El Mercedes GLC eléctrico apunta alto: más cómodo, más equilibrado y más lógico

Las primeras pruebas internacionales ponen sobre la mesa que el nuevo Mercedes GLC eléctrico llegará para sustituir al EQC con una propuesta mucho más madura que destaca por su confort, su equilibrio en carretera y un interior muy cuidado.

El Mercedes GLC eléctrico apunta alto: más cómodo, más equilibrado y más lógico
Mercedes GLC

Publicado: 24/03/2026 09:00

9 min. lectura

El nuevo Mercedes GLC eléctrico llega con una misión clara: hacer olvidar al EQC, algo que no será muy complicado. Y lo hace apoyándose en una base completamente nueva, desarrollada desde cero para modelos eléctricos de gran tamaño. Tras las primeras pruebas internacionales, la sensación general es que Mercedes ha afinado mucho más de lo esperado la receta, dando como resultado un SUV que se siente más maduro incluso que su “hermano mayor”, el EQE SUV.

Para empezar, conviene aclarar una duda habitual. Aunque comparte nombre con el GLC de combustión, este modelo no es una simple adaptación electrificada. Se trata de un coche completamente distinto, construido sobre la nueva plataforma MB.EA, pensada exclusivamente para coches eléctricos y con tracción trasera como base. No habrá versiones diésel ni gasolina de este modelo: Mercedes separa definitivamente sus gamas, aunque mantenga la denominación GLC para ambos.

En cuanto a posicionamiento, este GLC eléctrico juega en una liga interesante. Es más largo que alternativas como el BMW iX3 o el Audi Q6, y supera en nada menos que 10 centímetros al antiguo EQC. De hecho, se queda a solo dos centímetros del EQE SUV, lo que ya da pistas de su enfoque. En la práctica, esto se traduce en un interior muy espacioso, especialmente en las plazas delanteras, donde incluso los conductores más altos encuentran una postura cómoda en todas las direcciones. Detrás también hay buen espacio, aunque el asiento es algo corto. A cambio, su altura respecto al suelo evita la típica postura forzada de rodillas que se ve en muchos coches eléctricos.

El Mercedes GLC eléctrico apunta alto: más cómodo, más equilibrado y más lógico

Uno de los detalles más llamativos es que, por primera vez en Mercedes, este GLC incorpora un maletero delantero, con 128 litros. No sustituye al principal, que ofrece unos generosos 570 litros, pero sí suma practicidad. Además, permite remolcar hasta 2.400 kg, una cifra que lo coloca entre los mejores de su categoría.

Según los medios que lo han podido probar, en el interior el ambiente es claramente premium. Los acabados están muy cuidados y los materiales transmiten calidad, con una única excepción en un panel de la consola central que desentona ligeramente. Aun así, es un detalle menor dentro de un conjunto muy bien resuelto. El salpicadero está dominado por una gran superficie acristalada que integra la instrumentación y el sistema multimedia MBUX. Opcionalmente, se puede añadir una pantalla para el acompañante, formando el conocido Hyperscreen, que recorre todo el ancho del interior. Pero como casi todo en Mercedes, es un elemento de pago extra.

El sistema es rápido, intuitivo y fácil de usar, tanto mediante gestos como por voz. Este último ha dado un salto importante, permitiendo incluso ajustar elementos como la altura de la suspensión neumática. Además, el sistema admite diferentes plataformas de inteligencia artificial, lo que anticipa una evolución interesante en el uso diario.

En el apartado mecánico, el protagonista inicial es el GLC 400 4Matic. Cuenta con dos motores, uno en cada eje, que entregan una potencia combinada de 489 CV y 800 Nm de par. El motor trasero es el principal, mientras que el delantero actúa como apoyo cuando es necesario. Un detalle técnico interesante es la presencia de una caja de cambios de dos velocidades en el motor trasero, algo poco habitual pero que mejora la eficiencia a velocidad de autovía.

El Mercedes GLC eléctrico apunta alto: más cómodo, más equilibrado y más lógico

Según los probadores, en marcha, el sistema es extremadamente suave. No se perciben los cambios de marcha y la entrega de potencia es contundente, pero siempre progresiva. Es un coche rápido, aunque no busca impresionar con aceleraciones bruscas, sino con una respuesta refinada y constante. Habrá más versiones en el futuro, incluyendo variantes aún más potentes.

La frenada regenerativa ofrece varios niveles, desde una retención intensa hasta una conducción casi por inercia. También cuenta con un modo automático que gestiona la recuperación de energía según la situación. En todos los casos, la transición entre frenada regenerativa y mecánica es imperceptible, algo que no siempre se consigue y que aquí transmite mucha confianza.

La batería tiene una capacidad neta de 94,5 kWh y funciona con arquitectura de 800 voltios. Sobre el papel, promete hasta 713 kilómetros de autonomía según ciclo WLTP. Sin embargo, en las primeras toma de contacto, el consumo registrado por la mayor parte de los medios, pruebas realizadas en una zona de montaña con perfil complejo, se ha movido en torno a los 22,5 kWh/100 km, lo que reduce la autonomía real a menos de 400 kilómetros.

Donde sí destaca es en la carga. Gracias a su sistema de 800 voltios, admite potencias de hasta 330 kW en corriente continua, lo que debería permitir recargas muy rápidas. En corriente alterna, ofrece 11 kW de serie y hasta 22 kW de forma opcional.

Un comportamiento más afinado que el EQE SUV

Mercedes GLC eléctrico

Si hay un punto donde este GLC sorprende especialmente es en su comportamiento dinámico. Durante las pruebas, ha demostrado ser un coche mucho más equilibrado que el EQE SUV, especialmente en configuraciones con suspensión neumática y dirección a las cuatro ruedas. En aquel modelo, estos sistemas generaban ciertas inercias y movimientos incómodos. Aquí, sin embargo, todo funciona de forma mucho más natural.

La suspensión filtra bien las irregularidades, manteniendo un alto nivel de confort, pero sin caer en excesos. En modo confort, todavía se percibe un ligero balanceo en grandes ondulaciones, pero nada preocupante. En modo sport, el coche se vuelve más firme y preciso, eliminando prácticamente ese efecto.

Lo más llamativo es la sensación de ligereza. A pesar de declarar un peso de 2.435 kg, el coche no transmite esa masa en conducción. Se mueve con agilidad, incluso en carreteras de curvas, y permite mantener ritmos elevados con facilidad. Solo al dejarlo rodar en modo de baja retención se aprecia su peso, ya que recorre largas distancias por inercia.

En cuanto a los sistemas de asistencia, el GLC viene muy completo. Todos funcionan correctamente, aunque el asistente de mantenimiento de carril no siempre mantiene el coche perfectamente centrado. Aun así, el nivel general está por encima de la media del segmento.

En definitiva, este primer contacto deja claro que Mercedes ha aprendido de sus errores. El GLC eléctrico no solo mejora claramente al EQC, sino que también corrige muchos de los puntos débiles del EQE SUV. Es más equilibrado, más cómodo y más coherente en su planteamiento. Un coche eléctrico que, sin hacer demasiado ruido, apunta a convertirse en una de las referencias del segmento.

Queda por ver si la propuesta es suficiente para competir contra propuestas tan competitivas sobre el papel como el nuevo BMW iX3, que será uno de sus principales rivales.

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