
La guerra de precios en China se intensifica pese a los avisos del gobierno
El mercado chino del automóvil vuelve a vivir una intensa batalla de precios en el inicio de 2026. Las marcas ajustan precios y lanzan incentivos para dar salida a un exceso de stock persistente a pesar de las amenazas del gobierno de Pekín de evitarlo. Algo que tendrá consecuencias en Europa.

China vuelve a convertirse en el epicentro de la guerra de precios, y esta vez ni siquiera las advertencias del Gobierno parecen estar frenando a los fabricantes. El arranque de 2026 está siendo especialmente agresivo, con las principales marcas bajando precios y lanzando incentivos para dar salida a un mercado claramente saturado. Un escenario que amenaza con aumentar la saturación y la obligación de buscar alternativas fuera de China, con Europa como principal objetivo.
Hace unos días veíamos como BMW había recortado los precios de 31 modelos que vende en China. con reducciones de hasta el 24%. Desde BMW aseguran que se trata de una revisión dentro de su política habitual de gestión de precios. La marca insiste en que el precio final sigue dependiendo de la negociación entre el concesionario y el cliente, algo que en China suele ser casi un deporte nacional. Aun así, el mensaje es claro: hay que vender coches, cueste lo que cueste.
Este tipo de movimientos ya no se limita a las marcas premium. Concesionarios vinculados a las empresas conjuntas de Volkswagen y General Motors también han reactivado descuentos y ofertas a precio cerrado en varios modelos desde la primera semana del año, según medios locales. La presión competitiva se está extendiendo por todo el mercado, y nadie quiere quedarse atrás.

La paradoja es evidente si se compara con otros mercados como el estadounidense, donde los compradores se enfrentan a precios cada vez más altos. En China ocurre justo lo contrario: los precios de los coches nuevos no dejan de caer, empujados por un exceso de oferta y una demanda que no termina de despegar. En noviembre, las ventas volvieron a caer por segundo mes consecutivo, según la Asociación China de Turismos, dejando a los fabricantes con un stock cada vez más incómodo.
Ante este escenario, las autoridades chinas intentaron reaccionar en diciembre. El organismo regulador del mercado presentó un borrador de directrices para frenar las rebajas extremas, incluyendo la prohibición de vender por debajo del coste de producción y de aplicar incentivos que acaben empujando el precio real por debajo de ese umbral. El objetivo es evitar una espiral deflacionista que termine dañando a toda la cadena industrial, desde los proveedores de componentes hasta los salarios de los trabajadores.
Sin embargo, la realidad es que los fabricantes están sorteando estas líneas rojas con bastante habilidad. Según varios analistas, no se estaría vendiendo realmente por debajo de coste, sino ajustando los precios recomendados para acercarlos a lo que ya se estaba pagando en la práctica tras largas negociaciones en los concesionarios. De este modo, técnicamente no se entra en el terreno prohibido por Pekín.

Desde el punto de vista de los concesionarios, estas rebajas oficiales alivian parte de la presión. Un precio de partida más bajo reduce la necesidad de seguir descontando en el último tramo de la negociación. El problema es que los compradores chinos saben que el mercado está débil y no dudan en apretar aún más, mientras los vendedores miran de reojo sus objetivos trimestrales.
Y lo peor, o lo mejor según se mire, es que esto solo acaba de empezar. Con el Año Nuevo chino a la vuelta de la esquina y los objetivos del primer trimestre en juego, todo apunta a que veremos aún más incentivos en las próximas semanas. No siempre en forma de bajadas directas de precio, pero sí mediante fórmulas financieras y extras de equipamiento.
Tesla, por ejemplo, ha lanzado planes de financiación a siete años con intereses muy bajos, además de una opción a cinco años sin intereses. Xiaomi está ofreciendo préstamos sin intereses durante tres años para su YU7, junto con mejoras de equipamiento para el SU7 Ultra, como elementos en fibra de carbono. Otras marcas, como Chery, están apostando por ayudas directas a la entrega de vehículos usados, respaldadas por fábrica, para compensar la reducción de las subvenciones públicas.
En total, al menos 14 marcas han activado algún tipo de descuento o incentivo desde que empezó 2026, una cifra que deja claro que el problema es estructural y no coyuntural. Más allá de campañas puntuales, todo indica que este nivel de presión promocional ha llegado para quedarse.
Una señal de que la competencia es cada vez más brutal en China, lo que acelerará los planes de expansión internacional de sus grupos, y dentro de sus principales objetivos está una Europa donde las marcas locales siguen con el freno de mano puesto apostando por el motor de combustión y tendiendo una alfombra roja a la llegada de aquellos que si quieran vender coches eléctricos.


