
Renault prepara un Megane radicalmente diferente: hasta 750 km de autonomía y propulsión trasera
Renault sabe que no puede relajarse y tiene que acelerar para evitar que los chinos barran a los europeos del mercado. Para ello, la marca francesa prepara una transformación profunda de uno de esos modelos escondidos, pero con gran potencial. El Megane. Un SUV compacto, con diseño atractivo y familiar, que prepara una nueva generación que llegará con un diseño diferente y una nueva base tecnológica.

Renault quiere dar un golpe sobre la mesa con su próxima generación de coches eléctricos. El Megane apunta a una transformación profunda, tanto por fuera como por dentro, con una propuesta más ambiciosa para atraer a quienes buscan un coche familiar cómodo para viajar. Un cambio de planteamiento que también debería corregir algunas de las limitaciones del modelo actual, cuya mezcla de compacto y crossover no ha terminado de conquistar al público como esperaba la marca.
La base de este proyecto será la plataforma RG EV Medium 2.0, cuyo primer modelo está previsto para 2028. Renault ya ha confirmado su utilización en los futuros Scenic y Rafale, mientras estudia cómo encajar al próximo Megane en esta nueva familia. Conviene hacer esta distinción: conocemos los objetivos de la arquitectura, pero todavía no una ficha técnica definitiva del compacto ni su fecha concreta de lanzamiento.
Esta plataforma permitirá desarrollar coches de entre 4,30 y 4,80 metros, con una distancia entre ejes de 2,85 metros. Unas proporciones que abren la puerta a un Megane más espacioso que el actual, de 4,20 metros, y con mayor libertad para definir su carrocería. La intención es combinar una batalla larga, voladizos cortos y ruedas grandes, sin recurrir necesariamente a la altura de un SUV convencional.
El responsable de diseño del grupo, Laurens van den Acker, apunta precisamente hacia ese término medio: coches que no sean tan altos como un SUV ni tan bajos como una berlina. Para el Megane supondría replantear su silueta, con una carrocería donde la aerodinámica tendrá mucho peso. Las recreaciones publicadas por Auto Express exploran esa dirección, aunque no muestran el diseño definitivo de Renault.
Tampoco debemos esperar otro ejercicio de nostalgia como los Renault 4, 5 o Twingo. En los segmentos superiores, la marca quiere superficies más limpias, menos adornos y un aspecto que envejezca mejor. El prototipo E-Space anticipa parte de esa filosofía, con un diseño más sobrio que deberá mantener cierta personalidad sin apoyarse en líneas y pliegues por todas partes.
Dentro, ese mismo prototipo sirve como referencia para una pantalla panorámica situada cerca de la base del parabrisas. La idea es colocar la información principal en una posición que reduzca el esfuerzo visual del conductor, mientras una segunda pantalla central concentraría los controles. Renault también quiere dar más protagonismo a las órdenes de voz, aunque todavía queda por conocer cómo trasladará este planteamiento al coche de producción.
Propulsión trasera, batería LFP y más eficiencia para viajar

Uno de los cambios más interesantes estará bajo la carrocería: la nueva arquitectura apostará por la propulsión trasera. La configuración de un solo motor anunciada para esta base ofrecerá unos 279 CV y 350 Nm, y también habrá versiones con tracción total. Son especificaciones del proyecto de plataforma, por lo que habrá que esperar para conocer qué combinaciones recibirá finalmente el Megane.
Philippe Brunet, responsable tecnológico de Renault, reconoce que ajustar el comportamiento de los actuales Megane y Scenic con tracción delantera resultó complicado. Trasladar la propulsión al eje posterior facilitará gestionar el aumento de potencia y permitirá reorganizar algunos componentes. Entre otras cosas, la electrónica de potencia podrá instalarse bajo los asientos traseros, reduciendo cableado y costes.
La batería base será la actual LFP de 67 kWh, que le otorgan 500 km de autonomía homologada.
Pero la gran apuesta, en cualquier caso, será una batería LFP de unos 90 kWh para alcanzar alrededor de 750 km de autonomía WLTP, con un peso total que no supere las dos toneladas. Ese es el objetivo de desarrollo descrito por Brunet para un coche del segmento C. No se trata todavía de una autonomía homologada del futuro Megane, pero sí de una declaración bastante clara sobre el salto que persigue Renault.

Para conseguirlo, la batería se integrará estructuralmente en la carrocería mediante una solución conocida como cell-to-body, formando parte del suelo. La marca pretende aprovechar mejor el espacio y contener el peso, en lugar de resolver la autonomía instalando una batería cada vez mayor. Sobre el papel, combinar esta integración con una química más económica resulta especialmente interesante para un fabricante que necesita mantener precios al alcance de un público amplio.
A todo ello se sumará una nueva arquitectura electrónica, con el software como parte central del funcionamiento del coche. Renault pretende compartir esta inversión entre varios modelos y preparar la base para tecnologías como la dirección sin conexión mecánica, además de tecnologías como la conducción autónoma de Nivel 3.
En cuanto a la recarga, Renault apostará por fin por los 800V en su próxima generación, lo que permitirá al Megane acceder a potencias elevadas y cortos periodos de tiempo de carga. Algo que es uno de los principales puntos a mejorar de la actual generación.
Y queda el precio, probablemente la cuestión más importante para el comprador español. Tomando como referencia los 37.900 euros que señalas para el Megane actual de 500 km, la siguiente generación debería aspirar a ser más barata. La competencia aprieta y Renault tendrá que convertir la reducción de costes de la plataforma y de las baterías en una ventaja visible para el cliente.
Como estimación editorial, un precio de entrada entre 33.000 y 35.000 euros, antes de ayudas, sería un objetivo atractivo para España. No es una tarifa anunciada ni implica que la versión de mayor autonomía pudiera costar eso. Pero sí una orientación de lo que debería buscar Renault: mejorar espacio, eficiencia y capacidad para viajar, al tiempo que reduce la barrera de entrada. Si toda esa tecnología acaba encareciendo de nuevo el Megane, será mucho más difícil que el cambio se traduzca en ventas.



