
El sorprendente mapa del coche eléctrico: un país pobre arrasa y uno rico se queda atrás
El avance del coche eléctrico en el mundo deja datos sorprendentes y rompe muchos mitos; algunos países en desarrollo lideran la transición mientras potencias económicas avanzan muchísimo más despacio; el tamaño del mercado y las políticas públicas se perfilan como los factores que realmente determinan el ritmo de adopción.

El avance del coche eléctrico no sigue siempre el guion que muchos imaginaban. Que los ricos son los que llevan la delantera no siempre coincide con la realidad. Cuando se observan los datos de ventas de coches nuevos con cierta perspectiva, aparecen sorpresas bastante llamativas.
Un conjunto de cifras que está circulando estos días sobre la cuota de ventas de coches eléctricos en 2025, analizado en 52 países diferentes, revela que la realidad es mucho más compleja. Y es que en ese listado conviven definiciones distintas de lo que se considera “eléctrico”, mercados de tamaños radicalmente diferentes y estrategias políticas que marcan la diferencia.
Lo primero que queda claro al revisar los números es que la definición de coche eléctrico cambia según el país. En muchos informes, la categoría incluye tanto a los eléctricos puros como a los híbridos enchufables. En el caso de China, por ejemplo, se utiliza la denominación NEV, que engloba eléctricos puros, híbridos enchufables y también los eléctricos de autonomía extendida.

Eso significa que cuando se habla de que China ronda una cuota cercana al 53% de coches eléctricos en las ventas de coches nuevos, en realidad se está incluyendo todo ese conjunto de tecnologías. Lo mismo que el 19% de España, que incluye eléctricos puros (un 8.39% el año pasado) e híbridos enchufables. En cambio, el caso de Noruega es muy distinto: su impresionante 97% de cuota corresponde casi exclusivamente a coches eléctricos puros.
Esta diferencia en la forma de contar los datos es clave para entender las comparaciones internacionales. Si se mezclan categorías distintas, se puede dar la impresión de que algunos mercados están más avanzados o más retrasados de lo que realmente están.
El segundo factor que cambia completamente la lectura de los datos es el tamaño del mercado. A primera vista, ver que Nepal alcanza un 73% de cuota de coches eléctricos resulta impresionante. Y lo es, pero hay que tener en cuenta que se trata de un mercado muy pequeño en términos absolutos.
China, en cambio, con alrededor de un 53% de cuota, está hablando de un volumen gigantesco. El mercado chino de coches mueve cerca de 30 millones de vehículos al año, lo que significa que su número total de coches eléctricos vendidos es enorme. De hecho, China vende más coches eléctricos que muchos otros países juntos.

Esta diferencia de escala es fundamental porque es el volumen el que realmente transforma la industria. Las fábricas, las cadenas de suministro, el desarrollo tecnológico y la reducción de costes dependen del tamaño del mercado, no solo de los porcentajes.
Otro de los mitos que se derrumba al analizar estos datos es el de la geografía o la riqueza como factores determinantes. Hay ejemplos muy claros de países que, sin ser especialmente ricos, han acelerado de forma notable la adopción del coche eléctrico.
Nepal lidera con ese 73%, China ronda el 53%, mientras que otros mercados emergentes también están avanzando con rapidez. Tailandia alcanza aproximadamente el 21%, y Turquía ya se sitúa cerca del 17%.
Esto deja una conclusión bastante clara: las políticas públicas y la economía pesan mucho más que la ubicación geográfica o el nivel de riqueza del país. Cuando existen incentivos adecuados, una infraestructura que acompaña y modelos competitivos en precio, la adopción puede dispararse incluso en mercados en desarrollo.
En el otro extremo, hay países ricos que avanzan a un ritmo mucho más lento de lo que cabría esperar. El caso más sorprendente probablemente sea el de Japón.

A pesar de ser una de las economías más potentes del planeta y un gigante histórico del automóvil, Japón apenas alcanza una cuota del 3% de coches eléctricos en las ventas de coches nuevos. Una cifra que lo sitúa prácticamente en la parte baja de la clasificación global.
Este dato demuestra que la riqueza por sí sola no impulsa la electrificación. La estrategia industrial, las regulaciones y la apuesta de los fabricantes nacionales tienen un peso mucho mayor.
Otro aspecto interesante que aparece al observar la evolución de algunos países europeos es la existencia de un posible punto de inflexión en torno al 60% de cuota de mercado. Una vez que los coches eléctricos superan ese umbral, las ventas de modelos de combustión empiezan a caer con rapidez.
Hay varios ejemplos que parecen confirmar esta tendencia. Dinamarca ya se sitúa en torno al 69%, Suecia alcanza aproximadamente el 61%, mientras que Países Bajos y Finlandia se mueven alrededor del 56%.

Estos mercados parecen estar entrando en lo que algunos analistas llaman la fase final de la transición. En ese punto, el coche de combustión comienza a perder atractivo rápidamente frente a alternativas eléctricas cada vez más competitivas.
Sin embargo, el verdadero protagonista de esta transformación global sigue siendo China. Su cuota cercana al 53% de coches eléctricos en un mercado de decenas de millones de vehículos supone el mayor cambio industrial que ha vivido el sector del automóvil en su historia reciente.
Si China cruza el umbral del 60% o 65%, el impacto podría ser enorme. No solo dentro de sus fronteras, sino en toda la cadena de suministro global. Fabricantes de baterías, proveedores de componentes, desarrolladores de software y marcas de automóviles tendrían que adaptarse a un nuevo escenario dominado por la electrificación.
En ese momento, la presión sobre los motores de combustión sería mucho mayor. No porque desaparezcan de la noche a la mañana, sino porque la economía de escala empezaría a inclinarse claramente hacia el coche eléctrico.
La historia del automóvil está llena de ejemplos de cambios tecnológicos que parecían lentos durante años… hasta que de repente se aceleraban. Y los datos actuales sugieren que el coche eléctrico podría estar acercándose precisamente a ese punto de inflexión.
La inercia de la industria tradicional sigue siendo fuerte, especialmente en algunos mercados donde los fabricantes históricos mantienen una gran influencia. Pero la disrupción tecnológica rara vez espera a que todos estén preparados.
Y a juzgar por la evolución de algunos países, esa transición ya está en marcha.


