
Adiós al motor de combustión: así será la transición en España hasta 2040
El mercado español comienza a girar claramente hacia la electrificación; los motores tradicionales pierden peso, especialmente llamativo el hundimiento de los diésel, mientras los coches eléctricos avanzan de forma constante; las previsiones apuntan a una adopción masiva en la próxima década, aunque todavía con margen de mejora.

El mercado del automóvil en España está viviendo una transformación silenciosa, pero constante. Durante años, los motores de combustión han dominado sin oposición, con el diésel llegando a representar cerca del 30% del mercado. Hoy, esa realidad se desmorona poco a poco, y los datos dejan claro que estamos ante un cambio estructural que ya no tiene vuelta atrás.
Si echamos la vista atrás, la caída del diésel es probablemente el mejor ejemplo de este cambio. En apenas una década ha pasado de ser protagonista a quedarse al borde de lo anecdótico, con una cuota que se acerca peligrosamente al 5%. Un desplome que no ha sido sustituido directamente por los coches eléctricos, sino primero por los híbridos, que han actuado como tecnología puente.

Actualmente, el grueso del mercado sigue en manos de los motores térmicos, pero con matices. En febrero de 2026, los coches con motor de combustión todavía representaban un 78,4% de las matriculaciones, aunque dentro de este grupo los híbridos no enchufables ya suponen casi la mitad, con un 48,0% del total. Es decir, el motor tradicional puro cada vez pesa menos.
Mientras tanto, los coches eléctricos siguen creciendo, aunque a un ritmo que muchos consideran insuficiente. En ese mismo periodo, los eléctricos puros alcanzaban un 9,2%, mientras que los híbridos enchufables llegaban al 12,5%. Sumando ambas tecnologías, ya estamos hablando de más de un 20% del mercado con algún tipo de electrificación real.
España ya ha empezado el cambio: ahora falta acelerar

Lo interesante no es tanto la foto actual, sino la tendencia. Si analizamos la evolución de los últimos años, vemos cómo los coches eléctricos han pasado de ser prácticamente residuales en 2016 a acercarse al 10% en 2026. Un crecimiento lento, sí, pero constante y, sobre todo, sostenido.
Los datos acumulados de los últimos 12 meses muestran un desplazamiento claro: gasolina y diésel pierden terreno año tras año, mientras que los híbridos y los coches eléctricos ganan peso. En este contexto, los híbridos están actuando como una especie de “zona de transición” para muchos conductores que todavía no se atreven a dar el salto completo.
Pero hay otro dato clave que invita a mirar más allá. Según las proyecciones actuales, España necesitará unos 14 años y medio para pasar de un 20% a un 80% de cuota de coches eléctricos en nuevas matriculaciones. Puede parecer mucho tiempo, pero en términos industriales es un cambio extremadamente rápido.

Si seguimos esta tendencia, en 2030 los coches eléctricos podrían situarse en torno al 20%-25% de las ventas, lo que supondría un salto importante respecto a la situación actual. A partir de ahí, el crecimiento se acelerará, entrando en una fase de adopción masiva donde el mercado puede cambiar mucho más rápido de lo que estamos viendo ahora.
Para 2035, no sería descabellado hablar de una cuota cercana al 40%-50%, coincidiendo además con las restricciones europeas a la venta de coches de combustión. Y si las previsiones se cumplen, en torno a 2040 los coches eléctricos podrían superar claramente el 60% del mercado, acercándose a ese punto de inflexión donde pasan de ser alternativa a convertirse en norma.
Este proceso, eso sí, no será lineal. Dependerá de factores como el precio de los coches eléctricos, el desarrollo de la infraestructura de carga o las políticas públicas. También influirá la llegada de nuevas tecnologías, como las baterías con electrolito sólido, que prometen mejorar autonomía, tiempos de carga y costes.
Lo que parece evidente es que el motor de combustión está entrando en una fase de declive estructural. Primero fue el diésel, ahora le toca a la gasolina. Y aunque todavía representan la mayoría del mercado, cada año que pasa pierden relevancia frente a una electrificación que avanza sin hacer demasiado ruido, pero sin pausa.
En este escenario, España va algo por detrás de otros países europeos, pero la tendencia es la misma. El cambio ya ha empezado y, aunque todavía queden años de convivencia entre tecnologías, el destino final está bastante claro.


