Europa prepara un cambio fiscal que podría acelerar aún más el coche eléctrico en las flotas

En Europa se está gestando un movimiento que, sin hacer mucho ruido mediático, podría tener un impacto enorme en el mercado del automóvil.

Europa prepara un cambio fiscal que podría acelerar aún más el coche eléctrico en las flotas

Publicado: 25/05/2026 18:00

4 min. lectura

Varios grupos del Parlamento Europeo —con especial impulso de los socialdemócratas— están explorando una idea bastante directa: reducir de forma importante las ventajas fiscales de los coches de empresa con motor de combustión y concentrar esos beneficios en los eléctricos a partir de 2028. No es un cambio menor. Si llega a aplicarse, puede alterar por completo cómo se eligen los coches en las empresas europeas.

El coche de empresa: donde realmente se decide el mercado

Aunque no siempre se perciba desde fuera, el coche de empresa es uno de los pilares del mercado automovilístico en Europa. Cada año, una gran parte de las matriculaciones nuevas depende directamente de flotas corporativas, renting, leasing o vehículos de representación. Y muchos de esos coches acaban, unos años después, en el mercado de segunda mano. Por eso este segmento tiene un efecto dominó: lo que pasa en las flotas hoy, determina qué coches habrá disponibles y a qué precio dentro de unos años.

Europa prepara un cambio fiscal que podría acelerar aún más el coche eléctrico en las flotas
El Parlamento Europeo debate retirar los incentivos fiscales a los vehículos de empresa de combustión en favor de las flotas 100% eléctricas a partir de 2028.

La ventaja eléctrica ya existe… pero podría ampliarse

Hoy los eléctricos ya parten con una posición claramente favorable en términos fiscales. En países como Alemania, un coche de empresa eléctrico de hasta 100.000 euros puede tributar como beneficio en especie al 0,25%, mientras que un coche de combustión se mantiene en el entorno del 1%.

La nueva propuesta iría un paso más allá: endurecer el tratamiento fiscal de los vehículos de combustión en flotas, haciendo que la elección deje de ser neutra desde el punto de vista económico.

En la práctica, la decisión dejaría de basarse solo en preferencias de empresa o conductor y pasaría a estar mucho más guiada por el coste. El impacto real de esta medida no se quedaría en los departamentos de flotas. El efecto más importante llegaría más tarde, cuando esos coches salgan al mercado de segunda mano.

Las empresas son una de las principales fuentes de vehículos de ocasión en Europa. Si empiezan a comprar más eléctricos, dentro de unos años habrá más eléctricos usados disponibles y, en teoría, más asequibles. Y eso ataca uno de los grandes problemas actuales del coche eléctrico: la falta de oferta barata en el mercado de ocasión.

El movimiento llega además en un contexto bastante delicado para la industria. Europa sigue debatiendo el futuro de la prohibición de vender coches de combustión en 2035, mientras introduce medidas fiscales y regulatorias que empujan en la dirección contraria al motor térmico.

Eso está generando tensiones entre fabricantes, gobiernos y distintos bloques políticos, en un momento en el que la competencia global —especialmente desde China— también está aumentando la presión sobre el sector. Si esta reforma fiscal sale adelante, el cambio no sería inmediato, pero sí estructural.

Las empresas ajustarían sus flotas hacia el eléctrico por pura lógica de costes, el mercado de segunda mano empezaría a llenarse de más eléctricos con el tiempo, y los fabricantes tendrían que acelerar aún más su oferta en este segmento.

No sería una revolución visible de un día para otro. Pero sí uno de esos movimientos silenciosos que, con los años, acaban cambiando por completo el mercado. Y en este caso, el punto de partida no sería una nueva tecnología. Sino la fiscalidad.

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