
De mina de carbón a batería de 8.600.000 kWh suficiente para alimentar 800.000 viviendas
Las baterías de respaldo están transformando el sector eléctrico, y ahora un proyecto en Australia trabaja en cambiar su mayor central de carbón en un enorme centro de almacenamiento; la instalación permitirá guardar electricidad cuando existan excedentes de energías renovables y utilizarla posteriormente en los momentos de mayor demand.

Australia está preparando una transformación muy importante en uno de sus principales centros de generación eléctrica. La mayor central de carbón del país tiene los días contados, pero el enorme emplazamiento que ocupa no desaparecerá del mapa energético. Al contrario, se convertirá en una gigantesca batería.
La compañía Origin Energy quiere aprovechar parte de las instalaciones de Eraring, en Nueva Gales del Sur, para seguir aumentando una batería que ya se encuentra en construcción. El objetivo es que el complejo pueda almacenar electricidad procedente de fuentes renovables y devolverla a la red precisamente cuando más se necesita.
Una batería capaz de sustituir al gas en las horas más caras

Eraring es actualmente la mayor central eléctrica de Australia, con 2.880 MW de potencia, pero su cierre está previsto para abril de 2029. Pero la compañía ya trabaja en su transformación.
Una vez completado todo el proyecto, que se desarrollará por partes, el complejo de baterías alcanzará aproximadamente 1.200 MW de potencia y 8.600 MWh de capacidad de almacenamiento. La nueva instalación comenzará las obras antes del cierre de la central de carbón, en 2028, y necesitará solo 36 meses para ser completada.
Esta capacidad, si hacemos una estimación sencilla suponiendo un consumo medio de 10 kWh diarios por vivienda, los 8.600 MWh almacenados equivaldrían a la electricidad consumida en un día por aproximadamente 860.000 hogares. Evidentemente, una batería de este tamaño no se utiliza de esa manera durante una jornada completa, ya que su función principal es desplazar electricidad en el tiempo y cubrir los momentos de mayor demanda. Pero sirve para entender la enorme cantidad de energía que puede llegar a manejar.
Pero esto es si las baterías alimentan las 24 horas del día a esos hogares. En realidad, parte del día lo atiende el sol y el viento o la hidráulica. En España, por ejemplo, el gas suele tener un efecto bastante importante durante unas seis horas al día, cifras de ayer 6 de septiembre. Si hacemos una estimación sencilla suponiendo un consumo medio de 10 kWh diarios por vivienda, los 8.600 MWh almacenados permitirían cubrir el consumo equivalente de unas 3,44 millones de viviendas durante esas seis horas.

Y es que aquí es donde las baterías de este tamaño pueden marcar la diferencia: en lugar de recurrir a las centrales de ciclo combinado cuando cae el sol y aumenta la demanda, la red puede utilizar electricidad almacenada previamente, reduciendo la necesidad de recurrir al gas y, en mercados marginalistas como el español, evitando que estas centrales terminen fijando el precio de la electricidad en esas horas.
No hablamos de pequeños ahorros. De nuevo, usando los datos de ayer, en el mercado regulado las horas mas baratas han sido las que coinciden con una mayor aportación de la solar y la eólica, mediodía-tarde, cuando el kWh ha llegado a apenas 8 céntimos. En cambio, cuando se va el sol y aumenta la demanda residencial, entre las 18 y las 21 horas, entra el gas y el kWh se disparó hasta los 32 céntimos el kWh.
Y aquí está probablemente la parte más interesante del proyecto. Una batería de gran capacidad puede cubrir el hueco que tradicionalmente ocupan las centrales de ciclo combinado cuando cae la producción solar y aumenta la demanda, evitando tener que recurrir al gas para responder a esos picos. En un mercado marginalista como el español, esto tiene además una consecuencia importante: cuando un ciclo combinado es necesario para cubrir la última parte de la demanda, puede terminar fijando el precio de toda la electricidad casada en ese periodo.
El funcionamiento de una batería permite cambiar esa dinámica. Puede cargarse durante las horas en las que existe abundante producción renovable y precios bajos y descargar después durante las horas de mayor demanda. No elimina la necesidad de generación de respaldo en todas las circunstancias, pero reduce las horas en las que el gas resulta imprescindible para mantener el equilibrio del sistema.
La transición energética no consiste únicamente en sustituir una central de carbón por paneles solares o aerogeneradores. También exige disponer de almacenamiento suficiente para que esa electricidad pueda utilizarse cuando realmente hace falta. Y proyectos como el de Eraring muestran hasta qué punto las baterías pueden convertirse en una pieza fundamental de ese nuevo sistema eléctrico.


