Los reactores nucleares SMR prometían una revolución, pero la realidad empieza a ser muy distinta

Los pequeños reactores modulares, SMR, llevan años presentándose como una de las grandes esperanzas para relanzar la energía nuclear; sin embargo, los proyectos reales avanzan mucho más despacio de lo esperado; mientras tanto, otras tecnologías energéticas están creciendo a un ritmo muy superior y cambiando rápidamente el equilibrio del sistema eléctrico mundial.

Los reactores nucleares SMR prometían una revolución, pero la realidad empieza a ser muy distinta

Publicado: 30/09/2026 10:43

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La energía nuclear vuelve a ocupar titulares y cada vez son más los gobiernos que hablan de nuevas centrales, reactores de nueva generación y pequeños reactores modulares como una de las vías para garantizar el suministro eléctrico durante las próximas décadas. Sobre el papel, estos últimos prometen instalaciones más pequeñas, una construcción más sencilla y la posibilidad de fabricar buena parte de sus componentes de forma modular.

Sin embargo, cuando se mira lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno, la fotografía resulta bastante menos espectacular. El nuevo World Nuclear Industry Status Report 2026 muestra que los reactores modulares todavía están lejos de protagonizar el despliegue que se había anunciado, mientras otras tecnologías energéticas están aumentando su generación a un ritmo mucho mayor.

El caso más avanzado dentro de los países occidentales se encuentra en Canadá, donde Ontario Power Generation está construyendo el primer reactor modular pequeño comercial conectado a la red del G7. Se trata del BWRX-300 de GE Vernova y Hitachi, dentro del proyecto nuclear de Darlington. La construcción de la primera unidad ya está en marcha y el objetivo es que entre en servicio antes de terminar esta década.

Pero precisamente este proyecto sirve para entender el problema. El desarrollo de los SMR avanza, aunque mucho más despacio de lo que sugería el entusiasmo generado alrededor de esta tecnología. Y, mientras tanto, la generación solar está creciendo a una velocidad que deja atrás a la nuclear en varios de los indicadores más importantes.

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El economista energético Stephen Thomas, profesor emérito de la Universidad de Greenwich y colaborador del WNISR, ha analizado la situación de los reactores modulares pequeños y señala que existen algunos proyectos en desarrollo, pero no un despliegue comercial generalizado. A mediados de 2026 había 411 reactores nucleares operativos en el mundo y 73 en construcción, pero eso no significa que exista una expansión equivalente de los SMR.

Una de las promesas originales de los SMR era precisamente su reducido tamaño. Cuando comenzó a popularizarse el concepto, se hablaba habitualmente de reactores con potencias de entre 30 y 300 MW. El problema es que muchos de los diseños que actualmente aspiran a conseguir pedidos comerciales se sitúan ya por encima de los 300 MW, acercándose al tamaño de otras grandes instalaciones de generación eléctrica.

Eso cambia bastante la ecuación. Si un reactor deja de ser realmente pequeño, también pierde parte de las ventajas que se suponía que tendría en cuanto a fabricación, transporte, emplazamiento y construcción. Además, sigue necesitando una infraestructura compleja y unos requisitos regulatorios propios de una instalación nuclear.

El coste es otro de los grandes interrogantes. La industria lleva años defendiendo que fabricar reactores más pequeños y repetir diseños permitiría reducir los costes mediante economías de escala. Para que esa teoría funcione, sin embargo, hace falta precisamente aquello que todavía no existe a gran escala: una producción repetitiva de muchos reactores idénticos.

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También se ha defendido una mayor seguridad inherente y la posibilidad de instalar estas centrales en lugares donde un reactor convencional resultaría demasiado grande. Pero la realidad es que los SMR continúan necesitando importantes trabajos de preparación y grandes instalaciones auxiliares. A medida que aumenta su tamaño, además, resulta más difícil mantener la idea de que pueden colocarse prácticamente en cualquier lugar.

Otro punto controvertido es el de los residuos. El WNISR 2026 recoge investigaciones según las cuales algunos diseños de SMR podrían producir más residuos radiactivos por unidad de electricidad generada que los grandes reactores actuales. No significa que todos los diseños tengan necesariamente el mismo comportamiento, pero sí pone en cuestión otra de las ventajas que se habían asociado a esta tecnología.

El proyecto de Darlington es, en cualquier caso, una excepción importante frente a la falta de despliegues comerciales occidentales. Ontario Power Generation ya ha iniciado la construcción del primer BWRX-300 y durante 2026 ha completado trabajos fundamentales como la instalación de la enorme cimentación del edificio del reactor, situada 35 metros bajo tierra. La primera unidad tendrá una potencia de 300 MW y está previsto que pueda suministrar electricidad a unos 300.000 hogares.

El plan de Ontario contempla cuatro unidades BWRX-300, que alcanzarían conjuntamente 1.200 MW. La primera debería conectarse a la red antes de terminar 2030, aunque todavía será necesario completar las fases de construcción, puesta en marcha y autorización regulatoria correspondientes.

El problema para la industria nuclear es que necesita tiempo para demostrar que estos reactores pueden fabricarse y desplegarse con los costes y plazos prometidos. Y ese tiempo juega a favor de otras tecnologías que ya están creciendo a gran velocidad.

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En 2025 se produjo un cambio especialmente significativo. La energía solar generó por primera vez más electricidad en todo el mundo que la nuclear, según los datos recogidos por el WNISR 2026. La producción nuclear alcanzó un récord de 2.703 TWh, pero creció solamente un 1,1% respecto a 2024, mientras que la generación solar aumentó alrededor de un 30%.

