
El MG4 se actualiza sin hacer ruido, pero mejora donde más importa
El MG4 se renueva con cambios discretos en diseño pero importantes en el interior y equipamiento; mantiene su enfoque práctico y mejora su propuesta general; todo ello sin perder su principal ventaja: un precio muy competitivo dentro del mercado de coches eléctricos.

El MG4 fue el primer gran golpe de efecto de la marca en Europa. Un modelo que supo aprovechar el tirón inicial de las ayudas a los coches eléctricos, aunque después tuvo que adaptarse a un escenario menos favorable. Ahora, el compacto vuelve con un lavado de cara discreto pero con cambios importantes donde realmente importa, y con una estrategia clara: seguir siendo una de las opciones más atractivas por relación calidad-precio.
A simple vista cuesta diferenciar al nuevo MG4. Los cambios exteriores son mínimos, casi anecdóticos. Pero basta con abrir la puerta para darse cuenta de que hay más trabajo del que parece. Nuevo interior, gama revisada y un posicionamiento más ambicioso que prepara el terreno para el futuro MG4 Urban. Mientras tanto, este modelo “clásico” sigue apostando por precios muy ajustados para mantener su atractivo.
Desde su lanzamiento en 2022, el modelo ha recibido mejoras relevantes. Aunque por fuera apenas se noten, por dentro hay una renovación completa inspirada en el SUV MGS5. También hay novedades en la parte técnica, con una nueva batería de 64 kWh y el regreso de la opción de 77 kWh. Además, desaparece la versión de acceso, lo que eleva el nivel de equipamiento de serie.
Y todo esto sin renunciar a su principal argumento: el precio. En España, la gama arranca en 37.548 euros para el Long Range, sube a 41.048 euros para el Extended Range y alcanza los 42.048 euros en el XPower, sin incluir descuentos promocionales ni ayudas públicas.
Diseño, interior y vida a bordo

En el exterior, el MG4 sigue siendo un compacto de cinco puertas con un diseño bastante equilibrado. Los cambios son sutiles: un paragolpes delantero revisado con entradas activas, nuevas llantas y un alerón trasero rediseñado en una sola pieza. Nada que cambie radicalmente su aspecto, pero suficiente para mantenerlo al día.
Las dimensiones se mantienen intactas, con 4,29 metros de largo, 1,84 metros de ancho y 1,51 metros de alto, junto a una distancia entre ejes de 2,70 metros. Un tamaño muy en línea con sus rivales directos, lo que le permite ofrecer un buen equilibrio entre tamaño exterior y espacio interior.
Dentro es donde encontramos el cambio más evidente. El salpicadero es completamente nuevo, heredado en gran parte del MGS5, con un diseño más limpio y moderno. La calidad percibida mejora, con materiales más agradables y un ensamblaje que transmite mayor solidez. No es premium, pero sí más convincente que antes.
En cuanto a habitabilidad, sigue siendo uno de sus puntos fuertes. Las plazas traseras ofrecen buen espacio para piernas y hombros, algo que no siempre es habitual en coches eléctricos de este tamaño. Además, la postura resulta más natural que en otros modelos, pese a la batería situada bajo el suelo. Incluso la plaza central es utilizable sin demasiados compromisos.
El maletero se mantiene en 350 litros, ampliables hasta 1.165 litros abatiendo los asientos. No destaca frente a rivales, pero cumple correctamente. Incluye un suelo ajustable en dos alturas y respaldos abatibles en formato 60/40.
En tecnología, incorpora un cuadro digital de 7 pulgadas y una pantalla central de 12,8 pulgadas. La calidad de imagen es buena, pero el sistema no es el más rápido del mercado. Requiere algo de adaptación, aunque ahora incluye más funciones conectadas. Se agradece que mantenga botones físicos para funciones clave como el climatizador o el volumen.
Rendimiento, batería y precio: sigue siendo su gran baza

En el apartado técnico hay cambios importantes. La gama abandona la batería más pequeña y se centra en opciones de 64 y 77 kWh. En el caso de la versión de acceso, se monta una batería de 64 kWh, mientras que el XPower mantiene su configuración más prestacional.
El motor también cambia. Pasa de 204 a 190 CV, pero aumenta el par hasta 350 Nm, lo que permite mantener unas prestaciones muy similares. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,1 segundos y alcanza una velocidad máxima de 180 km/h. En la práctica, sigue siendo un coche ágil y más que suficiente para el día a día.
En carretera, mantiene un comportamiento equilibrado gracias a su configuración de tracción trasera y suspensión trasera multibrazo. Es fácil de conducir, estable y bastante cómodo, aunque no destaca especialmente en este último apartado frente a algunos rivales europeos. La dirección cumple y el radio de giro es bastante bueno, lo que facilita las maniobras en ciudad.

Las ayudas a la conducción son abundantes, con hasta 16 sistemas incluidos de serie. Eso sí, como suele ocurrir en muchos modelos asiáticos, pueden resultar algo intrusivos. La función MG Pilot permite personalizarlos, lo que mejora la experiencia.
En consumo, durante la prueba se ha movido en torno a 20 kWh/100 km, una cifra razonable. La autonomía, eso sí, baja respecto a la anterior versión equivalente, situándose en unos 405 km. No es la mejor de su categoría, pero sigue siendo suficiente para un uso mixto.
Donde sí mejora es en la carga rápida, alcanzando hasta 154 kW, lo que permite pasar del 10% al 80% en unos 25 minutos en condiciones ideales. En corriente alterna, mantiene los 11 kW habituales.
Pero si hay algo que sigue marcando la diferencia es el precio. Incluso sin descuentos, el MG4 se posiciona claramente por debajo de sus rivales directos. Y con promociones, la diferencia se amplía aún más. Es, sin rodeos, uno de los coches eléctricos más accesibles del mercado en su segmento.
El resultado final es claro: el MG4 mejora donde tenía margen, especialmente en el interior y equipamiento, sin perder su esencia. Puede que no lidere en todos los apartados, pero su equilibrio general y, sobre todo, su precio, lo convierten en una opción muy difícil de ignorar.


