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Los coches eléctricos son mucho menos contaminantes que los de combustión, incluso cuando la electricidad procede de fuentes sucias

Un estudio de Bloomberg indica que los coches eléctricos tienen menos emisiones incluso teniendo en cuenta la producción de su batería

Hay un mantra entre los críticos con el coche eléctrico, y es que estos indican que el impacto ambiental es mayor que los diésel o gasolina, sobre todo por la producción de su batería y la generación eléctrica con fuentes sucias como el carbón o el gas para su producción y carga. Pero un nuevo estudio indica que incluso en los peores escenarios esto no es cierto, y además la diferencia es cada vez más grande a favor de los eléctricos gracias a la transición hacia las energías renovables.

El último informe que confirma este extremo lo ha publicado Bloomberg, que ha llegado a la conclusión de que “en todos los casos analizados, los coches eléctricos tienen consistentemente menores emisiones durante su ciclo de vida que los vehículos con motor de combustión interna«.

Además, los analistas de Bloomberg añaden que la diferencia seguirá creciendo a favor de los eléctricos según avance la década, por el aumento de la producción con energías renovables y el descenso imparable del gas y el carbón.

Como se puede ver en el gráfico inferior, el nivel de ahorro de emisiones de los coches eléctricos depende de factores como la cantidad de kilómetros que recorren, y también el mix de la red eléctrica. Cuantos más kilómetros y cuánta mayor cantidad de renovables, mayor es la diferencia.

Actualmente, según Bloomberg, los coches eléctricos a batería (BEV) generan muchas emisiones al principio de su vida debido al impacto que supone la producción de sus baterías.

La mejora del proceso de fabricación, más concretamente lo anteriormente comentado de las baterías, tiene un impacto inmediato en las emisiones generales del ciclo de vida de los eléctricos.

También se espera que el reciclaje de las baterías ayude a reducir la huella de emisiones, al igual que la fabricación de las mismas cerca de los centros de producción de vehículos y de sus mercados de destino, lo que ayudará a rebajar las emisiones asociadas con el transporte.

Sin embargo, cuando un coche eléctrico llega a la carretera, la intensidad de sus emisiones se desploma en comparación con los vehículos de combustión interna, debido principalmente a las fuertes emisiones de los modelos diésel o gasolina.

Bloomberg analizó cinco regiones distintas: Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido y Japón. En general, las emisiones de CO2 durante el ciclo de vida de un eléctrico medio fabricado hoy y que recorra 250.000 kilómetros, serían entre un 21 y un 71% más bajas que las de un vehículo de combustión equivalente.

El punto de equilibrio cuando un eléctrico resulta más limpio desde el punto de vista operativo que un vehículo de combustión depende de la cuota de energías renovables en la red.

Por ejemplo, un conductor en Estados Unidos sólo necesita viajar 41.000 km, o un equivalente de dos años, mientras que en China, la distancia recorrida aumenta a 118.000 km, o alrededor de 10 años. Esto se debe a la todavía fuerte presencia del carbón y el gas en el mix eléctrico chino.

Sin embargo, de cara al futuro, a medida que las redes de energía se vuelvan más limpias, este punto de equilibrio comenzará a reducirse de forma imparable.

Para un eléctrico fabricado en 2030, Bloomberg predice que un conductor en Estados Unidos sólo necesitará viajar unos 21.000 km para alcanzar el punto de equilibrio, mientras que un conductor en China necesitará conducir 53.000 km.

En este punto, los analistas de Bloomberg ponen sobre la mesa algunas variables, ya que incluso dentro del mismo país, las emisiones dependerán de los hábitos de cada usuario. Ponen como ejemplo el propietario de un coche eléctrico en California, cuyas emisiones al cargar el vehículo durante el día, con fuerte aportación de la energía solar, serán la mitad que si carga por la noche.

En otros lugares, donde la aportación de la solar es menor y cuentan con mayor generación producción con energía eólica, será al revés.

La conclusión es que incluso en el peor de los casos, un coche eléctrico tendrá menores emisiones incluyendo su fabricación y la de su batería. Una batería que además una vez terminada su vida útil podrá continuar funcionando como respaldo de las redes eléctricas o en una vivienda, y al terminar esa fase, puede ser reciclada para dar forma a una nueva batería.

Unas emisiones en su producción que no hacen más que reducirse con el paso de los años y el incremento de las energías renovables en todo el mundo, pero también por la evolución de alternativas a las baterías de litio tradicionales, con opciones como el litio-ferrofosfato, que prescinde de cobalto o níquel entre otras cosas, o las nuevas celdas de sodio, que incluso eliminan el propio litio.

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