Alemania dice no al hidrógeno azul; o verde o nada

El hidrógeno no tiene olor, color ni sabor, pero usamos la convención de los colores para determinar su origen. Lo ideal es el hidrógeno verde, obtenido a través de energías renovables y neutro en carbono. En el término medio está el hidrógeno azul -otro color asociado a la ecología-, obtenido a partir del gas natural o metano (CH4) pero empleando captura del carbono excedente, y por último está el hidrógeno gris o marrón, obtenido con emisiones de carbono y por tanto no sostenible.

El Gobierno de Alemania, renovado tras la despedida de Angela Merkel de la política de primer nivel, ha planteado una ambiciosa estrategia en torno al hidrógeno, pero discriminando de dónde se consigue a efectos de subvenciones. La postura más radical es «o hidrógeno verde, o nada», similar al «o usamos energías renovables, o preferimos estar sin electricidad». La producción de hidrógeno verde es y va a ser muy escasa -y no lo más óptimo desde el punto de vista de los costes, todavía-.

Algunas industrias pesadas requieren una cantidad monstruosa de energía, no pueden ser eletrificadas en su totalidad, y el hidrógeno podría paliar parte de sus emisiones de carbono generadas para producir calor. Por ejemplo, las siderúrgicas alemanas necesitan ellas solas cinco veces toda la producción de hidrógeno que está planificada (15 TWh en 2030), tal y como comentó el vicecanciller y ministro de Economía y Clima, Robert Habeck. Es del partido Los Verdes, dicho sea de paso.

El nuevo ejecutivo alemán plantea invertir 8.000 millones de euros de diversos proyectos de interés europeo (IPCEI) relacionados con el hidrógeno. Además, de eso, habrá un paquete legislativo que pondrá por delante la producción, transporte y consumo del hidrógeno obtenido con energías renovables. El hidrógeno azul, que tiene mayor disponibilidad y se puede implantar antes, queda relegado de las ayudas.

Los planes previos de instalación de electrolizadores son insuficientes, y por lo menos hay que doblar lo previsto por el anterior gobierno. En otras palabras, de 5 a 10 GW de capacidad para 2030. La energía necesaria para dar ese salto se obtendrá en gran parte con energía eólica, aumentando su peso en la producción del sistema eléctrico alemán en vista del rechazo a las nucleares que lleva tiempo enquistado en la sociedad germana.

Conoceremos más detalles de la estrategia alemana y las reformas legales para impulsar esta revolución a lo largo del año. Ya no solo se trata de una ambición política por razones ideológicas, es la necesidad de que Alemania cumpla sus compromisos de reducción de emisiones, lo cual no va a hacer ni en 2022 ni -posiblemente- en 2023, aseguró el político alemán.

El hidrógeno azul no es tan azul como lo pintan

El principal problema del llamado hidrógeno azul es que las cuentas ambientales no salen. Robert Howarth y Mark Jacobson, investigadores de las universidades de Cornell y Stanford -respectivamente-, postularon en un artículo que es preferible quemar directamente carbón o gas natural que convertirlos en hidrógeno azul. Paradójicamente, se hace menos daño al medio ambiente así.

Hay que tener en cuenta todas las emisiones, incluyendo los escapes al aire libre de los gasoductos y la red de distribución desde los yacimientos. El metano es más potente en el cambio climático si se libera que el dióxido de carbono. Por esa razón el excedente gaseoso de los yacimientos de petróleo se queman in situ, es un mal menor desde el punto de vista ecológico.

Sin embargo, la industria argumenta que aprovechar el hidrógeno azul como tecnología de transición puede ahorrar a los europeos 2 billones (con «b») de euros hasta 2050 y de paso aprovechar la infraestructura actual de distribución de gas natural. En otras palabras, el hidrógeno azul es como un sapo que hay que tragarse hasta que el hidrógeno verde abunde y sea más eficiente en su cadena de valor.

El problema del huevo y la gallina

¿Qué apareció antes, el huevo, o la gallina? En otras palabras, hay que estimular tanto la oferta de hidrógeno como la demanda del mismo, no puede existir una sin la otra. Hoy día hay algunos consumidores dispuestos a emplear hidrógeno verde, pero no lo encuentran, como el primer barco a hidrógeno para mantenimiento de parques eólicos marinos.

Si hay que suplir la oferta solo con hidrógeno verde, esta va a satisfacerse más despacio y en volúmenes más pequeños. A largo plazo sale a cuenta, pero a corto plazo hacen falta grandes inversiones y la tecnología no está afinada del todo en términos de rendimiento. Pasa lo mismo con los combustibles fósiles, si los exigimos 100% sintéticos y renunciamos a los fósiles mezclados con sintéticos o renovables, pues tendremos que volver a la era del caballo para movernos.

Excluir de las ayudas al hidrógeno azul implica que el sector privado tiene que tomar la iniciativa, y resultará difícil que lo hagan si invierten cantidades que no van a recuperar; el hidrógeno azul es, por definición, una tecnología con fecha de caducidad. Posiblemente Alemania tenga que recapacitar y plantearse lo de tragar el sapo hasta que el hidrógeno verde sea la mejor opción.

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