Los coches a hidrógeno podrían valer cero euros al cumplir 15 años

Una normativa europea establece un límite de vida útil para los depósitos de hidrógeno que puede complicar seriamente la reventa de estos vehículos; un nuevo obstáculo para una tecnología que sigue sin despegar; mientras el coche eléctrico continúa consolidando su posición en el mercado.

Los coches a hidrógeno podrían valer cero euros al cumplir 15 años

Publicado: 30/06/2026 10:04

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Durante años se ha presentado el coche de hidrógeno como una alternativa de futuro. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. La falta de infraestructura, unos precios disparados y una tecnología extremadamente cara han convertido esta propuesta en un mercado testimonial que, para muchos, no ha sido más que una forma de estirar la vida del coche de combustión frente al rápido avance del coche eléctrico.

Ahora, un reglamento europeo sobre la homologación de los sistemas de almacenamiento de hidrógeno amenaza con complicar todavía más el futuro de estos modelos. La normativa establece un límite de vida útil para los depósitos de hidrógeno que podría hacer prácticamente inviable su reventa una vez alcanzados los 15 años.

Un problema más para una tecnología que nunca terminó de despegar

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El Reglamento 134 de la Comisión Económica para Europa de Naciones Unidas, cuya primera versión fue publicada en 2019 y posteriormente actualizada sin cambios relevantes en este aspecto, fija los requisitos de homologación para los vehículos de hidrógeno.

Entre todas las medidas de seguridad destaca una especialmente importante: los nuevos sistemas de almacenamiento de hidrógeno comprimido con una presión de servicio igual o inferior a 70 MPa no podrán superar una vida útil de 15 años. Además, la fecha de retirada del servicio no podrá establecerse más allá de ese plazo desde su fabricación.

La norma habla específicamente de los nuevos sistemas de almacenamiento, por lo que no queda del todo claro qué ocurrirá con los coches matriculados antes de la entrada en vigor de esta regulación. Sin embargo, todo apunta a que los modelos homologados bajo esta normativa sí estarán sujetos a esta limitación.

Stellantis se carga sus modelos de hidrógeno

La consecuencia es evidente. Llegado ese momento, el propietario tendría que sustituir los depósitos por otros nuevos, una operación cuyo coste asciende a varios miles de euros. Un gasto muy difícil de justificar en unos vehículos que ya sufren una depreciación muy elevada y cuya demanda en el mercado de ocasión es prácticamente inexistente.

La situación resulta todavía más complicada si se observa el panorama comercial actual. En Europa apenas existen unas 150 estaciones de repostaje de hidrógeno, muchas de ellas destinadas a usos profesionales, lo que limita enormemente las posibilidades de utilización de estos vehículos.

A ello hay que sumar unos precios de adquisición que siguen siendo muy elevados. El Hyundai Nexo parte desde 71.100 euros, mientras que el Toyota Mirai arranca en 73.000 euros, ambos sin acceso a ayudas públicas en numerosos mercados. Por su parte, BMW continúa apostando por esta tecnología y mantiene sus planes para lanzar una versión de hidrógeno del BMW X5, pese a que el contexto comercial sigue deteriorándose.

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Pero los depósitos no son el único componente con una vida útil limitada. La pila de combustible, auténtico corazón del sistema de propulsión, también sufre desgaste con el paso del tiempo y su sustitución supone otro desembolso muy importante. Se trata de un sistema complejo fabricado con materiales compuestos y pequeñas cantidades de platino, lo que dispara todavía más los costes de reparación cuando llegan los años.

Todo ello dibuja un escenario poco alentador para quienes apostaron por esta tecnología. A la dificultad para repostar, el elevado precio del hidrógeno, la escasa oferta de modelos y una depreciación muy superior a la de cualquier coche eléctrico se suma ahora la incertidumbre sobre el coste de mantener operativo el vehículo una vez superada esa barrera de los 15 años.

En la práctica, esta normativa vuelve a poner sobre la mesa una realidad que el mercado lleva años reflejando. Mientras el coche eléctrico continúa aumentando sus ventas, reduciendo costes y ampliando su infraestructura de carga, el hidrógeno sigue acumulando obstáculos técnicos, económicos y comerciales. Una tecnología que prometía ser el futuro de la movilidad y que, en la práctica, ha terminado siendo una distracción que ha servido para retrasar la inevitable transición hacia el coche eléctrico.

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