Toyota vuelve a prometer 1.000 kilómetros de autonomía con su batería sólida… ¿ahora sí?

Toyota asegura que su batería con electrolito sólido ofrecerá autonomías amplias y potente carga rápida. La marca ya ha iniciado una planta piloto y fija su llegada a finales de la década pero tras años de anuncios similares, el escepticismo sigue muy presente.

Toyota vuelve a prometer 1.000 kilómetros de autonomía con su batería sólida… ¿ahora sí?
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Publicado: 12/02/2026 11:00

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A Toyota se le ha criticado durante años por su lentitud en la transición al coche eléctrico. Mientras fabricantes chinos y estadounidenses aceleraban lanzamientos y multiplicaban su oferta, el gigante japonés insistía en su estrategia híbrida y en el hidrógeno. Ahora, vuelve a la carga con una promesa que suena a titular redondo: una batería de estado sólido con hasta 1.000 kilómetros de autonomía.

No es la primera vez que escuchamos algo así. De hecho, hace tres años ya hablamos de los planes de Toyota con las baterías sólidas y su calendario teórico de llegada al mercado, que por ahora sigue siendo eso, teórico. La diferencia es que esta vez la marca asegura haber dado un paso más con el arranque de una planta piloto en colaboración con la petrolera japonesa Idemitsu Kosan.

Toyota cerró 2025 con 11,3 millones de vehículos vendidos, revalidando su título como mayor fabricante mundial por sexto año consecutivo. Un dato que refuerza la estrategia defendida por Akio Toyoda, basada en un enfoque multienergía en lugar de apostar todo al coche eléctrico. Con esa fortaleza financiera, la marca asegura estar lista para afrontar el siguiente salto tecnológico: la batería con electrolito sólido.

Para ello se ha aliado con Idemitsu Kosan. Puede parecer chocante que un fabricante de coches eléctricos se apoye en una petrolera, pero la clave está en el azufre. Idemitsu genera grandes cantidades de este material como subproducto del refinado, y el azufre es esencial en los electrolitos sólidos de tipo sulfuro, que Toyota considera más fáciles de fabricar en masa por su flexibilidad y rendimiento. El pasado 29 de enero de 2026 ambas compañías iniciaron la construcción de una planta piloto que producirá varios cientos de toneladas anuales de electrolito sólido.

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Sobre el papel, el planteamiento es ambicioso. Toyota habla de 1.000 kilómetros de autonomía y recargas del 10% al 80% en apenas 10 minutos, con una posible llegada entre 2027 y 2028. Cifras que, de cumplirse, pondrían patas arriba el mercado del coche eléctrico. Pero lo cierto es que la marca lleva más de una década anunciando avances inminentes en este campo sin que ninguno haya llegado aún a producción en serie.

Más llamativa todavía es la promesa sobre la durabilidad. Según Toyota, estas baterías podrían tener una vida útil de hasta 40 años manteniendo el 90% de su capacidad. Es decir, cuatro veces más que una batería de ion-litio actual y que supondría que el coche podría pasar de generación en generación y seguir funcionando, o que la batería pueda ser usada en varios modelos según se vaya terminando la vida útil del propio coche.

Para reforzar su posición, Toyota también ha cerrado acuerdos con Sumitomo Metal Mining para el desarrollo de materiales de cátodo de alto rendimiento, clave en ciclos de carga ultrarrápidos. La producción en serie de estos componentes está prevista para 2028. Con ello, el fabricante pretende asegurar el suministro tanto del electrolito como de los materiales activos, reduciendo su dependencia de proveedores chinos y surcoreanos, que hoy dominan el mercado de baterías.

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El mensaje es claro: Toyota no quiere limitarse a seguir el ritmo, sino redefinir el estándar del coche eléctrico. Sin embargo, el escepticismo es inevitable. La compañía ha sido especialmente prudente —por no decir reacia— a apostar fuerte por el coche eléctrico a batería, defendiendo que la tecnología actual tenía limitaciones de autonomía, tiempos de carga y durabilidad. Ahora asegura que todas esas barreras desaparecerán de golpe con la batería sólida.

Habrá que ver si esta vez el calendario se cumple. Porque entre la planta piloto y la producción masiva hay un mundo, y la historia reciente nos ha enseñado que los anuncios sobre baterías revolucionarias suelen adelantarse muchos años a la realidad. Toyota tiene músculo financiero, socios industriales potentes y experiencia en producción a gran escala. Lo que falta es que las promesas se traduzcan en coches eléctricos reales en los concesionarios.

Si finalmente logra poner en la calle un modelo con 1.000 kilómetros reales de autonomía, cargas ultrarrápidas y una batería casi eterna, estaremos ante un punto de inflexión. Hasta entonces, toca prudencia. Porque en el terreno de las baterías sólidas, Toyota lleva mucho tiempo prometiendo el futuro. Y el futuro, de momento, sigue sin llegar.

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