
BYD quiere liderar la conducción autónoma total con una promesa inédita: asumir la responsabilidad de los accidentes durante un año
BYD ha presentado el Xuanji A3, el primer chip chino de 4 nm para conducción autónoma L3 y L4 producido en masa; además, la marca asumirá durante un año los accidentes causados por su sistema God’s Eye; una estrategia que busca acelerar la conducción inteligente en toda su gama.

BYD se acaba de marcar un "sujétame el cubata" en toda regla con uno de los pasos más importantes de su historia tecnológica con la presentación del Xuanji A3, el primer chip de conducción inteligente de 4 nanómetros desarrollado y producido en masa de forma autónoma en China.
La compañía asegura que este nuevo procesador está preparado para funciones de conducción autónoma de nivel L3 y L4, y será la base de la próxima generación de vehículos autónomos de la marca, incluidos futuros robotaxis. El anuncio no llega solo: BYD también ha confirmado que asumirá durante un año la responsabilidad total de cualquier accidente causado por su sistema de navegación urbana “God’s Eye”, una decisión sin precedentes que muestra hasta qué punto la marca quiere transmitir confianza en su tecnología.

El nuevo Xuanji A3 ha sido diseñado para integrarse completamente con los algoritmos propios de BYD, permitiendo duplicar la tasa de utilización de la potencia de cálculo frente a generaciones anteriores. Aunque cada chip ofrece unos 700 TOPS de capacidad computacional —una cifra similar a Nvidia Drive Thor—, BYD destaca que tres unidades trabajando conjuntamente alcanzan más de 2.100 TOPS. Además, el sistema será compatible con LiDAR de más de 1.000 líneas, cámaras HDR y cámaras infrarrojas de onda larga, configurando un ecosistema de sensores mucho más avanzado que el utilizado actualmente en muchos modelos rivales.
BYD quiere llevar la conducción autónoma avanzada incluso a sus coches más baratos

El verdadero movimiento estratégico de BYD no está solo en la potencia del chip, sino en cómo pretende desplegarlo. Wang Chuanfu, presidente de la compañía, confirmó que todos los modelos de la marca podrán equipar el sistema DiPilot 300 “God’s Eye B” basado en LiDAR, incluso los vehículos más asequibles, mediante una opción adicional de unos 1.770 dólares en China.
El objetivo es claro: democratizar la conducción avanzada y acelerar la transición hacia un tráfico sin accidentes, una meta que BYD ya menciona abiertamente como uno de sus grandes objetivos industriales.

La presentación también deja claro que la batalla tecnológica entre fabricantes chinos está entrando en una nueva fase. XPeng, NIO o Li Auto ya desarrollan sus propios chips de conducción inteligente, pero BYD quiere aprovechar su enorme integración vertical y su experiencia en semiconductores para controlar tanto el hardware como el software de sus futuros vehículos.
Y además lo hace acompañando la tecnología con algo todavía más importante para el consumidor: asumir riesgos legales y económicos que hasta ahora casi ningún fabricante estaba dispuesto a aceptar. Una señal de que la conducción autónoma empieza a dejar de ser una simple función experimental para convertirse en una herramienta comercial real.


