
¿Esperar hasta el final de su vida? Un estudio revela cuándo compensa cambiar un coche con motor de combustión por uno eléctrico
Seguramente tu cuñado preferido te habrá dicho que cambiar un coche con motor de combustión no merece la pena desde el punto de vista de las emisiones. Que fabricar las baterías contamina mucho..etc. Pero los estudios vienen de nuevo a quitar la razón a estos "visionarios" con datos reales que nos muestra que incluso siendo nuevos, compensa cambiarlos por un eléctrico.

Un estudio publicado en la revista Science pone sobre la mesa una conclusión que puede resultar incómoda para quienes defienden que lo mejor para el medio ambiente es mantener un coche de combustión hasta el final de su vida útil: desde el punto de vista de las emisiones, sustituirlo por un coche eléctrico puede ser beneficioso mucho antes de lo que se pensaba, incluso cuando el coche de combustión todavía funciona perfectamente.
La investigación analiza el impacto climático de retirar antes de tiempo coches con motor de combustión y sustituirlos por modelos eléctricos. El objetivo era responder a una pregunta que lleva años generando debate: ¿es realmente mejor mantener en circulación un coche que ya está fabricado para evitar las emisiones asociadas a producir otro, o compensa retirarlo y pasar a un coche eléctrico?
La respuesta del estudio es bastante clara. En la mayoría de los escenarios analizados, retirar un coche de combustión y sustituirlo por uno eléctrico reduce las emisiones acumuladas, y cuanto antes se produce el cambio, mayor puede ser el beneficio climático. Esto incluye incluso algunos casos en los que el coche de combustión es prácticamente nuevo.
La clave está en que fabricar un coche eléctrico genera inicialmente más emisiones que fabricar un coche convencional, principalmente por la producción de su batería. Pero una vez que empieza a circular, sus emisiones asociadas al uso son mucho menores. Con el paso de los kilómetros, esa diferencia termina compensando la denominada deuda de carbono generada durante su fabricación.
Cambiar antes puede reducir más emisiones

Los investigadores utilizaron diferentes escenarios para comparar qué ocurre cuando un coche de combustión continúa circulando durante toda su vida útil frente a la posibilidad de retirarlo y sustituirlo por un coche eléctrico. En uno de los ejemplos principales analizaron un SUV representativo del mercado estadounidense, utilizando la combinación media de producción y la red eléctrica media del país.
En el escenario de referencia, el coche de combustión permanece en circulación durante sus 16 años de vida útil. En otros dos escenarios se retira en el año 11 y en el año 2, respectivamente, para ser sustituido por un coche eléctrico. En ambos casos aparece inicialmente un incremento de emisiones debido a la fabricación del nuevo modelo, pero esa diferencia se va compensando gracias a las menores emisiones durante su utilización.
El resultado más llamativo llega con la sustitución en el segundo año. El estudio calcula una reducción acumulada de emisiones del 44%, con un periodo de compensación de aproximadamente tres años. Es decir, después de ese tiempo, el ahorro de emisiones generado por utilizar el coche eléctrico supera las emisiones adicionales provocadas por su fabricación.

Esto cambia bastante el planteamiento habitual sobre la vida útil de un coche. Tradicionalmente se ha considerado que mantener durante muchos años un vehículo ya fabricado puede ser una buena estrategia ambiental porque evita fabricar otro. Sin embargo, esa lógica cambia cuando el sustituto utiliza una tecnología con unas emisiones de uso considerablemente inferiores.
Y aquí está precisamente una de las diferencias respecto a estudios anteriores. Investigaciones realizadas cuando el sustituto era otro coche de combustión más eficiente concluían que tenía poco sentido retirar prematuramente un vehículo funcional. En algunos análisis se estimaba que había que utilizarlo durante unos 18 años antes de sustituirlo por otro modelo de combustión para conseguir una ventaja en emisiones.
El salto de eficiencia entre un coche de combustión y uno eléctrico es mucho mayor que el existente entre dos coches con motor térmico. Por eso, las conclusiones anteriores no pueden trasladarse directamente al cambio hacia la electrificación.
Los autores recuerdan además que, en redes eléctricas con bajas emisiones, un coche eléctrico puede generar a lo largo de su ciclo de vida alrededor de un tercio de los gases de efecto invernadero asociados a un coche de combustión. Incluso en regiones donde la electricidad tiene una elevada presencia de carbón, los resultados pueden seguir siendo favorables frente a los modelos de combustión más eficientes.

Eso sí, el estudio no dice que retirar cualquier coche de combustión mañana sea automáticamente la mejor decisión económica. De hecho, los propios investigadores reconocen que retirar un coche funcional antes de tiempo puede ser económicamente difícil de justificar. Su análisis se centra en las emisiones y no en el coste que supone para el propietario comprar un vehículo nuevo.
También hay diferencias importantes dependiendo del tipo de coche y de las condiciones en las que se utiliza. En el análisis general, el beneficio de retirar un vehículo de combustión para sustituirlo por uno eléctrico llegó a variar desde una reducción del 82% de las emisiones hasta un incremento del 77% en los escenarios extremos.
Aun así, el 92% de los escenarios analizados terminó con una reducción neta de emisiones. Utilizando los valores medios de eficiencia de la flota estadounidense, los investigadores calcularon un beneficio del 58% para la retirada anticipada.
La eficiencia del coche de combustión que se sustituye tiene una importancia enorme. Cuanto más consume el modelo antiguo, más rápido se acumulan las ventajas del coche eléctrico. Por el contrario, sustituir un vehículo especialmente eficiente reduce el margen de mejora.

