El diésel se dispara hasta los 1,9 euros por litro en Estados Unidos que se plantea cortar las exportaciones a Europa

El mercado mundial del diésel afronta una situación cada vez más complicada por los problemas de las refinerías rusas y las tensiones en Oriente Medio provocadas por la administración Trump e Israel; Estados Unidos también está sufriendo precios récord y comienza a debatir posibles restricciones a sus exportaciones a Europa, un mercado especialmente expuesto energéticamente que puede ver como los costes de sectores clave, como el transporte y la agricultura, se disparan.

El diésel se dispara hasta los 1,9 euros por litro en Estados Unidos que se plantea cortar las exportaciones a Europa

Publicado: 16/09/2026 09:29

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El mercado mundial del diésel se está adentrando en una situación especialmente delicada. Rusia está reduciendo sus exportaciones después de los ataques sufridos por varias de sus principales refinerías, mientras Estados Unidos afronta unos precios que ya han alcanzado máximos históricos y empieza a plantearse si debe reservar una mayor parte de su producción para su propio mercado. El problema es que Europa llega a este escenario dependiendo todavía en buena medida del diésel importado.

La situación en Estados Unidos sirve como una de las mejores señales de hasta dónde puede llegar el problema. El precio medio del diésel en el país ha superado por primera vez los 6 dólares por galón, concretamente 6,28 dólares por galón en la semana del 14 de septiembre según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Son unos 1,66 dólares por litro. En California, donde los precios suelen actuar como un indicador especialmente sensible de las tensiones del mercado, la media ha llegado a 8,21 dólares por galón, equivalentes a unos 2,17 dólares por litro.

Para poner la cifra en perspectiva, el diésel estadounidense estaba en 3,52 dólares por galón en septiembre de 2024 y en 4,633 dólares en la misma semana de septiembre de 2023. Es decir, el precio actual nacional es aproximadamente un 78% superior al de hace dos años y un 36% más elevado que hace tres años. En California la diferencia es todavía más llamativa: los 8,21 dólares actuales están alrededor de un 59% por encima del precio medio que marcaba hace un año.

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Y aquí aparece uno de los problemas que pueden terminar trasladándose a Europa. Estados Unidos no es simplemente un gran consumidor de diésel, sino también un enorme exportador de productos refinados. En 2025 sus exportaciones de destilados, categoría en la que se incluye principalmente el diésel, promediaron alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, mientras que en 2024 habían alcanzado aproximadamente 1,30 millones. En abril de 2026 llegaron incluso a 1,6 millones de barriles diarios, el nivel mensual más alto desde 2017.

Por eso empieza a cobrar importancia una posibilidad que hasta hace poco habría parecido extrema: que Estados Unidos limite temporalmente las exportaciones de diésel para intentar aliviar su propio mercado. No existe a día de hoy una prohibición anunciada, y tampoco se puede afirmar que vaya a producirse. Pero la posibilidad ya ha entrado en el debate político estadounidense: el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, se ha mostrado abierto a estudiar una prohibición temporal de las exportaciones ante el fuerte incremento de los precios.

Si finalmente se produjese una medida de ese tipo, el efecto tendría dos caras. Estados Unidos podría intentar aumentar la disponibilidad de diésel dentro de sus fronteras, pero al mismo tiempo retiraría del mercado internacional una cantidad importante de producto justo cuando otros grandes exportadores están teniendo problemas. No es una cuestión únicamente de petróleo: el verdadero cuello de botella está en el refinado.

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Rusia es el otro gran elemento de esta ecuación. Los ataques contra sus instalaciones petroleras han afectado a varias de sus principales refinerías. Según Reuters, seis grandes plantas que representan aproximadamente la mitad de la producción rusa de diésel han sufrido importantes reducciones de producción o interrupciones. Como consecuencia, Moscú ha restringido las exportaciones de gasolina, diésel y combustible para aviación para tratar de asegurar el suministro interno.

La Agencia Internacional de la Energía ha puesto cifras al problema. En agosto, las exportaciones netas de diésel y gasóleo procedentes de Rusia y de los países del Golfo fueron 1,6 millones de barriles diarios inferiores a las de febrero. En aquel momento ambos bloques representaban conjuntamente cerca del 45% del comercio marítimo mundial de estos productos. La pérdida de ese volumen no se puede compensar de un día para otro simplemente aumentando la extracción de petróleo, porque hace falta capacidad de refino disponible para convertir ese crudo en los productos que necesita el mercado.

Y Europa es precisamente una de las regiones más expuestas. El continente ha reducido enormemente su dependencia directa del diésel ruso desde 2022, pero eso no significa que haya dejado de necesitar importaciones. La Agencia Internacional de la Energía calculaba que la Unión Europea, Reino Unido y Noruega importaban conjuntamente cerca de 850.000 barriles diarios de diésel desde fuera de la región durante los dos años anteriores a mediados de 2025. Oriente Medio se había convertido en el principal proveedor, mientras Estados Unidos también había aumentado considerablemente sus envíos.

