Diez países ya superan el 50% de cuota de coches eléctricos

Diez países de cuatro continentes ya han superado el 50% de cuota para los coches eléctricos, una cifra que cuestiona antiguas previsiones de la industria; mientras la electrificación avanza, el ecosistema que sostiene al coche de combustión comienza a mostrar signos de debilidad y nerviosismo.

Diez países ya superan el 50% de cuota de coches eléctricos

Publicado: 11/06/2026 16:00

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Hace apenas tres años, el presidente de Toyota, Akio Toyoda, defendía que los coches eléctricos difícilmente superarían el 30% de las ventas mundiales de vehículos nuevos durante el próximo siglo. Una previsión que, vista desde 2026, ha envejecido bastante mal.

La realidad es que ya son diez los países que han superado el 50% de cuota de mercado para los coches eléctricos. Y no hablamos de ciudades concretas ni de regiones especialmente avanzadas, sino de países completos repartidos por cuatro continentes distintos. Una señal cada vez más evidente de que la electrificación del transporte está avanzando a un ritmo mucho más rápido del que muchos fabricantes tradicionales habían previsto.

Noruega continúa siendo el referente absoluto, con una cuota cercana al 98% para los coches eléctricos. Muy por detrás, aunque igualmente con cifras impresionantes, aparecen Dinamarca con un 82%, Nepal con un 76%, Etiopía con un 60%, Suecia con un 59%, China con un 57%, Uruguay con un 57%, Países Bajos con un 55%, Islandia con un 51% y Finlandia alcanzando ya el 50%.

Diez países ya superan el 50% de cuota de coches eléctricos

Más allá del error de cálculo de Akio Toyoda, estos datos reflejan un fenómeno mucho más profundo. Durante años, gran parte de la industria ha intentado proteger un modelo de negocio construido alrededor del motor de combustión, el petróleo y una extensa red de servicios asociados. Mientras tanto, la tecnología eléctrica ha seguido evolucionando en segundo plano, mejorando su autonomía, reduciendo costes y ampliando su capacidad de producción.

Lo que estamos viendo ahora es el resultado de ese crecimiento constante. La transición no avanza de forma lineal. Durante un tiempo parece lenta, pero cuando alcanza un determinado punto de madurez comienza a acelerarse de forma muy rápida. Lo que hoy sucede en Noruega podría parecer incluso pausado dentro de unos años si la tendencia actual se mantiene.

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Uno de los aspectos menos analizados de esta transformación es el impacto que tiene sobre toda la infraestructura vinculada al motor térmico. Muchos estudios parten de la idea de que los vehículos de combustión simplemente desaparecerán a medida que envejezcan y sean sustituidos por alternativas eléctricas. Sin embargo, la realidad puede ser bastante diferente.

A medida que aumenta la cuota de los coches eléctricos comienzan a aparecer efectos secundarios que aceleran el proceso. Las estaciones de servicio dejan de ser rentables y empiezan a cerrar, los concesionarios reducen su tamaño, disminuye el número de talleres especializados, determinadas piezas se vuelven más difíciles de conseguir y los costes asociados al mantenimiento aumentan progresivamente.

A esto hay que sumar otros factores como el incremento de las primas de los seguros para vehículos menos demandados y una depreciación cada vez más acusada en el mercado de segunda mano. El resultado es una situación en la que mantener un coche de combustión deja de ser únicamente una cuestión tecnológica para convertirse también en un problema económico y práctico.

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La historia ofrece numerosos ejemplos similares. Las cámaras fotográficas analógicas, los reproductores DVD o las líneas telefónicas fijas no desaparecieron únicamente porque surgiera una tecnología mejor. También dejaron de ser atractivos porque el ecosistema que los sustentaba fue reduciéndose hasta hacer cada vez más incómodo seguir utilizándolos.

En el sector del automóvil podrían estar produciéndose las primeras señales de ese mismo fenómeno. Fabricantes como Tesla y los grupos chinos están acelerando la expansión de la movilidad eléctrica con una oferta cada vez más amplia y competitiva. Al mismo tiempo, las nuevas generaciones muestran una relación diferente con la propiedad del vehículo.

Cada vez más usuarios priorizan servicios de movilidad bajo demanda frente a la compra de un coche propio. Si esta tendencia continúa creciendo, la renovación de las flotas podría acelerarse todavía más, reduciendo el tiempo necesario para completar la transición.

Por eso, el cambio no dependerá únicamente de que los conductores sustituyan sus antiguos coches de combustión por modelos eléctricos. También influirá el hecho de que una parte creciente de la población deje de considerar imprescindible tener un vehículo en propiedad.

La electrificación del transporte parece seguir un patrón ya visto en otras revoluciones tecnológicas: primero avanza lentamente, casi sin llamar la atención. Después, cuando alcanza una masa crítica suficiente, se acelera de forma repentina. Y los datos de estos diez países sugieren que ese momento podría estar llegando antes de lo que muchos esperaban.

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