
El coche eléctrico de ocasión se atragantará a los concesionarios en 2026: tiempo de chollos
El mercado del coche eléctrico de ocasión afronta un 2026 complicado para los concesionarios. El aumento del leasing y renting, y la llegada de nuevos modelos más asequibles presionan los precios a la baja. La gestión del stock y la rapidez en vender serán claves para evitar pérdidas en una era donde los cazadores de chollos tendrán más opciones que nunca.

En 2026, los coches eléctricos de ocasión seguirán siendo un auténtico quebradero de cabeza para los concesionarios. El auge del leasing en los últimos años, y el final de estos contratos, va a provocar una avalancha de vehículos de segunda mano que habrá que colocar en el mercado, y no precisamente en las mejores condiciones. Una situación especialmente compleja para los coches eléctricos que se enfrentan al paso del tiempo y la evolución rápida de la tecnología.
La realidad es sencilla: habrá más coches a la venta. Los concesionarios afrontan un año con mucha actividad en el mercado de ocasión, pero también con riesgos importantes si no ajustan su estrategia. Y aquí, los viejos reflejos del pasado pueden salir muy caros.
Para la red comercial, la segunda mano no es una actividad secundaria. Las operaciones con vehículos que regresan tras un contrato de leasing, ya sea con opción de compra o alquiler a largo plazo, son una pieza clave de la rentabilidad del negocio. En 2026, este volumen va a crecer con fuerza. Según los datos de la consultora C-Ways, el mercado de coches de ocasión de entre 2 y 5 años aumentará alrededor de un 6% este año.
En principio, la noticia parece positiva. Los precios de los coches nuevos siguen en niveles elevados y el poder adquisitivo de muchas familias continúa bajo presión, lo que empuja a muchos compradores hacia el mercado de ocasión. Todo apunta a que habrá demanda. El problema no es vender, sino a qué precio y en cuánto tiempo.
El dinero parado, el gran enemigo

Cada coche que vuelve al concesionario al finalizar un contrato de leasing ha sido recomprado a un precio fijado años atrás, cuando se firmó el acuerdo. Hasta que ese vehículo no se vende, no deja de ser dinero inmovilizado, ocupando espacio y generando costes financieros. Con el aumento de los volúmenes, los stocks crecerán y la tensión sobre la tesorería será inevitable.
En un sector que viene de varios años complicados, el margen de error es mínimo. Hay concesionarios que siguen siendo frágiles, y cualquier desviación puede provocar problemas serios. En este contexto, controlar el stock al milímetro y asegurar una rotación rápida se convierte en una prioridad absoluta.
La vieja idea de “ya se venderá” es ahora mismo una receta segura para el desastre. Esperar meses al comprador ideal para evitar vender con pérdidas puede acabar secando la caja. Y esto es todavía más crítico cuando hablamos de coches eléctricos de ocasión.

Desde hace alrededor de 18 meses, los coches eléctricos se han convertido en el gran dolor de cabeza de muchos concesionarios. Su valor de mercado cae mucho más rápido de lo que estimaron las marcas, y el precio previsto al final del leasing suele estar claramente por encima de lo que el cliente está dispuesto a pagar.
Los datos lo confirman. Según el especialista en análisis de mercado Indicata, el tiempo medio que tarda un coche eléctrico de ocasión en encontrar comprador llegó a situarse el año pasado entre 160 y 180 días, el doble que un modelo de gasolina o diésel. Y aun así, muchos concesionarios han terminado perdiendo varios miles de euros por unidad.
Ajustar precios… y hacerlo rápido
La lección empieza a estar clara. En los últimos meses, los profesionales han asumido que hay que bajar precios antes y sin miedo. En diciembre, el tiempo medio de rotación de los coches eléctricos ya se había reducido hasta unos 120 días, una mejora significativa, aunque todavía lejos de los niveles de los modelos térmicos.
Eso sí, no todos los coches eléctricos se comportan igual en el mercado de ocasión. Los Tesla suelen encontrar comprador con relativa rapidez, mientras que otros modelos acumulan stock con facilidad. Es el caso del Renault ZOE de primera generación, así como del Peugeot e-208 o el Opel e-Corsa, que están resultando mucho más difíciles de colocar.

Y lo peor está por venir. En 2026 seguirá aumentando el peso de los coches eléctricos dentro de los vehículos que regresan a los concesionarios tras finalizar un leasing. A esto se suma un factor clave: la llegada de nuevos modelos más baratos y más competitivos, como el Renault R5, el Citroën e-C3 o el Twingo, que están presionando todavía más a la baja el valor de los coches eléctricos vendidos en 2022 y 2023.
El efecto es inmediato. ¿Quién va a pagar un precio elevado por un coche eléctrico usado cuando en el concesionario de al lado hay uno nuevo, mejor y m��s barato? Esta comparación constante acelera la depreciación y obliga a los vendedores a asumir pérdidas mayores si quieren cerrar operaciones.
Para evitar que el miedo a perder dinero termine bloqueando el mercado y desincentive el leasing de coches eléctricos, los fabricantes han empezado a mover ficha. La mayoría ya comparte parte del riesgo de depreciación con sus concesionarios. Eso sí, en muchos casos estas medidas solo se aplican a las ventas futuras, dejando fuera a los vehículos que regresan ahora y que se vendieron hasta el año pasado.
En resumen, 2026 no será un año fácil. El coche eléctrico de ocasión seguirá siendo una prueba de fuego para los concesionarios, donde la rapidez en ajustar precios, la gestión del stock y el control de la tesorería marcarán la diferencia entre sobrevivir o estrellarse.
Que empiecen los juegos del hambre.