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El problema es que ahora varios de esos proveedores están sufriendo tensiones al mismo tiempo. La propia Agencia Internacional de la Energía señala que las exportaciones de productos refinados y gases licuados se mantienen casi un 60% por debajo de febrero, mientras que las exportaciones de diésel y gasóleo del Golfo se encontraban en agosto en apenas algo más de una cuarta parte de los niveles anteriores a la guerra. Europa compite por cada cargamento adicional de diésel con otros grandes consumidores mundiales.

La dependencia europea del gasóleo tampoco es anecdótica. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, el diésel representó en 2023 el 63,7% de la energía consumida en el transporte por carretera europeo, aunque esa proporción ha comenzado a reducirse. El combustible sigue teniendo un peso especialmente importante en transporte pesado, maquinaria agrícola, construcción y numerosos usos industriales.

Eso hace que una subida del diésel no se quede en las gasolineras. Un camión que paga más por cada litro termina trasladando parte de ese incremento al transporte de mercancías. El agricultor tiene que afrontar un coste superior para trabajar con el tractor y la maquinaria. Las empresas de construcción utilizan diésel en excavadoras, generadores y maquinaria pesada. Y en determinados mercados europeos también sigue teniendo un papel importante en calefacción y generación auxiliar.

España tiene además una particularidad importante: existen diferentes gasóleos fiscales, como el gasóleo B utilizado en determinados usos profesionales y agrícolas, por lo que no resulta correcto comparar directamente su precio con el del diésel de automoción sin tener en cuenta impuestos y el uso al que está destinado. El precio exacto también varía entre estaciones y provincias, y el Ministerio mantiene un sistema de actualización continua de los precios de los carburantes.

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La cuestión, por tanto, no es solamente si el diésel estadounidense puede subir todavía más. Lo realmente importante es qué ocurrirá si Estados Unidos deja de enviar una parte relevante de sus excedentes al mercado internacional al mismo tiempo que Rusia mantiene restringidas sus exportaciones y las refinerías de Oriente Medio trabajan bajo presión.

Hay una señal bastante clara en los mercados. La Agencia Internacional de la Energía advierte de que los suministros mundiales de diésel pueden mantenerse tensionados durante el invierno por la combinación de capacidad de refino limitada, problemas geopolíticos y aumento de la demanda estacional. Las refinerías estadounidenses están trabajando a niveles muy elevados para intentar cubrir la demanda, pero incluso así las existencias de destilados estadounidenses se encuentran por debajo de la media de los últimos años.

Y es aquí donde la situación puede complicarse para Europa. No hace falta que Estados Unidos cierre completamente sus exportaciones para que el mercado europeo note el impacto. Basta con que una parte del diésel que normalmente habría salido de las refinerías estadounidenses se quede en Estados Unidos para cubrir su propia demanda. El resto del mercado tendrá que buscar ese volumen en Oriente Medio, India, Turquía, África u otros productores, aumentando la competencia por los cargamentos disponibles.

El mercado ya está descontando parte de esa tensión. Los precios del diésel europeo han llegado a superar incluso a los del combustible para aviación en determinados momentos de 2026, mientras las importaciones europeas de diésel se han reducido desde principios de año. Reuters señalaba en agosto que las importaciones habían pasado de 1,97 millones de barriles diarios en enero a 1,56 millones en julio.

Por eso, más que hablar de una subida inevitable del diésel en Europa, conviene hablar de un riesgo creciente de nuevas tensiones de precios. Hay demasiadas variables abiertas como para asegurar hasta dónde llegará el mercado: una recuperación de las refinerías rusas, una mejora del tráfico por el estrecho de Ormuz, una mayor producción de otras refinerías o una relajación de las restricciones a las exportaciones podrían cambiar rápidamente el escenario.

Pero también puede ocurrir lo contrario. Si las exportaciones rusas continúan limitadas, las refinerías de Oriente Medio siguen teniendo problemas y Estados Unidos decide reservar más producto para su mercado interno, Europa tendría que pagar más para conseguir el mismo diésel. Y en una economía todavía tan dependiente de este combustible, esa subida no se quedaría en el surtidor: acabaría llegando al transporte, la agricultura, la industria y, finalmente, al precio de muchos productos.

La diferencia respecto a hace dos o tres años es que ahora Europa tiene menos margen para recurrir al proveedor que durante décadas había sido su fuente natural de diésel. Rusia ha desaparecido en gran medida de ese papel y Estados Unidos se ha convertido en uno de los suministradores que ayudan a cubrir el hueco. Si Washington empieza a necesitar ese mismo combustible para su propio mercado, el problema deja de ser exclusivamente estadounidense.

Y esa es probablemente la parte más importante de esta crisis: el petróleo puede seguir circulando, pero eso no garantiza que haya suficiente capacidad de refino para convertirlo en diésel allí donde se necesita. En un mercado tan interconectado, una decisión tomada en Estados Unidos puede terminar afectando a los precios de una gasolinera en España a miles de kilómetros de distancia.

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