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Hasta 20 tecnologías de almacenamiento energético de larga duración como alternativa a las baterías

El almacenamiento eléctrico de larga duración es una alternativa que está creciendo de forma muy rápida como una forma de regular la red eléctrica y almacenar los excedentes de las energías renovables. Una forma de reducir sus intermitencias, y que según el último informe de Bloomberg, cuenta con hasta 20 tecnologías diferentes que se posicionan como una opción más económica y de mayor potencial que las baterías químicas.

Así lo indica un estudio publicado por BloombergNEF, que ha analizado siete grupos de tecnologías de almacenamiento de energía de larga duración y 20 tipos diferentes de tecnologías, llegando a la conclusión de que estas tecnologías son las opciones más de mayor futuro y ofrecen un almacenamiento más barato que las baterías de litio en aplicaciones de almacenamiento superiores a ocho horas.

El almacenamiento de energía térmica y el aire comprimido presentan un gasto de capital medio de 232 y 293 dólares kWh respectivamente. Cifra que podemos comparar con las baterías de litio, que según el informe tienen un gasto medio de 304 dólares el kWh en sistemas con una duración de cuatro horas.

Por su parte, los sistemas de almacenamiento de energía gravitacional, que funcionan elevando pesos durante la carga y dejándolos caer controladamente durante la descarga, tienen el coste medio más alto, con 643 dólares el kWh.

Factores como la duración del almacenamiento, el tamaño del proyecto y la localización influyen significativamente en el coste de las tecnologías de larga duración, que están reduciendo de forma imparable sus costes convirtiéndose en una alternativa cada vez más competitiva.

Bloomberg destaca en su informe que la reducción de costes en las tecnologías de larga duración dependerá en gran medida de la expansión de su instalación y del desarrollo comercial en las principales regiones.

Una adopción generalizada y una mejora en la infraestructura de mercado que son cruciales para lograr una disminución significativa en los costes de una opción de almacenamiento que será imprescindible para reducir la dependencia de las fuentes como el gas, el carbón o la nuclear, en un mix eléctrico cada vez más limpio, y económico.

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