El estudio pone como referencia algunos modelos especialmente eficientes, como el Toyota Prius y el Tesla Model 3. En estos casos, el beneficio de retirar anticipadamente el coche de combustión es menor precisamente porque la diferencia de consumo respecto al coche eléctrico también se reduce.
La producción de la batería también tiene influencia, aunque los investigadores encontraron que su efecto sobre el resultado final es menor que el de la eficiencia durante el uso. Al analizar diferentes niveles de emisiones asociados a la fabricación de las baterías, el beneficio neto llegó a variar un 13%.
La procedencia de la electricidad utilizada para cargar el coche también resulta determinante. Los resultados pueden dejar de ser favorables en determinadas condiciones extremas, especialmente cuando el coche eléctrico tiene un consumo superior a 30 kWh/100 km y la electricidad procede de una red con más de 500 kg de emisiones por MWh.
Por eso no existe una cifra universal que permita decir que sustituir un coche de combustión siempre reduce exactamente las mismas emisiones. La eficiencia del vehículo, el tamaño de la batería, la forma de fabricar el coche, la electricidad utilizada para cargarlo y los kilómetros recorridos cambian el resultado.

Precisamente los kilómetros anuales son otro de los puntos interesantes del estudio. Los investigadores calcularon el kilometraje mínimo necesario para que el ahorro durante el uso compense las emisiones adicionales de fabricar el coche eléctrico.
Ese punto de equilibrio se sitúa en unos 7.054 kilómetros anuales para los coches, 6.837 kilómetros para los SUV y 10.794 kilómetros para las camionetas. Son cifras relativamente bajas frente a los aproximadamente 20.000 kilómetros anuales utilizados como referencia para buena parte de la flota estadounidense.
En otras palabras, incluso un coche que recorre bastante menos kilómetros de lo habitual puede terminar ofreciendo un beneficio climático si se sustituye por uno eléctrico. Esto resulta especialmente interesante para desmontar la idea de que la electrificación solo tiene sentido en vehículos que recorren grandes distancias.
Hay, además, una cuestión importante cuando el coche de combustión no se destruye, sino que se vende a otra persona. El estudio analiza también este escenario porque sustituir un coche antiguo por uno eléctrico no significa necesariamente que el modelo de combustión desaparezca de las carreteras.
Si el propietario vende su coche, este puede continuar circulando durante años. Además, una mayor oferta de coches usados baratos podría provocar que algunas personas que utilizaban transporte público pasasen a utilizar un vehículo privado. Los investigadores calculan que este efecto podría llegar a reducir parte de los beneficios ambientales de la electrificación.

Por este motivo, el escenario que ofrece mayores beneficios climáticos es retirar definitivamente los coches de combustión, en lugar de limitarse a trasladarlos de un propietario a otro.
El estudio tiene una limitación importante: sus cálculos están basados en datos y condiciones de Estados Unidos. La mezcla eléctrica, los vehículos vendidos, los kilómetros recorridos y las emisiones asociadas a la fabricación no son idénticos a los de Europa o España. Por tanto, sus porcentajes no deben trasladarse directamente a nuestro mercado.
Sin embargo, la conclusión de fondo sí resulta interesante. La investigación apunta a que la fabricación de un coche eléctrico y de su batería genera una deuda inicial de emisiones, pero esa deuda puede recuperarse rápidamente gracias a la diferencia de eficiencia frente a un coche de combustión.
Además, el resultado podría mejorar con el tiempo. La red eléctrica continúa incorporando generación renovable y la producción de baterías puede reducir su impacto mediante procesos más eficientes, nuevas químicas y un mayor uso del reciclaje.
Precisamente el reciclaje de baterías no se incluyó de forma completa en el análisis porque el parque mundial de coches eléctricos todavía es relativamente joven. Los investigadores consideran que una industria de reciclaje más desarrollada podría aumentar todavía más el ahorro de emisiones, ya que recuperar materiales requiere menos energía que extraer y procesar nuevas materias primas.
Hay una última conclusión que probablemente sea la más relevante. Desde el punto de vista estrictamente de las emisiones, esperar a que un coche de combustión llegue al final de su vida útil no siempre es la mejor estrategia. En buena parte de los escenarios estudiados, cuanto antes se sustituye por un coche eléctrico, antes comienzan a acumularse las ventajas en emisiones.
Eso no significa que haya que mandar al desguace todos los coches de combustión que todavía funcionan. El coste económico, la reutilización del vehículo, el kilometraje anual y la disponibilidad de alternativas siguen siendo factores fundamentales. Pero sí cuestiona la idea de que mantener siempre un coche de combustión hasta que quede completamente agotado sea necesariamente la opción más respetuosa con el medio ambiente.
Puntos clave
- Sustituir un coche de combustión por uno eléctrico puede reducir las emisiones incluso antes de que el primero llegue al final de su vida útil.
- En el escenario principal del estudio, retirar el coche en el segundo año permitió reducir un 44% las emisiones acumuladas.
- El periodo de compensación de las emisiones generadas durante la fabricación del coche eléctrico fue de unos tres años en ese escenario.
- El 92% de los escenarios analizados obtuvo una reducción neta de emisiones.
- El kilometraje anual necesario para compensar la fabricación del coche eléctrico fue relativamente bajo: 7.054 kilómetros en coches, 6.837 en SUV y 10.794 en camionetas.
- La eficiencia del vehículo sustituido, el tamaño de la batería y, sobre todo, las emisiones de la electricidad utilizada para cargarlo pueden cambiar el resultado.
- Vender el coche de combustión en lugar de retirarlo puede reducir parte del beneficio si provoca que otra persona sustituya el transporte público por el vehículo privado.
- Los resultados corresponden a Estados Unidos, por lo que no deben trasladarse directamente a España.
- El reciclaje de baterías y una red eléctrica cada vez más renovable podrían aumentar el beneficio climático de los coches eléctricos en el futuro.


