilizó carga rápida de forma masiva durante prácticamente toda su vida útil.
Según explica el informe, alrededor del 90% de las recargas se realizaron mediante cargadores rápidos en corriente continua. Habitualmente el coche se cargaba desde un 20% o 30% hasta aproximadamente el 80% o 90%. Una rutina que muchos consideran especialmente agresiva para la batería.
La razón es sencilla. Esta unidad pertenecía a una flota del programa de leasing de Tesla en Malasia y contaba con acceso gratuito de por vida a la red de Supercargadores de la marca. Desde la apertura de las primeras estaciones en el país, el propietario prácticamente ha circulado siempre utilizando electricidad gratuita.
A pesar de ello, el deterioro del pack ha sido relativamente contenido. Un ejemplo que vuelve a demostrar que las baterías modernas no tienen nada que ver con las de los primeros híbridos o incluso con las de dispositivos electrónicos como los teléfonos móviles, donde la degradación suele ser mucho más rápida.
Además, no hay que olvidar que muchos fabricantes ofrecen actualmente garantías de ocho años para sus baterías, mientras que algunas marcas ya han ampliado esa cobertura hasta los diez años. Algo que refleja la confianza de la propia industria en la durabilidad de esta tecnología.
La degradación existe, pero está muy lejos del desastre que muchos anuncian

Por supuesto, todas las baterías pierden capacidad con el paso del tiempo y los kilómetros. Es algo inevitable. Pero los datos reales que estamos viendo en coches eléctricos con varios años y cientos de miles de kilómetros indican que el deterioro suele ser mucho más lento de lo que muchos imaginaban hace apenas una década.
En el caso del Tesla Model S probado, conservar un 83% tras casi diez años significa que el coche sigue siendo perfectamente válido para el día a día e incluso para viajar, y es que la pérdida de capacidad se compensa con la expansión de la red de carga rápida.
También es importante señalar que las tecnologías de refrigeración y gestión térmica han avanzado enormemente. Los primeros coches eléctricos sufrían mucho más con las temperaturas extremas y con la carga rápida continuada. Hoy los sistemas son mucho más sofisticados y capaces de proteger mejor las celdas.
No deja de ser "un caso aislado" pero el goteo de estos es cada vez más grande y nos dibuja un escenario donde el cliente de este Tesla podrá tener su coche 10 o 20 años sin mayores problemas, ayudando en el camino a desmontar uno de los grandes mitos alrededor del coche eléctrico.


