10.000 euros al año: lo que puede ahorrar un taxista pasándose al coche eléctrico

Como vosotros, cuando veo un taxista trabajando en un coche con motor de combustión, tanto diésel, gasolina como híbrido, me pregunto por qué no se cambia al coche eléctrico. Si en el caso de un particular el ahorro es importante, en el caso de un profesional este tiene que ser enorme. Es por eso que vamos a estimar cuánto ahorraría un taxista medio que se pase a los eléctricos.

10.000 euros al año: lo que puede ahorrar un taxista pasándose al coche eléctrico

Publicado: 13/05/2026 08:09

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Este es un debate que cada vez aparece con más frecuencia entre taxistas y conductores profesionales: si un coche eléctrico permite ahorrar miles de euros al año, ¿por qué buena parte del sector sigue apostando por el diésel o los híbridos?

La pregunta tiene bastante sentido, sobre todo cuando se analizan cifras reales de uso intensivo. Porque un taxista no hace 10.000 o 15.000 kilómetros al año. En muchas ciudades, especialmente en grandes áreas urbanas o servicios interurbanos, hablamos de profesionales que pueden recorrer perfectamente entre 70.000 y 90.000 kilómetros anuales.

Y ahí es precisamente donde el coche eléctrico empieza a sacar una ventaja difícil de ignorar.

Pongamos un ejemplo aproximado de un taxista que realiza unos 87.000 kilómetros al año con una berlina diésel. Con un consumo medio de 6,5 litros cada 100 kilómetros y un precio del gasóleo situado alrededor de 1,6 euros por litro, el gasto anual en combustible rondaría los 10.000 euros.

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Pero el combustible es solo una parte de la factura. A eso habría que sumar cambios de aceite frecuentes, filtros, mantenimiento del sistema anticontaminación, correas, frenos y otras intervenciones habituales en coches que pasan prácticamente el día entero circulando. Sumemos el tiempo que pasa el coche en el taller realizando estas operaciones. Y en el caso del taxi, el tiempo es dinero.

Si además añadimos la depreciación anual del vehículo, el coste total de propiedad podría situarse perfectamente cerca de los 17.000 o 18.000 euros anuales.

Ahora llega la parte interesante. Si ese mismo taxista sustituyese su diésel por un coche eléctrico equivalente, las cifras empezarían a cambiar de forma muy seria.

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Tomando como referencia un consumo medio razonable, unos 15 kWh a los 100 km, cargando en casa el coche eléctrico tendrá un coste de unos 1.300 euros al año. Si añadimos carga rápida pública, accediendo a una suscripción que nos deje el kWh a unos 37 céntimos, el coste aumentará hasta los 4.800 euros anuales. Si hacemos una media de carga en casa y pública, entonces nos daría un coste de unos 3.000 euros al año.

Y luego está el mantenimiento. Un coche eléctrico elimina muchas de las operaciones habituales de un motor térmico. No hay cambios de aceite, desaparecen numerosos filtros y también buena parte de las averías relacionadas con sistemas anticontaminación, turbos, embragues o cajas de cambio complejas.

Al final, incluso incluyendo depreciación y mantenimiento, el ahorro anual podría acercarse a los 10.000 euros. Una cifra enorme para cualquier autónomo o profesional del transporte.

Entonces, ¿por qué sigue existiendo tanta resistencia dentro del sector del taxi?

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Parte de la respuesta está en el miedo al cambio. Muchos taxistas continúan viendo el coche eléctrico como un vehículo pensado para un uso urbano tranquilo, no para jornadas de trabajo de doce horas. También influye bastante la preocupación por la autonomía o los tiempos de carga, especialmente entre quienes no disponen de plaza de garaje propia.

Pero quizá el principal problema sea que el sector lleva décadas acostumbrado a la combustión. Durante años fue la opción lógica por consumo, autonomía y durabilidad. El problema es que el mercado ha cambiado muchísimo más rápido que la mentalidad de parte de los profesionales.

También hay otro factor importante: el precio inicial. Aunque el ahorro operativo de un coche eléctrico puede ser enorme, muchos taxistas siguen viendo difícil afrontar una inversión más alta al comprar el vehículo. Especialmente en un momento donde los precios de los coches nuevos están completamente disparados.

Sin embargo, cada vez más profesionales empiezan a darse cuenta de que el verdadero coste no está en la compra, sino en todo lo que viene después. Y ahí el coche eléctrico empieza a ganar por goleada.

La situación probablemente cambiará poco a poco. Pero viendo cómo evolucionan los costes del combustible, las restricciones urbanas y el mantenimiento de los diésel modernos, cuesta no pensar que tarde o temprano buena parte del sector acabará haciendo números de verdad.

Y cuando eso ocurra, más de uno probablemente se preguntará cómo ha podido tardar tanto en plantearse el salto al coche eléctrico.

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