Esta es la experiencia de un cliente después de 12.000 km con un Peugeot e208

Frédéric, un profesor marsellés de ingeniería eléctrica, decidió deshacerse de un Volkswagen Golf GTE (híbrido enchufable) y sustituirlo por un coche eléctrico, concretamente el Peugeot e208. El negocio no le salió muy mal que digamos, solo tuvo que poner 41 euros. El departamento de Bocas del Ródano (Francia) le subvencionó con 5.000 euros, el Estado con otros 7.000, el concesionario con 1.000 euros y un 5% de descuento. Y entregar el Golf, claro.

Tal y como lo configuró, le habría costado más de 40.000 euros, pero Francia da muy jugosas ayudas a nivel central y por demarcaciones administrativas. En un año ha recorrido 12.000 km, es su segundo coche, ya que mantiene uno térmico -que no se llega a mencionar siquiera- para todo lo que son viajes largos. Para el día a día, y lo que vienen siendo el 90% de sus necesidades, el e208 le viene como un guante.

Tiene un trayecto de 60 km ida y otros 60 km vuelta, así que recarga cada dos o tres días, cada vez que ve las baterías por debajo del 40%, y procurando no cargar más allá del 80% por recomendación de Peugeot. No usa recarga rápida, aunque dispone de un cargador de 22 kW en casa y otras dos tomas convencionales. Los 100 kilómetros le salen a 3 euros, que para ser Francia está bien, cargando fuera de hora punta.

La autonomía que obtiene es de 250 kilómetros, un poco lejos de los 360 km WLTP que homologa este modelo. Cuando más le consume es en los días muy fríos, hasta que las baterías quedan acondicionadas, y a velocidad de autopista, cuando hace más de 20 kWh/100 km. Esto es algo normal en un compacto de carrocería corta, no es lo más óptimo desde el punto de vista aerodinámico. Su consumo habitual es de 16-17 kWh/100 km.

Se queja de lo tedioso que es recargar en ruta (apertura de múltiples cuentas, puntos de recarga fuera de servicio…), de que siendo tan silencioso cualquier ruidito del interior se escucha (la calidad de los plásticos no es la mejor, pese al precio del coche), que la pintura (750 euros cuesta ese azul) es muy delicada o que no es uniforme la dosificación del freno (dependen de la temperatura, velocidad y estado de carga). También echa de menos limitar la carga a cierto porcentaje, o que la instrumentación sea más informativa.

Seguramente el segundo vehículo de Frédéric será otro eléctrico, concretamente un Volvo XC40 Recharge, que tampoco está muy lejos en cuanto a autonomía, 418 km WLTP. Se considera un embajador del coche eléctrico y se ha abonado a la conducción con un pedal, el silencio o la conducción divertida y ágil, dice recordarle al 205 GTI de los años 80.

Visto lo visto, podría decirse que es un cliente satisfecho.

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