
Ni con rebajas fiscales: el coche eléctrico sigue siendo tres veces más barato que el diésel
La guerra en Oriente Medio vuelve a poner de actualidad la peligrosa dependencia energética de Europa con unos combustibles cuyos precios no hacen más que subir ante cualquier inestabilidad geopolítica. Ahora, el gobierno ha rebajado los impuestos al diésel y la gasolina de una forma mucho más rápida de lo que se ponen en marcha los programas de ayudas a los coches eléctricos, pero incluso con estos subsidios, el coste por kilómetro del coche eléctrico sigue siendo mucho más estable, y más bajo.

Gasolinas a 1,58 euros, diésel a 1,77 euros… son la sorpresa que muchos se han llevado este pasado domingo cuando entró en vigor la rápida reacción del gobierno de España para reducir los impuestos a los carburantes. El problema es que incluso con estas "ayudas" hay una cifra que empieza a desmontar todo el relato: el coste real de moverse en un coche eléctrico cargado en casa sigue siendo imposible de alcanzar para los de combustión.
Porque mientras asistimos sorprendidos a la agilidad con la que el Gobierno ha bajado los impuestos al combustible, que choca con la lentitud para arrancar el programa de ayudas a coche eléctricos, hay una realidad que cada vez pesa más: la electricidad en casa sigue siendo mucho más barata y estable. Y eso cambia por completo el tablero, hasta el punto de obligarnos a hacernos una pregunta incómoda: ¿a qué precio tendría que estar el diésel para igualar el coste de un coche eléctrico?
El precio del diésel frente al coche eléctrico: las cuentas no engañan

Vamos a lo importante, sin rodeos. Si tomamos un precio medio de la electricidad en el hogar de 0,15 euros/kWh y un consumo bastante realista de 16 kWh cada 100 km, el resultado es claro: recorrer esa distancia con un coche eléctrico nos sale por unos 2,4 euros. Eso sin contar con tarifas especiales o nocturnas, que pueden ofrecer costes más bajos durante determinados periodos de tiempo.
Ahora pongamos al diésel en el mismo escenario. Un coche moderno con un consumo contenido de 5 litros cada 100 km, y con el precio actual subvencionado de 1,77 euros/litro, se va directamente a 8,85 euros cada 100 km. Es decir, más de tres veces lo que cuesta moverse en un eléctrico.
Pero lo interesante no es eso. Lo realmente llamativo es hacer el cálculo inverso: si queremos que un coche diésel iguale esos 2,4 euros cada 100 km, el litro de gasóleo tendría que costar aproximadamente 0,48 euros. Sí, has leído bien. Menos de medio euro el litro.

Esto no es una estimación optimista ni una hipótesis rara. Es pura matemática. Y deja en evidencia que incluso con rebajas fiscales como la reciente reducción del IVA del 21% al 10%, que ha dejado el diésel en esos 1,77 euros actuales, la diferencia sigue siendo abismal.
El problema es que esas rebajas tienen fecha de caducidad. La historia reciente nos dice que, tarde o temprano, los carburantes vuelven a subir. Y cada céntimo que aumenta el litro de diésel amplía aún más la ventaja del coche eléctrico.
Mientras tanto, la electricidad doméstica se mantiene relativamente estable, sobre todo si hablamos de tarifas con discriminación horaria o incluso instalaciones de autoconsumo. Es decir, el margen de mejora sigue estando del lado eléctrico.
La conclusión es sencilla: para que el diésel compita de verdad con el coche eléctrico en coste por kilómetro, tendría que bajar a niveles completamente irreales en el contexto actual. Y todo apunta a que, en lugar de bajar, la tendencia a medio y largo plazo será justo la contraria con ascensos de los carburantes, y una electricidad cada vez más renovable y barata.
La otra conclusión es que en vez de programas de ayudas complejos y muy farragosos en su aplicación, como en nuevo Plan Auto+, que lleva tres o cuatro meses de gestión, el gobierno debería copiar el formato del norte de Europa y aplicar rebajas de impuestos a los coches eléctricos. Un sistema mucho más eficiente y efectivo, y que, como vemos en el caso de los combustibles, parece que no hay problemas para aplicarse.


