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La otra cara de la electrificación masiva de China

Como hemos contado muchas veces, China está desarrollando un plan muy ambicioso para la electrificación completa de todos los vehículos que circulan por su territorio con objetivo de reducir los altos niveles de gases tóxicos que copan su aire todos los días. El gobierno chino ha puesto en marcha una serie de medidas y prohibiciones con el fin de completar la transición energética lo antes posible que afectan sobre todo a los fabricantes de automóviles.

Una de las medidas más importantes es la de la obligación de que el 10% de ventas de vehículos de una marca sean coches impulsados por energía eléctrica para el año que viene, cifra que pretende aumentar hasta el 20% para el año 2025. Por esto, los fabricantes han empezado a sacar modelos eléctricos en tiempo récord para cumplir con esta cuota.

Este ansia de los fabricantes por electrificar todos sus modelos (que no son pocos) se está viendo reflejado en una amplia oferta que está haciendo crecer las ventas de estos vehículos de forma exponencial mes a mes. Todo ello con el objetivo de limpiar el aire altamente contaminado.

Esta prisa por reducir la dependencia del país del petróleo y carbón choca con la postura hace unos años de pasividad del Gobierno respecto a la contaminación, que llevó a China a no firmar el Protocolo de Kyoto y que lo convirtió en el primer país emisor de gases contaminantes, con una tasa del 26% de contaminación mundial.

La pregunta es: ¿de dónde sacará China tanta producción eléctrica para abastecer los cada vez más numerosos puntos de recarga de vehículos eléctricos? La inmensa mayoría de centrales generadoras de electricidad del país son centrales térmicas alimentadas por carbón o gasoil y vista la previsión de demanda de corriente para los próximos años, tendrán que aumentar su capacidad de producción.

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Tampoco se ha visto un compromiso firme desde las autoridades chinas de la conversión de sus plantas de energía a la utilización de fuentes de energía más limpias como la solar o eólica. Entonces, ¿qué resultados podremos esperar de la electrificación de su parque móvil si van a tener que consumir más combustibles fósiles para generar la electricidad necesaria para alimentarlo?

No queremos poner en duda la necesaria electrificación de la mayor parte del parque móvil de un país, de hecho es el camino más viable a día de hoy para reducir drásticamente los niveles de contaminación del planeta. Pero no el único. La reconversión de los automóviles a máquinas más limpias tiene que ir acompañada de la reconversión del resto de fuentes emisoras de gases tóxicos. Porque de nada sirve reducir las emisiones de un lado si se aumentan de otro, y no queda mucho margen de maniobra.

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