La falta de diésel por la guerra de Rusia en Ucrania, el otro meteorito que amenaza a la dependiente economía europea

Un las últimas semanas estamos siendo testigos de la elevadísima adicción de la economía mundial al petróleo. Un meteorito al que nadie miraba mientras se surtía con grandes cantidades de dinero público en forma de subsidios una industria que ahora amenaza con poner de rodillas a las economías de medio mundo que hasta ahora han dado la espalda a la electrificación, que ahora es mirada como la tabla de salvación desesperada.

Y es que mientras que muchos expertos avisaban de los problemas de la dependencia de los combustibles fósiles, además de su irreparable impacto ambiental, los gobiernos del mundo regaban a la industria con obscenas cantidades de dinero público que se estima alcanzan los 423.000 millones de dólares cada año. Unas ayudas que no reciben apenas críticas como si lo hacen los tibios, o incluso como el caso de España ridículos, programas de incentivo a la adquisición de vehículos eléctricos.

Nuestro país es un ejemplo paradigmático de esta situación. Según los datos de Oil Change International y Overseas Development Institute, entre 2018 y 2020, España destinó al menos 6.500 millones de euros a la industria de los combustibles fósiles. En energías limpias gastó sólo 120 millones.

Un mercado como el nuestro con un enorme potencial en energías renovables, pero que lo ha apostado todo a los combustibles fósiles. El resultado, una apuesta principalmente privada por las energías limpias, y unas ventas de coches eléctricos solo por delante de mercados como Bulgaria o Rumania.

Y ahora el problema del diésel

diesel

Mientras el precio de los combustibles, especialmente el gasóleo, lleva más de una semana parando el transporte de mercancías por carretera en España, una sombra se cierne sobre toda Europa en forma de falta de combustible.

La escasez del diésel se ha venido a sumar como un problema del que están alertando varias compañías del sector en las últimas semanas y que afecta particularmente a países como Alemania, uno de los más dependientes del crudo procedente de Rusia, como también le pasa con el gas natural.

Algunos países ya han comenzado a dar la voz de alarma. La ministra francesa de transición ecológica, Barbara Pompili, advirtió este miércoles que el diésel «va a plantear un verdadero problema» en Europa.

No hablamos de un problema a largo plazo, sino que es una situación que algunos mercados pueden empezar a sufrir ya en apenas un mes. Algo que depende de las reservas de cada estado. Pero si la situación en Ucrania no se resuelve, corremos el riesgo de sufrir unas consecuencias que el reciente paro nos parecerán nada en comparación.

La alternativa

Camión eléctrico de Irizar

Si esto no es suficiente para convencer a los operadores de que es la hora de afrontar la transición, no sabemos qué podrá serlo. Un cambio en el modelo de transporte donde habrá que tomar decisiones como la apuesta por el tren de mercancías como una herramienta poderosa. También comenzar la electrificación de los transportes de corta y media distancia, y empezar a preparar la infraestructura necesaria para afrontar también la larga distancia. Un apartado donde estamos vergonzosamente en la casilla de salida.

Un apartado donde la tecnología está lista para ofrecer alternativas en muchos desplazamientos, lo que nos permitirá sentar las bases de una sociedad menos dependiente energéticamente de un exterior cada vez más agitado, y donde las cosas con altos y bajos, no irán a mejor.

No hay más que ver la dinámica que está tomando la industria del petróleo, donde no sólo es cada vez más difícil encontrar crudo de calidad, sino que su refinado en combustibles que puedan usar los vehículos es cada vez más compleja y cara.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) los precios de la rúbrica ‘coquerías y refino de petróleo’, en el que se incluyen las tarifas de venta a la salida de fábrica del petróleo refinado para combustible, se han encarecido solo en febrero un 11%, un 15% desde que arrancara el año y un 59,2% desde febrero de 2022. El dato de febrero recoge solo en parte la espiral alcista del precio del carburante tras la invasión rusa de Ucrania y probablemente tenga más recorrido al ascendente en los próximos meses.

La conclusión es que muy posiblemente los precios de los carburantes suban en los próximos meses comiéndose en algunos casos las ayudas que han puesto en marcha los gobiernos de España o Italia. Algo que supondrá una factura cada vez más elevada por repostar las flotas de vehículos diésel que mueven las mercancías y personas en Europa.

Un meteorito ante el que muchos prefieren mirar hacia abajo, mientras las administraciones siguen gastando cantidades obscenas de dinero público en subsidiar los combustibles fósiles, y donde podemos ver cada día pequeños gestos como la renovación de flotas de administraciones públicas donde se adquieren costosos coches diésel, híbridos o gasolina para labores como la vigilancia en zonas urbanas.

Como ejemplo anecdótico, que podemos ver replicado en decenas o cientos de casos por toda España, la reciente adquisición del ayuntamiento pontevedrés de A Estrada, que se ha gastado este pasado mes de diciembre 36.000 euros en un Hyundai Tucson híbrido. Un SUV que es un ejemplo paradigmático de la desconexión de la realidad de muchas administraciones públicas.

Compártelo: