
Ayudas a los coches eléctricos de "segunda mano": ¿buena o mala idea?
Alemania ha propuesto una ayuda a coches eléctricos usados como puerta a que el acceso sea más fácil a las rentas bajas, pero lops expertos advierten de posibles distorsiones de precios y doble subvención. El debate se ha abierto de nuevo en este aspecto.

A finales de diciembre de 2025 se filtró que el Ministerio alemán de Medio Ambiente de Alemania estaba estudiando una ayuda de compra para coches eléctricos de segunda mano. La propuesta se analizó, se debatió. Pero cuando el Gobierno alemán presentó su nuevo plan de ayudas al coche eléctrico, quedó claro que los modelos usados se quedaban, de momento, fuera del reparto.
El argumento oficial fue directo: el mercado de ocasión todavía no es lo bastante grande. Según el ministro Carsten Schneider, la prioridad pasa por los coches nuevos, tanto por volumen como por impacto industrial. Una postura comprensible, aunque no exenta de polémica. Eso sí, la puerta no está cerrada del todo. Desde el propio ministerio reconocen que el tema seguirá sobre la mesa y que no hay una decisión definitiva.
Y ahí es donde empiezan las dudas de verdad. Porque una cosa es la buena intención y otra muy distinta meterse en un terreno lleno de trampas legales y económicas. Varios expertos ya han levantado la mano para pedir calma, entre ellos Franz Loogen, director de la agencia de innovación e-mobil BW, que no se anda con rodeos: una ayuda mal diseñada para coches eléctricos usados puede acabar siendo un problema mayor que una solución.
El riesgo de pagar dos veces y de romper el mercado

Para los expertos, el primer problema es bastante evidente: la doble subvención. ¿Tiene sentido que un coche eléctrico que ya recibió una ayuda cuando era nuevo vuelva a ser subvencionado en su segunda vida? Desde el punto de vista jurídico, el asunto no está nada claro. Loogen recuerda que en otros ámbitos, como la investigación o la industria, existen reglas muy estrictas para evitar que un mismo proyecto cobre ayudas dos veces.
Si no se deja bien atado desde el principio, el programa podría ser impugnable legalmente y acabar costando dinero extra al contribuyente. Por eso, una de las condiciones mínimas debería ser excluir de la ayuda a los coches eléctricos que ya fueron subvencionados en su compra original. Además, habría que proteger al comprador ante posibles reclamaciones futuras. Nadie quiere llevarse una sorpresa desagradable años después.
Pero los problemas no acaban ahí. Desde el punto de vista económico, Loogen lanza otra advertencia clave: el precio de un coche usado no lo marcan los costes, sino el mercado. Muchos coches eléctricos que se vendieron caros hace unos años hoy están tecnológicamente desfasados, y eso se refleja en su valor. Es la propia oferta y demanda la que ajusta el precio hasta que el coche vuelve a ser atractivo.
Introducir una ayuda pública en ese punto, según el analista, puede inflar artificialmente los precios, sostener valores que no son reales y generar un efecto rebote peligroso. Cuando la subvención desaparece, los precios caen con más fuerza. Algo que ya hemos visto en otros mercados y con otras ayudas. En palabras del propio Loogen, intervenir cuando el mercado funciona es distorsionar un equilibrio que ya se corrige solo.

Las ayudas a los coches de ocasión, según los expertos, no solo afectan al comprador. Fabricantes y concesionarios tienen que ajustar el valor de sus vehículos en balance cuando el mercado cae. Es incómodo, pero es lo correcto. Alterar ese proceso puede acabar generando tensiones innecesarias en toda la cadena.
No hay que olvidar tampoco el contexto industrial. En Alemania, la nueva ayuda a coches eléctricos nuevos busca reactivar fábricas, asegurar pedidos y proteger empleo. El paquete incluye una prima base, complementos familiares y una parte social ligada a los ingresos. En el mejor de los casos, el comprador puede llegar a recibir hasta 6.000 euros. Otra cosa es que el sistema, con tantos tramos y condiciones, acabe siendo realmente eficaz.
Pero por el otro lado, los que defienden la propuesta indican que se trata de la forma más fácil y rápida de que las rentas bajas puedan acceder a un coche eléctrico. Una forma de movilidad sostenible y económica que logra su mayor impacto cuando llega a las familias con menos recursos, y que muchas veces se ven ahogadas por los costes operativos de los modelos de combustión.
Es por eso que el debate está servido. Por un lado los que defienden que no haya ayudas, ya que pueden distorsionar el mercado, algo que conocemos muy bien en España con nuestro desastre de programa de ayudas intermitente. Pero por el otro, muchos coches de ocasión podrían ver como su precio de venta bajase lo suficiente como para ser una opción muy interesante para más economías, algo que además tendría su efecto en el mercado de coches nuevos. Un mercado que sin un movimiento eficaz en el de ocasión puede frenarse.
El debate está servido.


