
654 km de autonomía y un consumo de 6,89 kWh/100 km: así es el Volkswagen Mission Efficiency
Volkswagen vuelve a experimentar con la eficiencia extrema con un nuevo prototipo basado en la tecnología del ID. Polo; su carrocería busca reducir al mínimo la resistencia al aire y demuestra hasta dónde puede llegar un coche eléctrico cuando se prioriza el consumo; el proyecto recupera además el espíritu del mítico XL1, que en su momento fue un proyecto mediático, pero una completa pérdida de tiempo y recursos.

Volkswagen ha recuperado una de sus obsesiones más particulares para demostrar que, en un coche eléctrico, no todo consiste en instalar una batería cada vez más grande. El nuevo Volkswagen Mission Efficiency es un prototipo de cuatro plazas desarrollado sobre la base técnica del futuro ID. Polo que lleva la aerodinámica hasta un extremo poco habitual y que ha conseguido unos consumos que, al menos sobre el papel, resultan sorprendentes.
La idea recuerda inevitablemente al Volkswagen XL1, aunque esta vez la marca alemana traslada aquella filosofía al coche eléctrico. El objetivo no es crear simplemente un ejercicio de diseño para un salón del automóvil, que también, sino demostrar cuánto puede reducirse el consumo utilizando tecnología que, en buena parte, procede de modelos de producción. De hecho, Volkswagen ha llevado el Mission Efficiency desde su centro de desarrollo en Wolfsburg hasta Viena para comprobar qué ocurre cuando se abandona el laboratorio y se sale a carretera.
El recorrido, de 1.278,36 kilómetros, atravesó Alemania, Polonia y República Checa antes de llegar a la capital austríaca. La velocidad media fue de 67,72 km/h, con una velocidad máxima de 138 km/h, y el consumo registrado fue de 6,89 kWh/100 km sin contabilizar las pérdidas durante la recarga. Si se incluyen esas pérdidas, la cifra quedó en 7,51 kWh/100 km. El dato resulta especialmente llamativo porque durante todo el trayecto solamente fue necesario realizar una recarga.
Al llegar a Viena, el ordenador de a bordo todavía mostraba una autonomía restante de 164 kilómetros. Volkswagen también ha realizado una prueba todavía más favorable, en condiciones consideradas ideales, donde el Mission Efficiency consiguió reducir el consumo hasta 6,48 kWh/100 km circulando a velocidad constante de 68 km/h, sin pendientes y con elementos como el climatizador desconectados.
Aerodinámica llevada al extremo sobre la base del ID. Polo

La clave de este resultado está en una carrocería que tiene poco que ver con la de un automóvil convencional. El Volkswagen Mission Efficiency utiliza una característica forma de gota que busca que el aire se desprenda de la carrocería de la manera más limpia posible. El techo cae progresivamente hacia la parte posterior y la carrocería también se estrecha a medida que avanza hacia atrás.
El resultado es un coeficiente aerodinámico de 0,158, una cifra que Volkswagen sitúa como récord entre los coches homologados para circular por carretera. La marca ha trabajado también en detalles aparentemente menores, pero que tienen un efecto acumulativo, como los tiradores de las puertas integrados en la carrocería, las ruedas traseras parcialmente carenadas y unas entradas de aire delanteras que pueden abrirse o cerrarse de forma activa.
El Mission Efficiency es además bastante más largo y bajo que el ID. Polo sobre el que se inspira. Volkswagen ha reducido su altura en 14 centímetros y ha aumentado la longitud en 72 centímetros para conseguir esa silueta tan particular. La anchura del eje trasero también se ha reducido en 17 centímetros, una solución que contribuye a estrechar la parte posterior y a mejorar el flujo de aire.

