El inesperado movimiento de Mercedes-Benz que busca su sitio en la nueva era eléctrica pero preocupa a sus empleados

Mercedes ha realizado un movimiento que denota un trasfondo mucho más importante del que aparenta. Ha vendido su red de concesionarios en Berlín a un grupo canadiense; miles de trabajadores temen cambios laborales y más ventas en Alemania. Un movimiento que tendrá lugar en otras ciudades y que demuestra que algo está cambiando en el gigante germano.

El inesperado movimiento de Mercedes-Benz que busca su sitio en la nueva era eléctrica pero preocupa a sus empleados

Publicado: 13/05/2026 13:00

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Mercedes-Benz ha iniciado un movimiento que está generando bastante tensión dentro de su red comercial en Alemania. El fabricante alemán ha vendido todos los concesionarios de su división Berlín-Brandeburgo a un grupo inversor canadiense, una operación que muchos trabajadores ven como el principio de una transformación mucho más profunda dentro de la compañía.

Detrás de la compra se encuentra el empresario Kuldeep Billan, fundador de Alpha Auto Group, integrada dentro del grupo internacional Global Auto Holdings. Aunque oficialmente la operación afecta de momento solo a Berlín, dentro de Mercedes ya se habla de futuras ventas en regiones como Hamburgo, Múnich o Rhein-Ruhr. Según distintas fuentes internas, el objetivo sería desprenderse de buena parte de la red propia en Alemania en menos de cuatro años.

La noticia ha caído como un jarro de agua fría entre los trabajadores. Muchos empleados recibieron la comunicación directamente por correo electrónico, algo que ha aumentado todavía más el malestar interno. En total, unos 8.000 empleados repartidos en 82 instalaciones podrían verse afectados por este proceso de venta y reorganización.

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Uno de los aspectos que más preocupa a la plantilla son las condiciones laborales futuras. Algunos trabajadores aseguran que se les ha ofrecido una indemnización de unos 30.000 euros más varios meses de salario si deciden abandonar la empresa. Para muchos empleados veteranos, algunos con casi tres décadas dentro de Mercedes, la propuesta resulta claramente insuficiente.

Los que permanezcan en la compañía tendrían garantizado su empleo únicamente durante un año. Después, podrían llegar nuevos contratos bajo las condiciones del nuevo propietario, algo que abre la puerta a posibles reducciones salariales, cambios de horarios o aumento de carga de trabajo. Por ahora tampoco está completamente claro cómo afectará el cambio a los convenios colectivos actuales.

Mercedes, por su parte, intenta rebajar la tensión asegurando que el mantenimiento de los acuerdos laborales forma parte del proceso negociado con los representantes sindicales desde el verano de 2024. Sin embargo, entre los trabajadores sigue existiendo bastante incertidumbre sobre lo que ocurrirá una vez finalice ese periodo inicial de garantía.

Detrás de todo esto hay un cambio estratégico mucho más grande. Mercedes lleva años impulsando un proyecto denominado “Distribución del Futuro”, con el que pretende reducir el peso del modelo tradicional de concesionario y avanzar hacia una estructura mucho más centralizada y digitalizada.

La idea del fabricante es controlar más directamente las ventas, reducir costes y adaptar su negocio a un mercado cada vez más digital. Pero el proceso no está siendo precisamente sencillo. Hace apenas unos meses abandonó la compañía Steffen Schulze, uno de los responsables clave del nuevo modelo comercial de Mercedes para turismos y furgonetas en Alemania.

Y aquí aparece una cuestión importante que afecta a toda la industria. La transición hacia el coche eléctrico no solo está cambiando las fábricas o las cadenas de suministro. También está transformando completamente la forma de vender coches. Los eléctricos necesitan menos mantenimiento, menos revisiones y generan menos ingresos en posventa, algo que obliga a los fabricantes a replantear el papel tradicional de los concesionarios.

Detrás de este movimiento están unas cifras de 2025 que fueron muy preocupantes. Los resultados reflejaron el impacto de la competencia en China y las tensiones comerciales globales con un beneficio neto que sufrió una caída drástica del 48,8%, situándose en 5.331 millones de euros. Los ingresos por su parte bajaron un 9,2% hasta los 132.200 millones de euros, mientras que la gran joya, el margen de rentabilidad, cayó al 5% (comparado con niveles superiores al 12% en años previos).

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