La diferencia resulta todavía más llamativa si se observa la evolución reciente. El crecimiento nuclear de 2025 estuvo impulsado fundamentalmente por China, donde la generación aumentó un 7,6%. Fuera de China, la producción nuclear descendió un 0,2%. La generación solar, en cambio, consiguió aumentar de forma mucho más rápida a escala mundial.

El resultado es que la nuclear representa ahora el 8,8% de la generación eléctrica mundial, el nivel más bajo en aproximadamente 45 años. En 1996 llegó a representar el 17,5%. Es decir, aunque la generación nuclear absoluta haya alcanzado un nuevo máximo, su peso relativo dentro del sistema eléctrico mundial continúa disminuyendo.

Y no se trata únicamente de la energía solar. La combinación de energía solar y eólica ya genera más del doble de electricidad que la nuclear a escala mundial, mientras que el almacenamiento mediante baterías está creciendo con rapidez y empieza a modificar la forma en la que se gestionan las redes eléctricas dominadas por fuentes renovables.

Eso explica también por qué algunos argumentos tradicionales a favor de la nuclear están cambiando. Una de sus grandes ventajas es que puede producir electricidad de forma continua y estable, independientemente de las condiciones meteorológicas. Pero la combinación de generación solar, eólica y almacenamiento permite cubrir cada vez más horas de demanda con una infraestructura que puede instalarse mucho más rápidamente.

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La situación no significa que la energía nuclear vaya a desaparecer. De hecho, el número de reactores en construcción ha aumentado y alcanzó las 73 unidades a mediados de 2026, frente a las 65 contabilizadas un año antes. El problema es dónde se están construyendo: 37 de esos 73 reactores están en China, mientras que Rusia también mantiene una posición destacada tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Además, durante 2025 se conectaron cuatro reactores a las redes eléctricas y se cerraron siete. Es decir, por primera vez desde 2021 hubo un balance anual negativo en número de reactores. La potencia total puede aumentar porque los nuevos reactores suelen ser más grandes que los que se retiran, pero la cifra demuestra que el crecimiento de la flota no es uniforme.

El precio de los combustibles fósiles también está jugando un papel importante. Países como Italia, Suecia o Bélgica han vuelto a plantearse la energía nuclear como una forma de reducir su dependencia del petróleo y el gas y asegurar generación estable durante las próximas décadas.

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Pero la aparición de sistemas de almacenamiento cada vez más baratos introduce una variable que hace unos años tenía mucho menos peso. Las baterías pueden combinarse con grandes instalaciones solares o eólicas, y permitir que una parte de la electricidad producida durante las horas de mayor generación se utilice posteriormente, reduciendo la necesidad de recurrir a centrales convencionales para cubrir determinados picos de demanda.

En Canadá, el propio desarrollo de los SMR muestra además que las aplicaciones inicialmente planteadas son difíciles de materializar. Se habían identificado tres grandes usos: producir electricidad para la red, suministrar electricidad y calor a la industria pesada y abastecer a comunidades remotas. Sin embargo, según el análisis de Stephen Thomas recogido por el WNISR, la opción que realmente está avanzando es principalmente la conexión a la red eléctrica.

En Saskatchewan se ha llegado incluso a plantear de nuevo la utilización de reactores nucleares de mayor tamaño, mientras que Nuevo Brunswick habría perdido impulso en sus planes relacionados con los SMR. Por ahora, Darlington sigue siendo el proyecto occidental que más claramente ha pasado de los anuncios a una construcción real.

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Las cifras generales ayudan a poner todo esto en contexto. En 2025, la generación nuclear mundial alcanzó los 2.703 TWh, un 1,1% más que el año anterior, con China como principal responsable del crecimiento. La nuclear aportó el 8,8% de la electricidad mundial, frente al 17,5% que llegó a representar en 1996.

A mediados de 2026 había 411 reactores en funcionamiento, mientras que otros 73 estaban en construcción. De estos últimos, 37 se encontraban en China. Rusia participaba en 29 proyectos en construcción, 22 de ellos fuera de su territorio, lo que demuestra hasta qué punto el desarrollo nuclear actual está concentrado en unos pocos países.

La edad de la flota tampoco ayuda. La media mundial ronda los 33 años y aproximadamente dos tercios de los reactores tienen 31 años o más. En Estados Unidos, donde se encuentra una de las mayores flotas nucleares del planeta, la edad media se acerca a los 45 años.

La conclusión que se desprende de los datos no es que la nuclear esté desapareciendo, sino que su crecimiento está siendo mucho más lento que el de las tecnologías renovables. Los SMR pueden acabar encontrando su espacio, pero todavía necesitan demostrar que las promesas de menor coste, construcción más rápida y fabricación modular pueden trasladarse desde los diseños y proyectos piloto hasta una industria capaz de producirlos en grandes cantidades.

Mientras tanto, la energía solar no está esperando. En 2025 añadió alrededor de 600 TWh de generación y alcanzó cerca de 2.700 TWh en todo el mundo, superando por primera vez a la nuclear en electricidad producida.

Y ahí está probablemente la principal dificultad para los SMR: no compiten únicamente contra las grandes centrales nucleares convencionales. Compiten contra tecnologías que están bajando costes, aumentando producción y desplegándose a una velocidad que la industria nuclear todavía no ha conseguido igualar.

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