
Alemania cerró sus centrales nucleares y ahora convierte algunas en gigantescas baterías de respaldo
Alemania está dando una segunda vida a algunos de los emplazamientos de sus antiguas centrales nucleares; las conexiones eléctricas existentes los convierten en lugares especialmente interesantes para instalar grandes sistemas de almacenamiento; varios proyectos ya están en marcha y anticipan el enorme crecimiento que tendrán las baterías en la red alemana

Alemania cerró su última central nuclear en abril de 2023, culminando un proceso de abandono de la energía atómica que se había acelerado después de Fukushima. Una decisión que todavía hoy genera debate en el país y que para sus críticos se tomó demasiado rápido, especialmente porque el desarrollo de las alternativas no avanzó al mismo ritmo y luego llegó lo de Ucrania. Ahora, algunas de aquellas instalaciones están encontrando una segunda vida muy diferente: convertirse en enormes sistemas de almacenamiento de electricidad.
El motivo es bastante sencillo. Las antiguas centrales nucleares no solo disponían de reactores, turbinas y sistemas de refrigeración. También están situadas en puntos estratégicos de la red eléctrica y cuentan con conexiones de muy alta capacidad que costaría años y mucho dinero reproducir desde cero. Eso las convierte en emplazamientos especialmente interesantes para instalar grandes baterías capaces de almacenar electricidad cuando sobra y devolverla a la red cuando hace falta.
El movimiento está ganando velocidad en Alemania. Uno de los ejemplos más recientes es el proyecto anunciado por Vattenfall en Brunsbüttel, donde la compañía acaba de tomar la decisión definitiva de inversión para construir una instalación de 254 MW y 1.000 MWh en el emplazamiento de la antigua central nuclear. Está previsto que entre en funcionamiento a finales de 2028 y utilizará la conexión existente con la red de 380 kV.

No es un caso aislado. En Gundremmingen, RWE está construyendo otra gran instalación de almacenamiento con 400 MW de potencia y 700 MWh de capacidad, aprovechando igualmente la conexión a la red de la antigua central nuclear. La puesta en funcionamiento está prevista para 2027 y la inversión ronda los 230 millones de euros.
Y en Philippsburg el proceso es todavía más llamativo. En el lugar donde funcionaron dos reactores nucleares, EnBW está construyendo una batería de 400 MW y 800 MWh. El proyecto comenzó sus obras en 2026 y está diseñado para almacenar electricidad procedente principalmente de la energía eólica y solar y devolverla al sistema cuando sea necesario.
La lógica detrás de estos proyectos es precisamente una de las grandes contradicciones de la transición energética alemana. El país ha apostado con enorme intensidad por la energía solar y eólica, pero ambas tienen un problema evidente: producen electricidad cuando hay sol o viento, no necesariamente cuando la demanda es más elevada.
Ahí es donde las baterías empiezan a ganar protagonismo. En lugar de desperdiciar parte de la electricidad renovable cuando existe un exceso de producción, los grandes sistemas de almacenamiento pueden absorberla y devolverla posteriormente. También pueden reaccionar en cuestión de milisegundos ante cambios en la red, ayudando a mantener estable el sistema eléctrico.

Alemania está acelerando este proceso después de varios años en los que el almacenamiento a gran escala avanzó más lentamente. Según Fraunhofer ISE, la capacidad de los grandes sistemas de baterías pasó de 2,3 a 3,7 GWh durante 2025, mientras que el conjunto de sistemas de almacenamiento instalados en el país se acercó a los 25 GWh. Sus modelos apuntan además a una necesidad de entre 100 y 170 GWh de almacenamiento para 2030, dependiendo del escenario.
La reutilización de las antiguas centrales tiene además una ventaja evidente. Un estudio de Fraunhofer ISE concluye que los emplazamientos de antiguas centrales convencionales y nucleares pueden ser especialmente adecuados para instalar almacenamiento a gran escala precisamente porque ya disponen de conexiones eléctricas de elevada capacidad. Según este análisis, este tipo de reutilización podría cubrir hasta el 65% de las necesidades de almacenamiento de Alemania en 2030.
El caso de Isar 2 demuestra que esta tendencia continúa creciendo. En septiembre de 2026 se han presentado planes para instalar una batería de hasta 900 MW en el emplazamiento de la antigua central nuclear bávara, acompañada además de un centro de datos. El lugar resulta especialmente atractivo por su conexión con la red y por la posibilidad de utilizar la infraestructura eléctrica existente para integrar nueva generación renovable.
Por tanto, resulta tentador hablar de las antiguas centrales nucleares alemanas como gigantescas baterías de respaldo, aunque técnicamente hay una diferencia importante. Una batería no genera electricidad como hacía una central nuclear. Su función es desplazar electricidad en el tiempo y proporcionar flexibilidad al sistema. Puede ser fundamental para compensar las variaciones de la solar y la eólica, pero necesita que exista previamente electricidad que almacenar.
Esto tampoco elimina la necesidad de otras tecnologías capaces de proporcionar energía durante periodos prolongados de poca producción renovable. Las baterías actuales son especialmente útiles para gestionar las variaciones de unas horas, mientras que para cubrir varios días con poco viento y poca generación solar serán necesarias otras soluciones, además de una red eléctrica mucho más potente y flexible.
Aun así, el cambio resulta llamativo. Los mismos emplazamientos que durante décadas fueron algunos de los principales puntos de generación eléctrica de Alemania están empezando a convertirse en nodos de almacenamiento, aprovechando conexiones que siguen siendo extremadamente valiosas aunque los reactores hayan dejado de funcionar.
Para un país que decidió cerrar definitivamente sus centrales nucleares en 2023, la imagen tiene una cierta ironía. Alemania está desmontando los reactores, pero en algunos de esos mismos lugares está construyendo ahora enormes instalaciones capaces de almacenar electricidad y devolverla a la red cuando sea necesaria.
El resultado final todavía está por ver. Pero si la expansión de las baterías continúa al ritmo actual, estos antiguos centros nucleares pueden terminar desempeñando un papel importante en el nuevo sistema eléctrico alemán. No como sustitutos directos de la energía nuclear, sino como grandes almacenes de electricidad para una red cada vez más dominada por el sol y el viento.


