
Europa apostó por la tecnología de baterías equivocada y ahora paga las consecuencias: “No podemos hacerlo sin China”
La desventaja tecnológica de Europa respecto a China es enorme en el campo de la producción de baterías para coches eléctricos. Estas declaraciones de un analista experto en la materia son perfectas para entender el problema.

Europa se enfrenta a un auténtico dilema. A varios, en realidad, pero aquí nos referimos a lo que respecta a la industria de las baterías para coches eléctricos. Hemos hablado muchas veces de los esfuerzos de la UE para establecer su propias bases para recortar distancias y no depender tanto de China, líder absoluto en la producción de estas baterías.
Sin embargo, seguimos hablando de la enorme ventaja que hay entre Occidente y el gigante asiático. Sabemos que la brecha no se va reducir en cuestión de días o años, sino que es una carrera de fondo. Incluso más: quizás Europa deba hincar la rodilla y reconocer que China tiene la ventaja tecnológica y que no puede prescindir de ellos.
Es lo que piensa Daniel Jiménez Schuster, un analista y trabajador que lleva más de 20 años trabajando en la industria global del litio. Según él, el problema fundamental al que se enfrenta Europa no es tanto el acceso al litio, el cual tiene garantizado sobre todo porque no depende directamente de China: está realmente por la falta de una base de industria para la fabricación de celdas de batería.
Este concepto es el fundamental en todo el asunto. La celda de la batería es la unidad electroquímica fundamental y más pequeña que se encarga de almacenar y liberar energía en el interior de una batería. Esta transforma energía química en electricidad mediante el “trío mágico”: el ánodo, el cátodo y el electrolito, además de un separador. Según nuestro analista protagonista, «Europa actualmente no puede producir celdas de batería de forma eficiente y competitiva».

Un problema más allá del acceso al litio
«El principal obstáculo no es la materia prima en sí , sino la experiencia y los costes de fabricación de celdas. China ha desarrollado una enorme ventaja en este ámbito a lo largo de los años, gracias a su conocimiento tecnológico, escalabilidad y experiencia. Esta ventaja es ahora tan significativa que a las empresas no chinas, incluidos los proveedores coreanos, les resulta muy difícil ser competitivos. Como consecuencia, la producción de celdas en Europa y Norteamérica es muy limitada. Si la producción de celdas es baja, también lo es la de materiales catódicos. Y si esta es insuficiente, la demanda de productos químicos de litio en estas regiones también es baja», asegura Schuster.
Esto es más importante de lo que parece, ya que Europa no será capaz de desarrollar una cadena de suministro potente desde el punto de vista estratégico si no es capaz de producir estas celdas de forma eficaz y eficiente. «La producción celular desencadena todo lo que sucede antes en la cadena de valor. Mientras no se construya esta base, en mi opinión, no tiene mucho sentido centrarse principalmente en la materia prima».
Y mientras esto sucede, Europa deberá depender sí o sí de China. «No funcionará sin China. Las alianzas con empresas chinas son fundamentales si Occidente quiere aprender y ponerse al día». Aquí entran en juego un par de conceptos de los que nos has leído mucho en los últimos años: NCM y LFP. Mientras que Europa (y Estados Unidos) invirtió fuertemente desde el principio por el desarrollo de celdas basadas en niquel, manganeso y cobalto (NCM), China se centró en las de litio ferrofosfato (LFP) y las mejoró con el paso de los años, recortando las diferencias de rendimiento.
«Esto ejerce además una presión sobre los desarrollos occidentales. Hoy en día, los sistemas de almacenamiento de baterías estacionarias se construyen predominantemente con celdas LFP. Los fabricantes occidentales, que se resistían a hablar de LFP hace tan solo unos años, ahora también recurren a ella. Muchas fábricas de celdas NMC originalmente planificadas en Occidente se están convirtiendo actualmente a LFP. Como resultado, Occidente ha perdido, en la práctica, unos cinco años».

En definitiva, el problema de Europa no es el acceso al litio, gracias a las alianzas políticas y económicas en Occidente con mercados como Australia, Chile o Argentina. No hay riesgo de suministro, por lo que tampoco merece la pena, según el analista, invertir en proyectos de minería aquí: «Europa no cuenta con una ventaja estructural en minería. Los recursos son limitados, de difícil acceso y tienen costes elevados. No tiene mucho sentido invertir fuertemente allí cuando existen regiones que pueden producir de forma más económica y eficiente».
Sin una industria eficiente de celdas sería como chocarse contra una pared, sobre todo cuando vemos que, en 2025, el 92% de la producción mundial de litio se destinaba a China: «Esto significaría que Europa extraería litio, un recurso costoso, lo enviaría a China, donde se procesaría para fabricar celdas de batería que luego se enviarían de vuelta a Europa. Desde una perspectiva económica, esto carece de sentido. Europa no obtendría ventajas en costes ni soberanía industrial».
¿Solución más inmediata? Traer empresas chinas a Occidente para que produzcan celdas aquí, como está ya haciendo CATL en Europa. «Solo si las células se fabrican localmente habrá incentivos para desarrollar industrias de vanguardia. La ventaja de China probablemente sea demasiado grande para superarla por completo. Así como los fabricantes chinos aprendieron de los fabricantes europeos en el pasado, ahora deberíamos aprender de ellos cómo fabricar celdas de batería, cátodos y toda la cadena de valor. Las alianzas serán una de las pocas maneras realistas de sobrevivir en este entorno», remata Daniel Jiménez Schuster.
Fuente | Elektroauto



