China corta las exportaciones de gasolina y diésel y amenaza con disparar el precio del combustible en Europa

Aunque en Europa ya estamos notando la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, la cosa puede ir a peor en las próximas semanas. Esta mañana, China ha pedido a sus mayores refinerías suspender las exportaciones de gasolina y diésel ante la escalada del conflicto en el Golfo Pérsico. La decisión busca proteger el suministro interno frente a posibles interrupciones del petróleo.

China corta las exportaciones de gasolina y diésel y amenaza con disparar el precio del combustible en Europa

Publicado: 05/03/2026 10:00

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El conflicto en el Golfo Pérsico empieza a tener consecuencias mucho más amplias de lo que parecía hace apenas unos días. Y es que además de las terribles pérdidas humanas, ahora tendremos que sumar una de las decisiones más contundentes que acaba de llegar desde Pekín.

El gobierno chino ha pedido a las mayores refinerías del país que suspendan las exportaciones de diésel y gasolina, una medida preventiva ante el riesgo de interrupciones en el suministro de petróleo procedente de Oriente Medio.

Según fuentes cercanas a la decisión, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma —el principal organismo de planificación económica de China— se reunió con los responsables de las principales refinerías del país para comunicarles verbalmente una orden clara: detener de inmediato los envíos de combustibles refinados al exterior.

La petición incluye no firmar nuevos contratos de exportación y además intentar renegociar o incluso cancelar los envíos que ya estaban acordados. Es decir, el objetivo es cerrar el grifo lo antes posible para priorizar el consumo interno.

La única excepción afecta a determinados combustibles destinados a aviación y transporte marítimo que se encuentran almacenados en depósitos aduaneros, además de algunos suministros destinados a Hong Kong y Macao.

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La decisión de Pekín no llega por casualidad. El conflicto en el Golfo Pérsico se ha intensificado tras los recientes ataques militares de Estados Unidos e Israel durante el pasado fin de semana, lo que ha provocado una interrupción casi total del tráfico de petróleo en la región.

El Golfo es una de las zonas energéticas más importantes del planeta. Y China depende enormemente de esa región: casi la mitad del petróleo que importa procede de allí. Esto incluye prácticamente todos los cargamentos de crudo procedentes de Irán.

Ante este escenario, el gobierno chino ha optado por un movimiento defensivo. Prefiere garantizar el suministro interno antes que mantener su presencia en los mercados internacionales de combustibles refinados.

Aunque China posee uno de los mayores sistemas de refino del mundo, gran parte de su producción está orientada al consumo doméstico. Aun así, sigue siendo un actor relevante en el comercio internacional.

De hecho, dentro de Asia China es el tercer mayor exportador de combustibles por vía marítima, solo por detrás de Corea del Sur y Singapur. Por detrás quedan países como Malasia, Taiwán, Japón, Brunéi o Tailandia.

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Las principales compañías implicadas en esta medida son gigantes energéticos como PetroChina, Sinopec, CNOOC, Sinochem y el refinador privado Zhejiang Petrochemical. Todas ellas reciben periódicamente cuotas de exportación otorgadas por el propio gobierno.

El problema es que la situación energética en Asia se está deteriorando rápidamente. Con el flujo de petróleo desde el Golfo prácticamente paralizado, varias refinerías de la región han comenzado ya a reducir su actividad o directamente suspender exportaciones.

Países como Japón, India o Indonesia están tomando medidas similares, intentando proteger sus reservas de combustibles ante la incertidumbre que rodea al conflicto.

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Aunque la decisión de China se centra en Asia, sus consecuencias pueden sentirse con fuerza en Europa. El mercado global del petróleo y de los combustibles refinados funciona como un sistema interconectado. Si uno de los grandes exportadores reduce su presencia, el equilibrio global cambia inmediatamente.

Y China, aunque no sea el mayor exportador, sí aporta millones de toneladas de combustible al mercado internacional cada año. Si esas exportaciones desaparecen de forma repentina, la oferta global se reduce y los precios tienden a subir.

Europa es especialmente vulnerable a este tipo de situaciones. El continente importa una parte muy importante del petróleo y de los combustibles que consume, y además todavía depende enormemente de la gasolina y del diésel para el transporte.

Si la tensión en Oriente Medio continúa y Asia empieza a retener combustible para su propio consumo, Europa se enfrentará a una imparable nueva subida de los precios de los carburantes. Un escenario que ya se ha visto en otras crisis energéticas: menos oferta global, más competencia entre regiones y, como resultado, un aumento rápido en el precio del combustible en las gasolineras.

Un nuevo ejemplo de que la enorme e irresponsable dependencia energética de Europa puede ponernos de rodillas en cualquier momento por movimientos geopolíticos externos. Algo que debe hacer reflexionar de una vez de la urgente necesidad de electrificar el transporte, y no solo coches, sino transporte pesado, mercancías y larga distancia. Algo que los políticos europeos no se han tomado en serio, con medidas cosméticas de pequeño calado.

Este artículo trata sobre...

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