Hay una contrapartida evidente. La pronunciada caída del techo hace que las dos plazas traseras no sean adecuadas para personas de más de 1,60 metros de altura. Es decir, estamos ante un 2+2 más que ante un coche familiar convencional. A cambio, el maletero alcanza unos sorprendentes 481 litros, una cifra que demuestra que Volkswagen no ha buscado únicamente reducir el tamaño del vehículo hasta convertirlo en una especie de laboratorio con ruedas.
El planteamiento también tiene algo de homenaje al XL1. Aquel modelo, presentado inicialmente como prototipo y posteriormente producido en una serie muy limitada, llevaba la eficiencia hasta un extremo todavía mayor en términos de sacrificios para sus ocupantes. El Mission Efficiency intenta hacer algo diferente: mantener una carrocería extremadamente aerodinámica pero con cuatro plazas y un nivel de practicidad considerablemente superior.
Bajo esa carrocería se encuentra tecnología procedente de la arquitectura MEB+, la misma base sobre la que se construyen modelos como el ID. Polo y el ID. Cross. Volkswagen utiliza en este caso tracción delantera y un motor eléctrico de 135 CV, lo que demuestra que para conseguir un consumo extremadamente bajo no hace falta recurrir a cifras de potencia especialmente elevadas.

La batería tiene una capacidad neta de 54,9 kWh y es de tipo NMC. Volkswagen anuncia para el prototipo una autonomía de 654 kilómetros, aunque el dato más interesante no es tanto esa cifra como la cantidad de kilómetros que pueden obtenerse de cada kWh. El propio recorrido entre Wolfsburg y Viena deja claro que una batería relativamente contenida puede ofrecer una autonomía muy elevada cuando el consumo se mantiene en niveles tan bajos.
Aquí está precisamente una de las enseñanzas más interesantes del proyecto. Una batería de 100 kWh permite conseguir mucha autonomía, pero también añade peso, coste y consumo. El Mission Efficiency intenta recorrer el camino contrario: reducir primero la energía necesaria para mover el coche y después dimensionar la batería.

El prototipo también incorpora celdas solares en el techo para alimentar el sistema eléctrico del vehículo. La potencia instalada alcanza los 370 W, una cifra que evidentemente no permite mover el coche por sí sola, pero que puede ayudar a alimentar determinados sistemas y reducir ligeramente la energía que debe salir de la batería.
Otro elemento llamativo es el sistema de frenado parcialmente eléctrico. En el eje delantero se mantiene un sistema hidráulico convencional, mientras que en el trasero se utiliza un sistema electromecánico. Además de reducir peso y ocupar menos espacio, esta solución permite controlar con mayor precisión el reparto de frenada y combinarlo con la recuperación de energía.
El resultado es un coche que, sobre el papel, consigue algo bastante más interesante que simplemente presumir de una cifra de autonomía. Volkswagen está demostrando que la eficiencia puede ser una alternativa a instalar baterías gigantescas. Y eso tiene implicaciones directas para los futuros coches eléctricos de la marca.
Opinión, ¿una pérdida de tiempo?

A pesar de todo, el Mission Efficiency no llegará al mercado, a diferencia del XL1. Será un ejercicio de aprendizaje para llevarlo a los modelos de producción. Y ahí es donde el proyecto empieza a tener sentido. Volkswagen puede aprovechar soluciones aerodinámicas, materiales, gestión térmica, frenada regenerativa y otros elementos en vehículos mucho más convencionales.
Y es que todos saben que menos es más. Menos peso, menos rozamiento aerodinámico, supone más autonomía. Pero habitualmente los fabricantes no aplican esta máxima en sus lanzamientos caracterizados por su diseño SUV, o parecido.
La eficiencia debe ser una de las prioridades, y es lo que nos indica Volkswagen con un proyecto del que esperábamos más, como un modelo comercial y de diseño mucho más "normal" que finalmente ha dado como resultado otro "dibujito" del que apenas se sacará nada en el aspecto práctico. Una pérdida de tiempo y recursos en un momento crítico para el grupo europeo que al mismo tiempo trabaja en el cierre de planta y el despido de cientos de miles de trabajadores por la caída de sus ventas.


