
Coches eléctricos: la batería de 12 voltios podría tener los días contados
Los coches eléctricos siguen dependiendo de una pequeña batería auxiliar que puede dejarlos tirados; un nuevo sistema propone eliminarla usando la alta tensión; la solución promete más fiabilidad y menos componentes, pero su llegada al mercado aún llevará tiempo.

Puede parecer mentira, pero en plena era de los coches eléctricos con arquitecturas de 400 y 800 voltios, sigue habiendo un pequeño componente heredado del pasado que continúa siendo imprescindible: la batería de 12 voltios. Esa “secundaria” que muchos no tienen en cuenta… hasta que falla. Y es que, aunque el coche cuente con un enorme pack de baterías principal, una simple avería en ese sistema auxiliar puede dejarlo completamente inmovilizado. Algo que más de uno ya ha sufrido en sus propias carnes.
Precisamente este punto débil es el que quiere eliminar el proyecto REDSEL, una iniciativa impulsada por Silicon Austria Labs, Infineon Technologies Austria y AVL List durante los últimos 24 meses. Su objetivo es claro: prescindir por completo de la batería de 12 voltios utilizando directamente el sistema de alta tensión del coche. Una idea que, sobre el papel, tiene bastante sentido y que podría marcar un antes y un después en el diseño eléctrico de los coches eléctricos.
Para entender por qué este cambio es importante, hay que recordar el papel que juega esa batería auxiliar. No solo alimenta elementos cotidianos como luces, limpiaparabrisas, pantallas o cierre centralizado, sino que también es clave en el arranque. Es la encargada de activar los contactores que conectan el sistema de alta tensión. Es decir, sin ella, el coche ni siquiera “despierta”. De ahí que, aunque parezca un componente menor, su fallo tenga consecuencias bastante serias.
La propuesta de REDSEL pasa por sustituir ese sistema por una arquitectura basada en doble alimentación de alta tensión. En lugar de depender de una batería pequeña independiente, el coche contaría con dos fuentes de energía principales. Si una falla, la otra entra en acción de forma inmediata. Además, el sistema incorpora un equilibrado activo que reparte la energía de forma uniforme, mejorando tanto la seguridad como la fiabilidad del conjunto.
Un sistema más simple, más fiable y con menos piezas
Uno de los elementos clave de esta nueva arquitectura es un convertidor electrónico capaz de gestionar múltiples entradas de energía. Dicho de forma sencilla, actúa como un cerebro que recibe electricidad desde varias fuentes de alta tensión y la distribuye a los diferentes sistemas del coche que necesitan voltajes más bajos. Todo ello sin necesidad de recurrir a una batería auxiliar tradicional.
Este enfoque no solo simplifica el sistema, sino que también permite reducir el número de componentes. Y aquí entra otro cambio importante: la sustitución de relés mecánicos por interruptores electrónicos basados en semiconductores. Estos últimos no tienen partes móviles, lo que elimina el desgaste asociado al uso continuo. Menos piezas mecánicas significa menos posibilidades de fallo, menos mantenimiento y, en definitiva, un sistema más robusto.
Además, estos componentes ocupan menos espacio y ayudan a aligerar el conjunto, algo siempre bienvenido en un coche eléctrico, donde cada kilo cuenta. Todo suma cuando se trata de mejorar la eficiencia y la autonomía, aunque sea de forma indirecta.
Eliminar la batería de 12 voltios también permitiría a los fabricantes diseñar plataformas más modernas y optimizadas. No se trata solo de quitar un componente problemático, sino de abrir la puerta a nuevas arquitecturas eléctricas mejor adaptadas a funciones avanzadas, como la conducción automatizada o sistemas electrónicos cada vez más complejos.
Eso sí, como suele ocurrir en estos casos, el gran reto no es tanto técnico como industrial. Aunque el proyecto REDSEL ha demostrado que esta solución es viable, llevarla a producción en masa implica cambiar toda una cadena de suministro y un ecosistema que lleva décadas estandarizado en torno a los 12 voltios. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana.
Aun así, la tendencia parece clara. A medio o largo plazo, es bastante probable que esa pequeña batería que tantos dolores de cabeza ha dado termine desapareciendo. Y cuando eso ocurra, los coches eléctricos habrán eliminado uno de sus puntos más débiles, dando un paso más hacia sistemas más fiables, eficientes y preparados para el futuro.



