
¿Un impuesto por km recorrido a los coches eléctricos? Los dispositivos de trucaje son un obstáculo
Algunos gobiernos han tenido la ocurrencia de pensar en un impuesto por km recorrido a los coches eléctricos como futura medida para compensar la pérdida de impuestos de los carburantes. Pero este sistema se enfrenta a retos actuales como la tecnología que permite modificar el kilometraje de los coches y que se usa para estafar a los compradores de modelos de segunda mano desde hace décadas.

El plan del Gobierno británico para cobrar por kilómetro recorrido a los coches eléctricos y a los híbridos enchufables podría encontrarse con un problema antes incluso de su puesta en marcha. Una investigación ha puesto el foco en unos pequeños dispositivos relacionados con el “afeitado de kilómetros”, capaces de congelar el cuentakilómetros de un vehículo y que, según diversas fuentes, ya se venden con bastante facilidad.
La idea del Ejecutivo es poner en marcha este nuevo sistema fiscal en abril de 2028. El objetivo es compensar la pérdida de ingresos procedentes de los impuestos sobre el combustible. Sin embargo, la aparición y popularización de estos aparatos podría complicar seriamente su funcionamiento.
Un pequeño dispositivo que puede permitir el “afeitado de kilómetros”

El sistema, denominado oficialmente eVED, plantea que los conductores paguen una cantidad por cada kilómetro recorrido. Según el plan inicial, los propietarios de un coche eléctrico tendrían que abonar unos 0,05 euros por kilómetro, mientras que los híbridos enchufables pagarían aproximadamente 0,025 euros por kilómetro. Traducido, esto supondrá una factura anual de 750 euros para los propietarios de coches eléctricos, y 350 euros para los de híbridos enchufables.
Sobre el papel parece sencillo, pero el problema surge con los dispositivos que permiten el llamado “afeitado de kilómetros”, una práctica conocida en el mercado de ocasión que consiste en reducir o congelar el kilometraje real de un coche.
Estos sistemas, que se pueden comprar por entre unos 230 y 1.030 euros, se conectan al sistema electrónico del coche y evitan que el vehículo registre los kilómetros recorridos en su ordenador de a bordo. En la práctica, funcionan como un dispositivo para trucar el kilometraje, evitando que el contador siga sumando distancia.
Aunque su venta no es ilegal, sí lo es circular por carretera con un coche que lleve instalado uno de estos sistemas. En teoría, estos aparatos se comercializan para usos muy concretos, como pruebas de laboratorio o desarrollo de vehículos fuera de vías públicas. Pero en la práctica su utilización parece ir mucho más allá.

Según la investigación realizada, cada semana cientos de particulares y empresas compran e instalan estos dispositivos. El objetivo habitual es reducir el kilometraje registrado para evitar penalizaciones al devolver un coche financiado mediante contratos de tipo PCP o al finalizar un leasing.
Hasta hace poco estos sistemas estaban más asociados a coches con motor de combustión, pero cada vez aparecen versiones compatibles con modelos eléctricos e híbridos. Entre los modelos mencionados por los propios vendedores figura el Volkswagen ID.3, uno de los coches eléctricos más populares del mercado europeo.
Los proveedores aseguran que el dispositivo se instala en el ordenador del vehículo y evita que el sistema registre la distancia recorrida en las distintas unidades electrónicas del coche. Incluso, en algunos casos, puede impedir que esa información se almacene en la llave de contacto. También afirman que su instalación es relativamente sencilla y que resulta difícil detectarlos posteriormente.
Esta última cuestión genera una preocupación adicional. Si un coche ha circulado con un dispositivo para trucar el kilometraje, su contador podría mostrar una cifra muy inferior a la real. Eso significa que cada vez más coches podrían llegar al mercado de segunda mano con el kilometraje manipulado, incluso sin que el propietario actual lo sepa.
Durante la investigación, un periodista se hizo pasar por cliente y contactó con uno de los principales proveedores de estos sistemas relacionados con el “afeitado de kilómetros”. El supuesto comprador explicó que tenía un Volkswagen ID.3 matriculado en 2022 y que estaba interesado en instalar un sistema de este tipo.
El vendedor aseguró que su empresa podía suministrar un dispositivo fiable para ese modelo y añadió un dato llamativo: cada mes venden unos 500 dispositivos a clientes particulares y entre 250 y 300 a empresas del sector. Además, afirmó que continuamente aparecen nuevos sistemas compatibles con más vehículos.
Según este comercial, el proveedor con el que trabajan en Alemania ha conseguido recientemente desarrollar un sistema para el Volkswagen Passat posterior a 2024 y espera extender esa compatibilidad al resto de modelos recientes de Volkswagen en los próximos meses. También afirmó que están terminando dispositivos para marcas como Omoda, Jaecoo y Chery, lo que muestra hasta qué punto el fenómeno se está extendiendo.
Un riesgo creciente para el mercado de segunda mano

La legislación actual no menciona específicamente estos sistemas, pero sí deja claro que vender un coche con el cuentakilómetros manipulado sin informar al comprador es ilegal. En otras palabras, el problema no es tanto la existencia del aparato como el uso fraudulento que se haga de él.
El proveedor consultado insiste en que estos aparatos son una herramienta legítima para tareas de investigación y desarrollo. Al mismo tiempo, reconoce que su popularidad está creciendo porque pueden ayudar a los conductores a evitar sanciones económicas o primas de seguro más altas, y porque cada vez más personas buscan reducir el coste de su movilidad.
Desde el grupo Volkswagen también han respondido a esta cuestión. Un portavoz explicó que estos dispositivos se pueden encontrar en internet para la mayoría de marcas, pero recordó que su uso en carretera es ilegal. Además, advirtió de que cualquier persona que instale un dispositivo para trucar el kilometraje se expone a problemas legales si vende posteriormente el coche sin informar de la manipulación del cuentakilómetros.
En caso de que los técnicos de la marca detecten uno de estos sistemas durante una inspección, aseguran que avisarán al propietario del vehículo de su presencia.
El problema preocupa especialmente a las empresas especializadas en análisis de datos de vehículos. Para los expertos, la manipulación del kilometraje casi siempre tiene un objetivo económico: evitar penalizaciones en contratos de financiación, reducir costes de mantenimiento o aumentar el valor de reventa de un coche.
Para algunos usuarios, la posibilidad de reducir esa factura mediante el “afeitado de kilómetros” podría resultar difícil de resistir. Y si eso ocurre, el número de coches con kilometraje alterado en el mercado de segunda mano podría aumentar de forma significativa.
Ante esta situación, el Ministerio de Hacienda británico ha señalado que está estudiando medidas para evitar posibles fraudes relacionados con el nuevo sistema. Entre las opciones sobre la mesa figuran cambios legales, soluciones técnicas y una mayor colaboración con fabricantes, compañías de leasing y aseguradoras.
La intención es reforzar los controles y minimizar el trucaje de los kilómetros antes de que el sistema entre en vigor. Porque si algo está claro es que, cuando el pago por kilómetro llegue en 2028, el reto no será solo cobrar el impuesto, sino garantizar que los datos de kilometraje sean realmente fiables.


