Amoniaco solar y sus ventajas frente a los biocombustibles

El tiempo que tenemos disponible para limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados, se acaba. De hecho, nos encaminamos hacia unos catastróficos 2.7 grados a finales de siglo. Se habla con cada vez más frecuencia de acciones como aumentar el mix renovable en la generación de electricidad o de como eliminar los combustibles fósiles de los vehículos terrestres. 

No obstante, descarbonizar el transporte marítimo no parece estar sobre la mesa, pese a emitir el 2.5% de las emisiones globales de CO2. En el año 2019, Alemania emitió a la atmósfera 681 millones de toneladas métricas de CO2, frente a las 880 del transporte marítimo mundial. Si queremos reducir esta huella, debemos sustituir los combustibles fósiles por la mejor alternativa en térmicos económicos, medioambientales y técnicos. Y considerando estos aspectos, el amoníaco parece ser la opción ideal.

Existen numerosas alternativas al diésel y al fueloil, como los biocombustibles, el hidrógeno o las baterías. Las baterías, debido a su escasa densidad energética, sólo serán empleadas en el transporte de corta distancia. Por su parte, el hidrógeno presenta una serie de problemas a la hora de transportarlo y almacenarlo que, probablemente, no se resolverán a corto plazo.

Respecto a los biocombustibles, existen fundamentalmente dos: el biodiésel y el bioetanol. Además, debemos distinguir entre los de primera generación (1G) y los se segunda generación (2G). Para elaborar biocombustibles 1G, se emplean aceites comestibles y materia prima vegetal procedente de cultivos. Los combustibles 2G se fabrican empleando aceites no comestibles, aceites y grasas usadas y etanol. La tercera generación de biocombustibles no verá la luz, puesto que sus emisiones son superiores a los combustibles 2G.

Actualmente, Brasil es el país que cuenta con una mayor productividad de bioetanol y biodiésel del planeta con respecto a la superficie empleada para ello. Sin embargo, para 2050 esto podría suponer una destrucción absoluta del terreno cultivable con respecto al empleo del amoniaco, como muestra la imagen inferior.

Sin embargo, la producción de amoniaco requiere de un proceso de electrolisis. Este proceso debe ser capaz producir amoniaco a gran escala y a precios que no sean prohibitivos. Para ello, la compañía danesa Haldor-Topsøe ha desarrollado un electrolizador que podría comenzar la producción en masa de amoniaco en 2023. Considerando todo el proceso de Haldor-Topsøe, el 71,5% de la energía eléctrica solar empleada se transforma en energía química en forma de amoníaco refrigerado.

Además, el proceso de electrolisis requiere de una gran cantidad de agua, no siempre disponible en según que zonas. Para ello, y si la topografía lo permite, la demanda de agua del proceso de electrólisis podría ser abastecida por desalinizadoras. Este sistema podría producir simultáneamente agua dulce para la industria y cultivos agrícolas e incrementar el factor de capacidad del electrolizador. 

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Fuente | CleanTechnica

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