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Lo que Europa necesita para cumplir con los objetivos de CO2: 22.000 puntos de recarga nuevos ¡a la semana!

La expansión del coche eléctrico es una realidad, a pesar de la desaceleración de la demanda en los últimos meses y al paso atrás de varios fabricantes de retrasar sus planes de electrificación total. Una de las barreras, más allá del precio de este tipo de vehículos aquí en Occidente, sin duda es la infraestructura de recarga.

Ya venimos diciendo desde hace muchos años que en España se necesita un impulso enorme no solo para que la transición al coche eléctrico sea más factible para el consumidor, sino también para cumplir con los objetivos de reducción de CO2 que impone Europa.

Pero es que precisamente en el Viejo Continente las cosas no van igualmente bien y presenta un fuerte desequilibrio en lo que a infraestructura de puntos de recarga se refiere. «Necesitamos políticas e incentivos inteligentes», asegura Sigrid de Vries, directora general de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), que pone su firma en Euroactiv.com para analizar la situación actual a este respecto.

El 61% de los puntos de recarga públicos en Europa se concentra únicamente en 3 países. Grafico: ACEA.

Según los datos actuales, en Europa hay unos 630.000 puntos de recarga públicos, cuando se necesitan 3,5 millones para el año 2030 para poder cumplir el objetivo de reducción de CO2 del 55% en automóviles y furgonetas para esa fecha. Sin embargo, según las estimaciones que se reconocen desde la Comisión, en realidad se necesitarían 8,8 millones de puntos de recarga.

Si se quiere cumplir al menos con el objetivo previsto, Europa debe instalar una media de 22.000 puntos cada semana. Algo que parece casi imposible de alcanzar, sobre todo cuando en todo el pasado 2023 se crearon ‘solo’ 150.000 nuevos puntos de carga, lo que nos deja una media de menos de 3.000. Sobra decir, como reconoce de Vries, que Europa está «muy atrasada en el despliegue de estaciones de carga públicas».

Las cifras son también preocupantes cuando vemos que casi dos tercios de los puntos de carga existentes ya en la UE apenas se concentran en tres estados miembros: Países Bajos, Francia y Alemania, con 144.000, 120.000 y 119.000 respectivamente Existe un enorme problema de desequilibrio, con dos niveles diferenciados entre los países más ricos de Europa occidental a la cabeza (no incluyas a España en esta lista), y el resto en Europa central y oriental. Bélgica (44.000) e Italia (41.000) le siguen en el Top 5, pero muy lejos; en el otro lado de la moneda, Croacia, Estonia, Letonia, Chipre y Malta son los países a la cola en número de puntos de carga, según datos de ACEA.

Europa necesita políticas más ambiciosas en cuanto a infraestructura de recarga para coches eléctricos.

«Este desequilibrio amenaza el principio fundacional de cohesión de la UE y corre el riesgo de crear disparidades en la forma en que los ciudadanos pueden participar y beneficiarse de la transición verde. Necesitamos mejores políticas para incentivar esa expansión», asegura la máxima responsable de ACEA, que pone el ejemplo de cómo las regiones con mayor proporción de coches eléctricos son también los que tienen el mayor número de puntos de recarga por cada 1.000 habitantes y por cada 10 km de carretera.

Pero además, de Vries apunta a otros problemas más alejados del aspecto social, y son los obstáculos que se encuentran los operadores a la hora de realizar la instalación de estas infraestructuras. «La red eléctrica nunca fue diseñada para manejar una carga tan concentrada», apuntando también a un problema bien conocido en España, y son las «engorrosas y largas» esperas a que se certifiquen y se abran estas instalaciones.

Cada vez hay más puntos de recarga públicos, pero son menos fiables

«Las compañías eléctricas también deben participar en la transición», asegura, apuntan también a las energías renovables y al coste necesario hasta el 2030: 240 mil millones de euros. «El 80% de los estados miembros de la UE no ofrecen ningún incentivo para el desarrollo o instalación de infraestructura», y eso reduce las posibilidades de que los operadores encuentren márgenes y retorno de inversión interesantes. Aun así, la construcción de infraestructuras se ha multiplicado por seis desde el 2017, pero como acabamos de ver, todavía no es suficiente.

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